2 años de Ayotzinapa: del Narco-Estado y el grito presente de Ensenada (+GALERÍA y VIDEO)

El pasado lunes 26 de Septiembre se cumplieron 2 años de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, 730 días de un crimen de lesa humanidad que reveló a escala internacional la estrecha colusión que existe entre el Estado mexicano y los grupos del crimen organizado.

Iván Gutiérrez*/ A los 4 Vientos

Ese día se cumplieron también una centena de atardeceres llorados por los familiares que siguen añorado la presencia de sus bien amados extraviados. ¿Cuántos miedos no han caído desde entonces? ¿Cuántos lazos solidarios no se han tejido a partir de un hecho tan bárbaro? ¿Cuántos puños no se han alzado para gritar en conjunto por los normalistas desaparecidos trágico día?

Desde los hechos en Iguala —que involucraron a diferentes cargos de autoridades municipales, federales y militares en la desaparición forzada de 43 estudiantes de la escuela normal Isidro Burgos—, los padres de los jóvenes desaparecidos han convocado a un movimiento social (de talla nacional e internacional) donde se han alzado infinidad de voces solidarias, que entre sus demandas buscan:

1) Derrocar la supuesta “verdad histórica” (o “mentira histórica”), construida por un gobierno corrupto, cínico y cobarde, con la que pretendieron hacerle creer a la población mexicana que los normalistas fueron asesinados y quemados en el basurero de Cocula por miembros del cartel Guerreros Unidos —hecho desmentido por fuentes como el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), el documental “Mirar Morir» del periodista Témoris Grecko (disponible en Netflix), además de una centena de trabajos e investigaciones periodísticas—.

2) Continuar con la búsqueda de los normalistas desaparecidos, así como exigirle al gobierno que redoble sus esfuerzos en la búsqueda de los más de 30,000 desaparecidos a lo largo y ancho del país, comenzando con las fosas comunes de Guerrero, el Estado de México, Veracruz, Coahuila y demás estados de la república mexicana con altos niveles de crimen y violencia.

3) Difundir y desocultar una verdad incómoda para el poder federal: la infiltración del narcotráfico en el ejército mexicano, donde Ayotzinapa ha sido la evidencia contundente del resquebrajamiento de las instituciones ya no sólo jurídicas y políticas, sino también federales y judiciales.  

Es este último punto uno de los que quisiera tratar en este artículo. Si bien, desde la aparición de Los Zetas se visibilizó la disolución entre las fronteras que dividen a los grupos militares de los narcotraficantes, Ayotzinapa ha sido el evento que ha redirigido la atención nacional hacia una institución intocable hasta el día de hoy: los militares.

La ironía es que gran parte de ello ha sido por la ineptitud del gobierno federal, que no ha sabido cómo manejar la situación con discreción, sino con torpeza y mediocridad. Desde que los Padres de los 43 comenzaron a señalar al ejército exigiendo que se abran las puertas del 27 Batallón en Iguala —lugar donde se encuentran los soldados que participaron en los acontecimientos del 26 de Septiembre del 2014—, el gobierno federal, y sobre todo, la Secretaría de Defensa (a cargo del General Salvador Cienfuegos Zepeda), se han quedado poco a poco sin argumentos para negarle la entrada a los padres, hasta el punto de cerrar el diálogo con el pronunciamiento rotundo y autoritario de un “no porque no”.

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¿Por qué los registros telefónicos del celular de Julio César Mondragón, normalista cuyo rostro fue desollado, apuntan al Cuartel del Batallón 27 en Iguala?

¿Qué pasaría si se abrieran las puertas del cuartel? ¿Qué encontraríamos? ¿Qué declararían los soldados? ¿Por qué tantos esfuerzos estatales para evitar involucrar al ejército en el asunto y adjudicarles todo el crimen a las autoridades federales y municipales? ¿Por qué tanto ascensos a mandos militares involucrados en los hechos de Ayotzinapa? ¿Por qué los registros telefónicos del celular de Julio César Mondragón, normalista cuyo rostro fue desollado, apuntan al Cuartel del Batallón 27 en Iguala? ¿Por qué ascender a Tomás Zerón de Lucio, quien estuvo a cargo de la investigación llevada a cabo por la PGR, siendo que se sabe que sembró y encubrió evidencias en el proceso de investigación? ¿Por qué se alió el PRD con el PRI en San Lázaro para bloquear la investigación sobre Iguala?

