PSICOPOLÍTICA: Filosofar la liberación (+ VIDEO)

Llámase Estado al más frío de todos los monstruos fríos. Y miente fríamente, siendo su mentira ésta: ‘Yo, el Estado, soy el pueblo’.

¡Mentira! Hombres creadores crearon los pueblos y suspendieron sobre ellos una fe y un amor; así sirvieron a la vida.

(Nietzsche, Así hablaba Zaratustra).

En las preparatorias y universidades la enseñanza de la filosofía se limita a una historia en bloques de un grupo de filósofos, a una crónica abstracta y descolorida, no de la filosofía mundial, sino de una pequeña porción del mundo llamada Europa.

Guennadi Búrquez Urías* / A los 4 Vientos

Esta enseñanza, enseñanza de pasadita, «bancaria» (Paulo Freire), «ahí pa’ no dejar» y de relleno, convierte a la filosofía en una materia sobrante, jamás tan importante como matemáticas o física.

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Paulo Freire (imagen publicada en el Blog Otra Educación)

Los profesores muestran una historia de la filosofía desabrida. ¿Qué les queda a los alumnos? Un irónico «yo sólo sé que no sé nada» apto para toda ocasión.

Nos hemos perdido de vivir la filosofía. Nos hemos olvidado, o quizás nunca lo hemos sabido, que todos los filósofos del mundo (y no sólo de Europa) estaban intensamente vivos, inmersos profundamente en problemas vitales, sumergidos en cuestiones de vida o muerte.

Véase la vida de Sócrates, de Platón, de Diógenes el Perro, de Buda o Confucio: hombres dedicados a resolver cuestiones de inmensa importancia, problemas vividos en la carne y en la sangre.

Cada idea que brota de la historia de la filosofía es una vivencia (erlebniz). Que no lo podamos comprender se debe a que de ordinario vivimos en niveles energéticos que rayan en cero. Que no lo podamos concebir se debe a que nunca nos hemos formulado preguntas desde la angustia, desde la muerte o desde la tristeza profunda… o, por qué no, también desde los más simples éxtasis: el olor de la persona amada o el fin de un día pleno.

La filosofía ha demostrado no ser apta para zombis ni para burócratas, es por eso que históricamente ha tenido que librar batallas contra la religión (teocracias parasitarias), contra la política (burocracias parasitarias) o contra la ciencia, o incluso contra la misma filosofía cuando se ha anquilosado (academiocracias parasitarias) (1).

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Enrique Dussel Ambrosini, es un académico, filósofo, historiador y teólogo argentino, naturalizado mexicano. Reconocido internacionalmente por su trabajo en el campo de la Ética, la Filosofía Política, la Filosofía latinoamericana; es uno de los fundadores de la Filosofía de la liberación y la Teología de la liberación.

El máximo peligro en filosofía es el fetichismo, tal y como lo describe Enrique Dussel: «Llamamos fetichismo al proceso por el que una totalidad se absolutiza, se cierra, se diviniza… El fetichismo es la muerte de la totalidad, del sistema, del discurso» (2).

El fetichismo es el pensamiento hecho piedra, la idea inmóvil; fetichismo es la imposibilidad de concebir un proyecto filosófico o una manera de pensar nueva, amplia, no servil. Sobre todo, fetichismo es el obstáculo principal para cuestionar las condiciones económicas, de opresión o intelectuales en las que vivimos y morimos.

En contraste, antifetichismo es, también según Dussel: «… la destotalización que la liberación produce en todo sistema fosilizado. El ateísmo del sistema vigente es la condición de la praxis innovadora, procreadora, liberadora» (3).

Parmenides
Parménides fue un filósofo griego (nació entre el 530 a. C. y el 515 a. C). en la ciudad de Elea, colonia griega del sur de Magna Grecia.

En su poema chamánico, Parménides escribe que la Diosa lo exhorta a elegir dos caminos de búsqueda de la verdad. Parménides, a quien Platón llamó «el padre de la filosofía», inaugura aquí toda filosofía futura: en la actitud indagante, en el espíritu de búsqueda, en el ánimo de cuestionar lúcidamente, nace esa actividad milenaria llamada filosofar.

Zétesis es el término griego para decir «indagación» o «búsqueda» y Kant en la Crítica de la razón pura «pide que la enseñanza filosófica sea zetética, es decir indagante, y aclara que esto significa que la enseñanza no debe ser dogmática, es decir, decidida» (4).

Esto es, la filosofía es un fuego interior, la filosofía es insuflar actividad, movimiento (spiritus), donde las ideologías se han fosilizado o vuelto dogmáticas. Cuando el pensamiento y la palabra son empequeñecidos por los clichés y las idiotologías de superación personal, la filosofía cumple un papel catártico, depurativo, es una limpieza de la percepción.

