El encuentro de dos mundos. Herencia y genocidio (+ AUDIO)

Decía el filósofo alemán, Walter Benjamin, que no existe documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie. Es decir, la historia del progreso está hecha del sufrimiento de los vencidos y en donde quiera vemos las evidencias materiales de esas opresiones. Así pasa con el relato complejo del “encuentro de dos mundos” y su devenir en el transcurso del tiempo hasta hoy.

Alfredo García Galindo/ A los 4 Vientos

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La Catedral de Ciudad de México es un ejemplo de lo anterior: una maravilla de la arquitectura que nos enorgullece; una joya que lucha contra su hundimiento como alegoría de un pueblo mestizo que a diario enfrenta las agresiones de un mundo global en decadencia. Sin embargo, el reconocimiento de su valor concreto y subjetivo no supone que debamos omitir que también es un monumento a la tragedia de las sociedades indígenas.

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En efecto. La explosión fantástica de sincretismo que implica nuestra historia como pueblo mestizo es una evidencia que se cuela por todos los recovecos de nuestra existencia. La cocina, las artes, las costumbres, las tradiciones; todo ello corresponde con su descripción como maravillas de la identidad heterogénea de estas tierras, en lo cual no podríamos omitir la parte fundamental de nuestra adscripción como pueblos “hijos de la madre patria” y como feligreses, por convicción o por cultura, del credo traído de ultramar.

No obstante, el ejercicio de una empatía con la sustancia ética que nos debería integrar como género también nos obliga a aceptar que esa epopeya -como en casi todos los encuentros entre culturas distintas-, tiene un lado oprobioso inundado por las lágrimas de millones de seres humanos; de aquellos torturados para deleite de sus encomenderos, de los esclavizados en el infierno de las minas de plata, de las mujeres que abortaban o asesinaban a sus hijos para evitar que cayeran en manos de los peninsulares, de los africanos arrancados de sus familias para ser esclavizados en una tierra extraña, de los indios que se suicidaban para terminar con una vida en la que sólo conocían de crueldades… es decir, de eso que hizo a Bartolomé de las Casas afirmar que se trató de la mayor tragedia humana que se hubiera conocido hasta entonces.

Podemos incluso asumir esta historia en una forma aún más categórica, pues como dice la investigadora y amiga mía, Rosa Lázaro, hablar del “encuentro de dos mundos” es contradictorio, porque si ocurrió un genocidio, no puede haber un encuentro. El mestizaje, casi siempre, fue fruto de la violencia; la cultura se enriqueció, en efecto, pero las estructuras sociales jerarquizadas del mestizo son las mismas del colono, por ello las comunidades indígenas hablan de resistencia y el mestizo privilegiado de «herencia».

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En fin que se reitera el hecho de que la Catedral de México es un documento de civilización y de barbarie. Es la objetivación de un universo resplandeciente que, no obstante, fue cimentado sobre la tragedia de la cosmogonía mexica y erigido con la sangre y el sudor de indios esclavizados, atrozmente negados en su humanidad.

La experiencia historiográfica nos brinda así la interpretación posible en la que lo humanamente aceptable emerja, porque el uso prudente y justo de los relatos no significa que, en este caso, defendamos una especie de “mesoamericanismo posmoderno” sino que percibamos las desgracias humanas sean quienes sean los que las hayan experimentado y al margen de que el momento de su ocurrencia sea el punto temporal en el que las naciones latinoamericanas nacieron como nuevas realidades culturales.

Imagen de portada, La conquista de México. Pintor Ernest Descals. Fuente original:

http://ernestdescals.blogspot.mx/2014/05/conquistadores-espanoles-pintura.html

 ALFREDO GARCIA GALINDO 2Alfredo García Galindo, es economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.