Trump y el futuro de los mexicanos: el horizonte posible

Contra todo pronóstico ganó Donald Trump. El hecho, por más surreal que parezca, es una realidad: el martes 08 de noviembre del 2016 será recordado como un día histórico de transición política en los Estados Unidos y el mundo entero.

Daniel Arellano Gutiérrez* / A los 4 Vientos

Ante la noticia, el panorama general ha sido de una mezcla de angustia, desconcierto, decepción, incredulidad, sentimientos encontrados sobre la democracia, una confusión ideológica profunda y demás problemas que involucran crisis existenciales.

Sin embargo, habemos algunos que desde ayer nos levantamos con la visión de que es posible utilizar la victoria de Trump como trampolín para crecer como nación. Como mencionara el diputado independiente Pedro Kumamoto en un pronunciamiento sobre los resultados electorales de Estados Unidos: “ante la exclusión, inclusión, frente al odio, comunidad”.

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Ante todo pronóstico, Hillary Clinton, candidata del partido demócrata, perdió contra el magnate Donald Trump

El punto que sostendremos en este artículo es que, si bien Donald Trump a cargo de la casa blanca implicará un caos internacional, así como la posible deportación de millones de indocumentados, una ola de represión, discriminación, odio, xenofobia, misoginia y demás catástrofes humanas encarnadas el magnate de los negocios, también es necesario señalar las posibilidades que se abren con la victoria del candidato demócrata. Sólo así podremos sostener un análisis completo del cuadro político al que ahora nos enfrentamos como nación y humanidad.

Las oportunidades que se abren son inmensas, pero aquí nos enfocaremos en las siguientes:

1) La posibilidad de consolidar una identidad nacional más sólida
2) Trabajar por crear una economía nacional más fuerte, y convertirnos con ello en una nación menos dependiente de Estados Unidos

 

Hacia el resurgimiento de la identidad nacional

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Durante toda la campaña presidencial no hubo discurso en el que Trump no satanizará a los mexicanos, llamándonos asesinos, violadores y un peligro para el sueño americano ¿Qué hemos hecho nosotros? Pues lo que mejor sabemos hacer ante nuestras desgracias, problemas y dolencias: tomarlo con humor. Sin embargo, ahora que el futuro nos ha alcanzado, debemos voltear a vernos al espejo y preguntarnos qué se puede sacar de tanta crítica.

Dado que somos el enemigo público número uno de los norteamericanos, la identidad nacional puede volver a resurgir de las cenizas. Aquí cabe precisar un punto muy importante. Uno (entre muchos) de los elementos indispensables para la construcción de la identidad es de carácter doble: para que la identidad se consolide, es necesaria la pertenencia a uno o varios grupos, pero a la vez, también se tiene que delimitar una frontera con aquellos grupos con los que no nos identificamos. Esto se vio claro durante la campaña que recién concluyó en los Estados Unidos: el nacionalismo norteamericano se fortaleció a partir de señalar a los extranjeros, y más en particular, a los mexicanos, como amenza.

Así  pues, con la victoria de Trump podemos iniciar un proceso de re-identificación con nosotros mismos, comenzando con plantearnos preguntas sobre aquello que nos identifica como mexicanos. Ya no podemos voltear a ver al norte con ilusión, allá su presidente no nos ¿qué nos queda? Construir nuestra propia utopía, nuestro propio sueño mexicano.

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Durante toda su campaña Trump satanizó a los mexicanos, llamándonos asesinos, violadores y acusándonos de robarle el trabajo a las clases obreras de EU

 Si bien México siempre se ha caracterizado por ser un país de gran diversidad multicultural, y hablar de “identidad nacional” resulta una discusión agotada para muchos en el mundo académico, es una realidad que el tejido social mexicano sigue cohesionado gracias a varios elementos que nos ponen a todos en común.

Algunos de esos íconos que compartimos como mexicanos son: la gastronomía, el idioma, el folklor, la historia, la fiesta, la familia, la música, el sufrimiento, la miseria, la violencia, la explotación, los políticos corruptos, y otros aspectos criticables como la religión, el alcoholismo, el fanatismo deportivo, el machismo, la obesidad, entre muchos otros rasgos más. A esta lista habría que agregarle ahora el odio racial y la xenofobia de millones de estadounidenses. Reitero, las diferencias podrán ser muchas, pero las coincidencias son más.

Es claro que con una identidad nacional más fuerte en el tejido social mexicano, las puertas que se abrirían serían infinitas. Al convertirnos en una comunidad mexicana más cohesionada, resultaría pan comido organizarnos para presionar y exigir que el congreso y las instituciones se limpien de políticos corruptos, ineptos y ladrones. Podríamos también dirigir esfuerzos conjuntos para construir un proyecto de nación más democrático y participativo, que sea más incluyente que el de nuestros vecinos del norte. Las posibilidades que se abren con la unidad nacional pueden llegar tan lejos como lo imaginemos, porque juntos todo lo podemos.

