The show is over…(Terminó el espectáculo)

Qué show televisivo nos aventamos esta pasado “supertuesday”,  cuando millones de personas vivimos en esa tarde-noche todo lo referente a la jornada electoral en Estados Unidos. Cuando en más de 25 canales de televisión  de más de 10 países diferentes, vimos a todos los opinólogos, funcionarios, conductores, reporteros ex-embajadores que abordaban el tema, de manera especial o en alguna mesa de análisis.

Álvaro de Lachica y Bonilla/ A los 4 Vientos

Decir que los estadounidenses han sufrido de sobreexposición electoral televisiva en estas elecciones se queda muy corto.

La campaña empezó hace más de año y medio, cuando arrancaron las presentaciones de candidatos.

La campaña de Donald Trump inició el 16 de junio de 2015, cuando el multimillonario llamó a los inmigrantes mexicanos «criminales y violadores». Desde entonces, las primarias se convirtieron en un «show» dominado por Trump y ventilado por las cadenas televisivas, rendidas al encanto de los insultos y salidas de tono del candidato republicano. Las cadenas de noticias -CNN, Fox News, NBC, Telemundo, Televisa, TV Azteca- se han dedicado casi en exclusiva a las elecciones durante cerca de veinte meses. Información en directo, paneles de tertulianos, análisis de encuestas y opiniones de expertos sin descanso.

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Pero el auténtico «show» televisivo fue hace un par de días, en la gran noche electoral, «Supermartes», en donde  los programas se convirtieron en  espectáculos televisivos de luz y sonido, con profusión de pantallas táctiles, datos de encuestas y resultados, hasta con ridícula musiquita de suspenso, conexiones en directo e intervenciones de tertulianos, hasta parecían participantes de una transmisión deportiva,  pero en lugar de goles, se cantaban las victorias en cada estado.

La inesperada victoria de Donald Trump sobre Hilaria, fue el giro final de una montaña rusa hecha a la medida de la televisión, a la vez que una severa lección a los periodistas sobre el peligro de las conclusiones apresuradas. Con base en las encuestas y el pensamiento grupal, la cobertura televisiva comenzó partiendo de la base apenas disimulada de que Clinton sería la vencedora, hasta que empezaron a llegar los resultados que apuntaban a algo muy diferente. Decenas de millones seguimos el drama que se prolongó hasta la madrugada.

Cada cuatro años, las grandes cadenas mediáticas internacionales lanzan el gran show electoral de los candidatos presidenciales del Imperio norteamericano con una cobertura impresionante de títulos, imágenes y corresponsales, convirtiendo el acontecimiento en una instancia crucial para el destino del mundo.

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Como siempre, sólo se trata de un show mediático destinado a hacer creer a las mayorías mundiales que la primera potencia capitalista, eterna exportadora de invasiones de conquista, y al borde de una recesión económica de efectos imprevisibles, se puede reciclar a sí misma y generar nuevas expectativas y cambios de política a nivel mundial con la nueva administración que asuma en enero de 2017. Sólo se trata de ilusionismo para incautos.

Fue de llamar la atención, la asombrosa manera como la televisión  mexicana se involucró en este show.

Usted sabrá si le gustó más lo que hizo Denisse Maerker en Televisa o lo que manejaron Azucena Uresti y Carlos Puig en Milenio-Televisión, si admiró a Javier Solórzano en Canal Once o a Pascal Beltrán del Río tanto en Excélsior-Tv como en Imagen Televisión. O sí se vió muy pobre o muy rico que algunos reporteros hayan tenido que recurrir hasta a sus teléfonos celulares para poderse comunicar con sus canales. Más allá de los resultados,  ¿Qué fue lo que vimos ayer, un proceso electoral o la final de un espectáculo? Más que una jornada electoral,  aquello parecía circo.

Ni hablar, llegamos ya a un punto en que estamos condenados a vivir siempre del espectáculo. Somos expertos en convertir cualquier asunto en show. Sí, suena tremenda la trivialización, pero ¿a qué televisora le iría mejor esa noche? Claro, a las que manejaron un mejor ambiente emocional entre sus conductores (habría que preguntarle a Carlos Loret de Mola). 

Lo de este martes fue histórico porque representó el inicio de una nueva era en materia de coberturas mediáticas.

¿Cree usted que podamos jugar con la misma libertad en las transmisiones electorales presidenciales en 2018? ¿Nuestros canales podrán tomar posiciones a favor o en contra de los candidatos que participen como lo hicieron con Hilaria y Donald Trump? ¿Nuestros conductores metiches  se podrán burlar de personajes como López Obrador o Anaya  en 2018 como se burlaron ayer de Donald Trump?

ALVARO DE LACHICAComisión Ciudadana De Derechos Humanos Del Noroeste,A,C,

andale941@gmail.com