Rodolfo Stavenhagen, un mexicano universal

Para el investigador en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, la solución a la mayoría de los problemas de la vida cotidiana se encuentra en la fortaleza que proporciona la identidad cultural compartida.

Academia Mexicana de Ciencias

El sábado 5 de noviembre falleció Rodolfo Stavenhagen, profesor-investigador emérito de El Colegio de México (Colmex), quien se distinguió por su labor en la defensa de los pueblos indígenas.

El doctor en sociología por la Universidad de París y desde 1965 investigador del Centro de Estudios Sociológicos (CES) del Colmex, era también miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), institución con la que colaboró activamente.

Una de sus últimas participaciones que tuvo con la Academia se dio en el marco de la Reunión General Ciencia y Humanismo I, evento organizado por la AMC en sus instalaciones en enero de 2012, donde Stavenhagen presentó el documento “Multilateralismo y buen vivir, desafíos ante la crisis actual”.

Al leer el texto frente a un auditorio colmado de estudiantes y académicos, el investigador sostuvo que desde los años setenta surgió un proceso de movilización y organización de los pueblos indígenas en distintas partes del país para expresar su creciente descontento con la situación que viven por la ineficacia de las políticas gubernamentales.

Destacó, asimismo, que aun cuando la Unesco declaró que el respeto a la diversidad cultural es un imperativo ético de nuestra época, muchos se preguntaban (y preguntan) si es posible la convivencia a largo plazo de culturas distintas.

En esa participación agregó que los pueblos indígenas de diversas naciones habían comenzado a organizarse para resistir y construir alternativas, y que en el espacio de los organismos internacionales se estaban vinculando sus derechos con los debates en torno al cambio climático, la biodiversidad, el manejo de los recursos hídricos, la insuficiencia alimentaria, y al financiamiento para el desarrollo y la cooperación internacional.

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La indígena otomí Jacinta Francisco y el investigador Rodolfo Stavenhagen, durante la conferencia de prensa en la que se habló de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos (Foto. La Jornada).

“El buen vivir” se presenta, dijo entonces, como algo distinto al crecimiento económico, incluso al concepto más sofisticado de “desarrollo”, pues se deriva de las tradiciones culturales de la vida en comunidad, de la cercanía con la naturaleza, de la idea de equilibrio, armonía y bienestar colectivo, no sólo la prosperidad individual.

La solución a la mayoría de los problemas de la vida cotidiana se encuentra en la fortaleza que proporciona la identidad cultural compartida, la cual entre los pueblos indígenas está estrechamente vinculada a un territorio y a un espacio social específico”, reflexionó entre sus conclusiones.

Investigador prolífico

Rodolfo Stavenhagen nació el 29 de agosto de 1932 en Frankfurt, Alemania, y junto con su familia emigró a causa de la Segunda Guerra Mundial; llegó a México donde obtuvo la nacionalidad en 1949. En Estados Unidos realizó la licenciatura en Artes en la Universidad de Chicago, en México hizo la maestría en Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y en Francia el doctorado en Sociología en la Universidad de París.

Fue catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la Universidad de París, en la Universidad de Génova y en otras instituciones de educación superior de América Latina.

Tuvo un papel importante como máxima autoridad en distintas instituciones como subdirector general de la UNESCO para las Ciencias Sociales, director general de Culturas Populares de la Secretaria de Educación Pública y presidente del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe.

Asimismo, fue presidente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, vicepresidente del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, miembro del Consejo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y presidente fundador de la Academia Mexicana de Derechos Humanos.

Reconocido en 1997 con el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el investigador fue designado Relator Especial de la ONU para los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, cargo que desempeñó de 2001 al 2008.

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La producción de Rodolfo Stavenhagen fue clave en la conformación del pensamiento latinoamericano y alcanzó a grupos de académicos e intelectuales llegados del exilio.

En su vasta producción aparecen publicaciones como son: «Los pueblos originarios: el debate necesario», «El desafío de la Declaración. Historia y futuro de la Declaración de la ONU sobre Pueblos Indígenas», «Los Pueblos Indígenas y sus Derechos (Informes a Naciones Unidas)».

Además, «Conflictos étnicos y estado nacional»; «La cuestión étnica»; «Derechos humanos de los pueblos indígenas», «Entre la ley y la costumbre: el derecho consuetudinario indígena en América Latina», solo por mencionar algunos.

Un luchador social

El sábado 5 de noviembre, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México (ONU-DH) externó en un comunicado que Rodolfo Stavenhagen hizo importantes contribuciones a la reivindicación de los derechos humanos de los pueblos indígenas de todo el mundo.

«Dentro de su connotada e ilustre labor destaca su designación como el primer Relator Especial de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, cargo que desempeñó con gran capacidad y compromiso de 2001 a 2008″, recordó.

Apuntó que su muerte supone la pérdida de un mexicano universal, «no obstante, las causas que con gran talento y devoción impulsó siguen vigentes. Los pueblos indígenas pierden en él a uno de sus principales aliados, siempre promotor y defensor de sus derechos humanos».

El sociólogo y antropólogo Rodolfo Stavenhagen, pionero en la lucha por los derechos humanos, falleció a los 84 años de edad en Cuernavaca, Morelos.

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El maestro en la ceremonia de entrega del doctorado honoris causa por parte de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Foto: Flacso).

Recién el año pasado se realizó un simposio al cumplirse los 50 años de la publicación de “Siete tesis equivocadas de América Latina”, que sirvió de marco para que le fuera entregado el doctorado honoris causa por parte de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

También en 2015 la UNAM le hizo entrega de la misma distinción por sus méritos excepcionales y sus contribuciones a las artes, las letras y las ciencias.