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Una oportunidad económica: de globalización y neoliberalismo

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En los últimos meses el peso se ha visto golpeado rotundamente debido a las especulaciones sobre la posible victoria de Trump, sobre todo, a partir de la inteligente invitación que le extendiera Peña Nieto y Videgaray en agosto pasado.

Ahora que el candidato republicano ha ganado, el 09 de noviembre nos recibió con la noticia de que el dólar alcanzó un máximo histórico de 20.20 pesos mexicanos. La economía nacional, pues, parece estar a punto de enfrentarse a la “tormenta” que Cartsens, al mando del Banco de México, predijera hace unos meses.

Sin embargo, también es importante hacer memoria. Desde que el Tratado de Libre Comercio fue firmado, el precio del peso cayó en picada y corporaciones extranjeras vieron las puertas abiertas para venir a saquear los recursos nacionales, dejando contaminados cielo, mar, tierra, ríos y un sinfín de pueblos desplazados, algunos de sus pobladores incluso asesinados —el caso de Sempra y los yaquis está vigente al día de hoy, al igual que el de otros pueblos en resistencia—. En pocas palabras, la globalización acabó con nuestra autonomía como país soberano, fundiendo nuestra economía (y claro, también nuestra cultura) con la de Estados Unidos a niveles desproporcionados, y junto con el paradigma neoliberal, permitió que se privatizara hasta el aire mexicano.

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La globalización y el neoliberalismo han dejado en ruinas a México.

Con Trump al poder, este panorama apunta a un cambio radical. Si el próximo presidente de los Estados Unidos es un hombre de palabra, al iniciar su gestión acabará con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés), y su versión 2.0, el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), dos pactos comerciales que nunca han tenido la intención de traer beneficio profundo para la sociedad mexicana, sino para las grandes trasnacionales, y por el contrario, perjudican el crecimiento económico del país al partir del saqueo de recursos, materia prima, ¡por Dios, basta con voltear a ver las consecuencias económicas del remate de Pemex que hiciera la Reforma Energética!

Como lo menciona Ignacio Ramonet en su artículo “Las 7 propuestas de Donald Trump que los grandes medios censuraron… y que explican su victoria”:

«En 1980, la inesperada victoria de Ronald Reagan a la presidencia de Estados Unidos había hecho entrar el planeta en un Ciclo de cuarenta años de neoliberalismo y de globalización financiera. La victoria hoy de Donald Trump puede hacernos entrar en un nuevo Ciclo geopolítico«.

También es necesario señalar que a la par de la victoria de Trump, hubo otra más el 09 de noviembre en el terreno legal: California legalizó el consumo de marihuana para fines recreativos. No es entonces tan descabellado proponer que México importe esa iniciativa, acabando de tajo con el narcotráfico y creando un nuevo mercado regulado con el que recaudar amplios impuestos que se redistribuyan para atender las necesidades de la población.

 

En conclusión: hay trabajo que hacer

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Así pues, visto desde la geopolítica internacional, la división abismal y la herida social que Estados Unidos atravesará durante los próximos 4 años puede representar una coyuntura ventajosa para México y Latinoamérica.

Por supuesto, todo dependerá de cómo aprovechemos esta oportunidad. La cuestión ahora es si lograremos organizarnos o no, si saldremos de casa y nuestra zona de confort para aventurarnos a la acción de la participación política, con todo lo que ello implica. Sólo unidos podremos salir adelante, de otra manera, el vecino del norte nos llevará al abismo junto con él. Es claro para todos que nuestro presidente no nos defenderá, así que nos corresponde a nosotros, los ciudadanos, rescatar nuestro hogar.

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Es claro para todos que nuestro presidente no nos defenderá, así que nos corresponde a nosotros, los ciudadanos, rescatar nuestro hogar.

En un momento histórico, se alza un muro entre dos naciones. Sin embargo, si tomamos en cuenta la intervención que el país norteamericano ha ejercido sobre México desde hace decenios —tanto política, como cultural, económica y legislativa— podemos visualizar desde otra perspectiva la victoria del magnate multimillonario.

En el horizonte brilla la posibilidad de que separarnos de una nación tan corroida como los Estados Unidos tenga sus beneficios a largo plazo. Si Trump alcanzó el triunfo con un discurso de nacionalista, nosotros podemos hacerlo también, rescatando un rasgo que siempre nos ha distinguido: la multiculturalidad y la amabilidad con quien llega a nuestra casa.

 

* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por laDANIEL ARELLANO
Universidad Autónoma de Baja California. Reportero y articulista de A los 4 Vientos. Interesado en el periodismo de investigación, la literatura, el estudio de las redes sociales y el desarrollo político del país.