Carta a un niño de nueve años

Hola, Ángel Romero. Tu mamá me ha pedido que te escriba esta carta. Nunca había pensado en escribir una carta a un niño que tiene curiosidad por saber por qué los países son diferentes. Por qué en algunos países las personas pueden hacer realidad algunos de sus sueños y en otros no. Trataré de explicarme.

Ramiro Padilla Atondo/ A los 4 Vientos

Hay países que son un inmenso desierto, otros en los que nieva casi todo el año. Hay también países en los que puedes encontrar todos los climas, países con mucho mar, países que son islas y un largo etcétera. Hay países chiquitos como Islandia donde no existe la pobreza por ejemplo. Pero ese es un país que tiene casi el mismo número de habitantes que Ensenada. Son organizados y saben compartir.

Quisiera decirte que los países desarrollados lo son porque todo mundo trabaja duro pero no te estaría diciendo toda la verdad. Los romanos inventaron la democracia, claro, basados en lo que habían aprendido de los griegos. Los países más ricos del mundo siguen teniendo como base las leyes que los romanos impusieron en su país. En las universidades todavía se enseña derecho romano, ¡imagínate!

En nuestro mundo hay países que diseñaron reglas que podían ser seguidas por todos. Al menos eso creemos. Todos los países tienen una constitución, que vienen a ser las reglas de convivencia.

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Cuando un país nace, se juntan personas notables y dicen, estas son las reglas, para que nos vaya bien tenemos que seguirlas al pie de la letra. Como tú lo haces. Tienes que levantarte temprano para ir a la escuela, hacer tareas, ayudar en la casa. Mientras hagas eso no te metes en problemas.

Pero los adultos no somos iguales. Conforme vamos creciendo nos hacemos tramposos. Y no es que seamos malos, lo que pasa es que hay países que no te permiten hacer las cosas como debe de ser.

Eso que te dije anteriormente de la constitución es el ejemplo. En los países desarrollados las reglas se cumplen. Hay una ley para todo.

Te pongo un ejemplo. Hay que pavimentar una calle. Hay un presupuesto. En un país desarrollado hay todo un equipo para asegurarse que el dinero que se va a utilizar sea bien utilizado. Hay auditores, inspectores y aun los operadores de las máquinas de pavimentación tienen que haber estudiado. El pavimento tiene que ser de cierto grosor, y el inspector se asegura de que se cumpla con todas las reglas. Y si no pasa la inspección, puede impedir que se ponga el pavimento.

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En los países pobres los políticos se roban parte del dinero requerido para pavimentar. Y luego las calles se llenan de hoyos.

En un país desarrollado si alguien intenta robarse dinero del presupuesto para pavimentar la calle se va a la cárcel de manera inmediata.

En un país pobre el que se robó el dinero del presupuesto paga un abogado carísimo con el mismo dinero que se robó. ¿Y por qué pasa esto? Porque no hay instituciones fuertes. Una institución es como el director de la escuela. Las instituciones fueron creadas para servir como una especie de árbitros. Para que la convivencia entre nosotros se diera de buena manera.

balazos-dosCuando no había instituciones la gente resolvía sus problemas a balazos. Y bueno, fuimos evolucionando, estudiando nuevas maneras de convivir y empezamos a elegir autoridades que se suponen cuidarían de nosotros. Pero no es así. Las cárceles por ejemplo, están llenas de personas que nunca leyeron un libro.

México es un país poco desarrollado pero rico. Tenemos muchos recursos. Lo que pasa es que los ciudadanos no somos activos en tratar de mejorar nuestra situación. Pensamos que votando a nuestros gobernantes podemos hacer que las cosas cambien. En los países desarrollados las personas que no pertenecen a la política se organizan. Exigen que el dinero que pagan de impuestos se utilice en la educación. Por eso puedes ver ingenieros que construyen aviones impresionantes.

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Pero nosotros no…

Por eso es importante que los niños como tú sean curiosos. Porque van a ser ustedes los que hagan de nuestro país un lugar del que todos nos sintamos orgullosos. Y ya no te escribo más porque me extendí. Te mando un abrazo y si tienes más dudas me avisas.

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* Ramiro Padilla Atondo. Escritor ensenadense, columnista y ensayista. Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, traducido al inglés; Esperando la muerte y la novela Días de Agosto. En ensayo ha publicado La verdad fraccionada y Poder, sociedad e imagen.