En un primer momento, la filosofía no es edificante: al contrario, es una fuerza destructiva, una potencia crítica.

El filosofar inicia ahí donde uno se encuentra en este momento: dentro de determinadas y determinantes condiciones económicas, políticas, sociales e intelecto-emocionales. Inicia como un «darse cuenta», un «percatarse», se abre con un hilillo de conciencia. Conciencia de lo inquietante y preocupante (epimeleia) (5) que es la vida, el entorno, los otros; conciencia de las ideologías opresoras y de los efectos de éstas en los oprimidos. Germina la filosofía en un movimiento generado desde dentro, autopoético; el inicio del filosofar es el que «… llega súbitamente, como una sacudida sísmica… Despierta un susto súbito y una desconfianza frente a lo que el alma amaba, un relámpago de desprecio frente a lo que se llama “deber”, una exigencia revolucionaria, arbitraria, volcánica que empuja a la peregrinación» (6)

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Sobre esto, Enrique Dussel escribe: «La liberación del oprimido la efectúa el oprimido, por mediación de su conciencia crítica» (7).

El camino de la crítica es arduo y de múltiples caminos, de muchos temas, pero mientras vivamos en niveles de conocimiento, en hábitos emocionales y de pensamiento basados en creencias incuestionadas (pistis), en imágenes repetitivas, en fantasías anastróficas o catastróficas (eikasia), seguiremos siendo la sociedad (esclava) del espectáculo, el pueblo neocolonizado y neoliberado. Eternamente Los agachados de Rius.

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En este sentido, el PAN aprendió perfectamente las estrategias autoritarias y caníbales del PRI. La estrategia neoliberal es la misma en todos lados; esa es su ventaja.

Los diseños están creados, el método de devastación y empobrecimiento está claramente trazado. Al igual que a los gringos los dominan y subyugan con la ilusión de la seguridad, a los mexicanos los dominan con las privatizaciones infames de los recursos que pertenecen a todo el pueblo, con la programación de Televisa o los XV de Rubí.

El camino es claro: inventar que PEMEX, por ejemplo, es una empresa en quiebra, estallar algunas bombas en sus instalaciones (si hay muertos qué mejor) y después justificar con toda clase de artimañas sofísticas la venta al extranjero del preciado recurso.

De ahí, aumentar los impuestos, apretar a los contribuyentes. Contribuir con el erario para mantener a una bola de cabrones encapuchados, Pepos o militares, los mismos abusos son.

El camino fue claro también con el agua en Baja California: privar a Ensenada del líquido vital por espacio de tres años sin mover un dedo para resolver el asunto. Acto seguido, se justifica la privatización recurriendo, una vez más, a multitud de sofismas, demagogia y frases aptas para imbéciles.

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“Death” o “Muerte”, dibujo de Teodors Ūders (1914), un esqueleto que camina hacia las aguas. Imagen publicada por Google Art Project

Para muestra, véase a Carlos Torres, coordinador de la fracción panista del congreso del estado, en una entrevista del 22 de diciembre con Enrique García Sánchez: no sabe nada, no escucha nada, «no oigo nada, soy de palo, tengo orejas de pescado» *.  Los panistas, sí, aunque en ellos ya no es novedad: desde la llegada de Vicente Fox a la presidencia el proyecto neoliberal se ha recrudecido y la pobreza ha aumentado dramáticamente.

Los presidentes en México son meros gerentes de las transnacionales, empleados continuadores de una ideología económica rapaz, llamada neoliberalismo o darwinismo económico.

*Video:

(1) Sobre las Parasitocracias, ver: Leonardo da Jandra, Distopía (Editorial Almadía) o Filosofía para desencantados (Editorial Atalanta).

(2) Dussel, Enrique. Filosofía de la liberación. Fondo de Cultura Económica, 2011.

(3) Dussel, obra citada.

(4)  Matthai, Horst. La teoría parmenídea del Pensar. UABC, 1990.

(5) Foucault, Michel. La hermenéutica del sujeto. Fondo de Cultura Económica, 2005.

(6) Nietzsche, Friedrich. Humano, demasiado humano. Editorial EDAF, 1984.

(7) Dussel, obra citada.

 

guennadi*Guennadi Búrquez Urías. Licenciado en filosofía (UABC). Imparte conferencias y talleres sobre filosofía antigua, filosofía de la India y filosofía de la psicoterapia. Masoterapeuta clínico. Actualmente cursando el Doctorado en Educación (CUT Campus Ensenada).