La designación de Videgaray es un error estratégico de primer orden

La designación de Luis Videgaray como nuevo titular de la Cancillería es un error de principio, una falta de perspicacia política y un acto de humillación frente al gobierno de Donald Trump.

Alfonso Bulle Goyri* / A los 4 Vientos

Videgaray en la primera rueda de prensa se declara neófito y sostuvo ante los medios de comunicación que viene a “aprender” como si la Secretaría de Relaciones Exteriores fuera una academia o un instituto de investigación donde al término de un tiempo obtendrá un grado que lo capacitará para ejercer la Diplomacia.

Es un error de principio haber nombrado a un novato inexperto que ha mostrado su impericia cuando tuvo la ocurrencia de invitar al candidato republicano Trump, quien precisamente utilizó a México como una plataforma para legitimar su candidatura en el exterior de los Estados Unidos y, al mismo tiempo, en el siguiente acto de campaña en Arizona, le dio una patada en el trasero al presidente Peña Nieto declarando que, sí, en efecto, construirá un muro y que los mexicanos somos basura.

Está claro que para Donald Trump somos violadores, asesinos y drogadictos y que México no es una nación donde haya oportunidades para hacer negocios, sino el nido de la peor escoria del mundo.

Por eso el nombramiento de Videgaray es un error de estrategia incalificable.

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Enrique Peña Nieto, Donald Trump y Luis Videgaray (Foto: Sol de México)

El nuevo secretario viene a aprender a la cancillería, pero ¿qué va a aprender me pregunto? Es claro que Luis Videgaray no viene a educarse para volverse diplomático, el vanidoso doctor en economía viene a ilustrarse para ser pordiosero y pedir limosna a un gobierno que nos trata con la punta del pie. Peña Nieto nombra a Videgaray para que éste aprenda a ir de rodillas a la Oficina Oval, si es que lo recibe Trump, a implorar de hinojos que no abandone a «los mexicanos violadores, asesinos y drogadictos».

¡Esa es la señal que ha enviado Peña Nieto a Donald Trump!

¿Cómo es posible que el Presidente de México sea tan cobarde y tan pusilánime, tan falto de imaginación y tan gallina ante un gobernante que sí, en efecto, es peligroso y brutalmente ignorante, pero al cual se le debe tratar también con la punta del botín?

El gobierno de México no puede andar chillando ante los gruñidos de un león de circo que ya sabemos que sí tiene colmillos y que en unos cuántos días iniciará la construcción del muro fronterizo, echará de sus fronteras a millones de connacionales, renegociará el TLC e intimidará a las grandes compañías norteamericanas para que dejen de invertir en México.

Para Trump somos sabandijas y el peor mal que tiene los Estados Unidos y no cesará de atacarnos por todos los frentes que sean posibles.

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Ford y General Motors ya negociaron su salida de México. La desbandada ya comenzó y Enrique Peña Nieto parece no darse cuenta de la dimensión de la decisión tomada hace dos días por la armadora de Henry Ford.

Los hombres de negocios, los capitanes de la gran industria norteamericana ya no ven a México como destino de oportunidades. Han vuelto la mirada al nacionalismo duro de un presidente que cree que el mundo no lo necesita.

Hoy no es tiempo de tener al frente de la Cancillería a un hombre rastrero como Luis Videgaray que quiere aprender el oficio de príncipe cuando es un pésimo economista y un fatuo y arrogante funcionario que ve a los mexicanos con total desprecio. No es posible que se llame a la primera fila de la diplomacia a un jactancioso hombre que carece de los más elementales principios y que siendo ministro de Finanzas de México hizo negocios con una empresa constructora del Estado de México para obtener una casa de lujo a precio de vivienda popular.

¿En qué piensa Enrique Peña Nieto al nombrar a este engreído que quiere jugar al indigente ante un gobierno cruel y despiadado?

Antes de andarse con aprendices, lo que México necesita es una Cancillería audaz e inteligente, capaz de negociar con altura y buscar nuevos mercados, volver la vista a América Latina, a Europa, visualizar nuevas opciones que le den a México el status que le corresponde en el concierto de las Naciones.

¿No hay en México figuras de estatura que sean capaz de llevar a cabo una labor diplomática de altura?

Suplicar a Trump que no nos abandone es un acto ignominioso que no se merece México. Investir a Luis Videgaray como Secretario de Relaciones Exteriores es un despropósito.

México no puede mostrarse ante el mundo de rodillas cuando —dicho por el propio Presidente Peña Nieto— es una de las economías más importantes del orbe, una nación con un potencial asombroso, con recursos naturales, con gente capaz y con un destino y un futuro digno.

¿No se puede dar cuenta el presidente de México que hay que actuar de inmediato, con energía, con valentía, con dignidad ante los atroces ataques del nuevo líder norteamericano? ¿No ve el presidente que los mexicanos tienen fortaleza suficiente para sobreponerse a las peores adversidades?

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Por todo esto la designación del novicio Luis Videgaray a la Cancillería es un desatino, una falta de destreza política y un acto de afrenta al pueblo mexicano.

ALFONSO BULLE GOYRI*Alfonso Bullé Goyri. Escritor, editor y crítico de arte. Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales