Nosotros crecimos así… ¿Acaso todo está perdido?

Los ‘académicos’ sólo se escuchan entre sí, ahora necesitas pedir permiso hasta para manifestar el nivel más básico de expresión: opinar.

José Luis Treviño Flores /A los 4 Vientos

A algunos no nos importa si lo que decimos está bien o mal, debidamente estructurado o no, con la sintaxis adecuada, los sustantivos o verbos en su justa dimensión y lugar en la prosa.

Escribir no es un privilegio de algunos pocos licenciados para hacerlo; escribir es el privilegio de todos los que nos atrevemos sin esperar los beneplácitos o rupturas de la mordaz crítica. Escribir es la posibilidad de comunicar y si por alguna razón a alguien no le parece, que escriba lo suyo.

Algunos otros, incluido yo, crecimos escribiendo, puntualizando, manifestando.

Aquellos que ostentan poder político y económico se les olvida que aún no ganan la batalla de la ignominiosa tarea de exterminar la voluntad humana, aún vivimos las generaciones que creemos en la posibilidad de transformar, aún el ejército de nuevas generaciones, víctimas de la frívola plataforma de las redes sociales y la aparente inamovible forma de vida superficial y absurda, cuenta con nuestra memoria.

No nos hemos acostumbrado a la aceptación de cada decisión a costa de nuestra vida, no piensen que escribimos como un acto de catarsis, ni siquiera imaginen que van a ganar y terminar por conquistar cada espíritu y flagelarlo con reformas estructurales encaminadas a convertirnos en colonia económica de potencias extranjeras.

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“Patria que hacia la luz reclama”, mural realizado por Carlos Alberto González Palomino en el lobby del edificio del Instituto Nacional de Cultura de Panamá.

Los ciclos se cumplen y se cierran y no podrán vender más la idea de que quienes anhelamos vivir en justicia e igualdad somos románticos soñadores de la imposibilidad.

Hipócritas de toda índole han fraguado la explotación de sus propios hermanos de raza pensando que son intocables. Nos han vendido la globalización como la única respuesta a la integración humana sin fronteras, nos obligan a hacer obsoleta la idea de una patria, un país autónomo y autosustentable, como si dependiéramos de padrinazgos de potencias ‘superiores’ que con su ‘visión’ nos salvarán de la autodestrucción por ser ‘tercermundistas ignorantes’.

No todos hemos asumido la ‘realidad’ que nos ofertan, no todos embonamos en su molde unitalla cruel y devastador. No estamos acondicionados ni transformados, no aceptaremos ninguna imposición o ‘verdad absoluta’.

El mundo está polarizado, las ideologías están devaluadas, los radicales están gobernando y parecen no tener catalizadores.

Es imposible hablar con metáforas o florido lenguaje para señalar la estupidez, tampoco se puede soslayar el mencionar los nombres de quienes nos tienen por los cojones y pretenden continuar en la impunidad.

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«El banquete de los ricos», mural de José Clemente Orozco realizado en el Antiguo Colegio de San Ildefonso de la Ciudad de México.

Todos y cada uno de los que negocian una y otra vez los rumbos de México sin otra intención que ostentar poderes ilimitados para asesinar la esperanza y la posibilidad de transformar. Aquí no hay poder oculto, son visibles, ridículos y maniqueos. Se sirven de, sí, su pueblo, aunque digan que pueblo es sinónimo de lenguaje comunistoide o socialismo recalcitrante, pueblo es pueblo, es la gente, son los millones de niños, niñas, mujeres y hombres que conformamos el país, que sentimos, pensamos, amamos y soñamos con la posibilidad de, sí, ser felices, libres y con la opción de crecer no al margen de quienes piensan son nuestros dueños.

El empuje radical nos arroja a los límites de la resistencia y a cada intento por erradicar el retroceso social, responden con asesinatos y desapariciones, es su única respuesta, no saben más, no conocen ningún otro lenguaje, con ellos no se puede negociar, dialogar o consensuar. Todos los demonios han sido desatados, la caja de pandora está abierta. Ahora sólo nos resta esperar o apegarnos a la humanidad que nos quede y ver a otros a los ojos buscando que no sea una mirada vacía carente de conciencia por el prójimo. Nos han enfrentado los unos contra los otros sabiendo la ganancia que implica odiarnos por la mínima diferencia.

Y cada soñador que surge del caos y emprende una marcha romántica emancipadora, es perseguido y aplastado sin misericordia, vilipendiado, desprestigiado cual ente viral, peligroso y absurdo.

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José Clemente Orozco, “Dioses del mundo moderno” (1932-1934). Dartmouth College

Seguimos aquí, no nos hemos ido, rechazamos toda discriminación, el absoluto poder y combatiremos letra con letra, nuestra única arma.

Quizás lo que escribimos no llegue rápido, quizás como dije en alguna ocasión, se diluya en las redes, sólo no debemos dejar de escribir, informar, denunciar.

A los cuatro vientos habrá que pronunciar palabras que nos han querido vender como obsoletas, palabras que pueden forjar acciones integradoras, palabras que nos acompañan desde que la humanidad existe, palabras simples que las instituciones anquilosadas se han apropiado como si fuesen trámite burocrático, palabras que nos pertenecen porque nos definen: justicia, democracia, igualdad, equidad, inclusión, diversidad, género, revolución, libertad.

No somos radicales, no somos peligrosos, somos simple y llanamente escritores, nos apropiamos del abecedario y le damos sentido, forma… Son las letras de siempre, las que nos enseñaron a usar, a las que temen tanto los neoliberales.

Gritar no es suficiente, habrá que invadir las redes de palabras liberadoras hasta que cedan. A los que nos leen, gracias, a los que nos editan con paciencia y pertinencia, gracias.

El año termina y no se dijo todo, muchas palabras quedan en el armario, saldrán en su momento.

Desde acá, desde éste rincón de nuestro dolido México, un abrazo sincero y un agradecimiento profundo por prestar espacio a quienes escribimos.

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«La gran legislación revolucionaria mexicana y la abolición de la esclavitud», José Clemente Orozco (Guadalajara, Jalisco)

No puedo despedirme sin mencionar una frase de Alejandro Jodorowsky, que repito siempre como un mantra social que me obliga a permanecer y creer: “No queremos llegar a sus conciencias, porque ya las perdieron, queremos llegar a sus almas, antes de que las pierdan”

Portada: «La Marcha de la Humanidad», escultura-pintura del muralista David Alfaro Siqueiros, en el Poliforum Siqueiros de la Ciudad de México. Es una gran metáfora sobre las luchas del hombre y la mujer a través de la historia; la búsqueda de una mejor sociedad para todos.

José Luis Treviño Flores1*José Luis Treviño Flores, Coordinador Académico en el subsistema de secundarias técnicas. Escritor, dramaturgo.