La evidencia es clara, y el camino al que apuntan todas estas preguntas es uno: Ayotzinapa fue un crimen de Estado, donde participaron mandos y autoridades militares, federales, estatales y municipales, todas infiltradas por la corrupción y el crimen organizado.

Así las cosas, tal parece que, como lo señala el articulista de Proceso, Álvaro Delgado: “Fue el Estado porque en Guerrero, el estado de la República donde el Ejército es el auténtico poder, en vez de disminuir, prospera la siembra, cosecha, procesamiento y distribución de mariguana y amapola”. Y todo esto, con la complicidad de todos los niveles de gobierno.

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En Guerrero, el estado de la República donde el Ejército es el auténtico poder, en vez de disminuir, prospera la siembra, cosecha, procesamiento y distribución de mariguana y amapola

 

Ayotzi, aguanta, Ensenada se levanta

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Fotos por Arcelia Pazos y Daniel Arellano

A 2 años de la desaparición de los normalistas, la sociedad civil, los estudiantes, los pueblos y muchos sectores de la población mexicana e internacional han salido a marchar y gritar una vez más para exigir justicia. Las manifestaciones por la desaparición de los 43 se dieron en la Ciudad de México, en todos los Estados de la República, en Francia, en Canadá, en Argentina, y en muchos países más. 

Ensenada no fue la excepción a este movimiento de solidaridad y lucha nacional, pues el pasado domingo 25 de Septiembre varios ciudadanos se congregaron en el monumento a Lázaro Cárdenas, en lo que se denominó como la “Tardeada Cultural Ayotzinapa Vive”.

En el evento se leyeron poemas, se colocaron fotografías de los normalistas a los pies del monumento cardenista, se presentaron diversos números musicales, y se hizo el tradicional pase de lista de los 43 estudiantes desaparecidos, acompañados por velas y flores que representaron a cada uno de los jóvenes.

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Si bien los asistentes no superaron a las 300 personas, la misma presencia de este acto dejó claro que al interior de Ensenada existe un grupo, una familia de personas que está en pie de lucha. Esto cobra un impacto enorme si recordamos que la ciudadanía ensenadense tiene fama de ser apática y estar inmersa en una lógica donde el bienestar individual prevalece, por un amplio margen, sobre el comunitario. Así, este tipo de actos vienen a demostrar lo contrario: que en el norte también es posible alzar la voz contra la injusticia.

Llevar a cabo este tipo de actos conmemorativos es una tarea que la sociedad civil debe mantener viva, pues representa que el espíritu de lucha, la memoria histórica revolucionaria y las ansias de un cambio social, político y económico en México siguen vivos entre los ciudadanos de Ensenada, tan golpeados por la indiferencia y la influencia de los valores norteamericanos.

Eventos como estos propician que se creen lazos solidarios con los mexicanos que viven al otro lado del país, en regiones cuyas causas podrían parecer ajenas, pero que en realidad nos nos corresponden porque al final todos buscamos lo mismo: vivir mejor, sin abuso, precariedad, violencia ni explotación. Además, actividades de este tipo sirven como espacios de comunicación y difusión, que ayudan a romper el cerco informativo que los medios de comunicación al servicio del poder siguen construyendo sobre amplios sectores de la población.

La lucha de los 43, mientras la sigamos recordando y honrando, se mantendrá de pie como un faro que ilumina el camino a seguir, como una semilla que germina en cada conciencia que trabaja por un país libre de violencia, pobreza, crimen y desapariciones forzadas. Trabajemos juntos para alcanzar con mayor rapidez ese futuro merecido, que sea más pacífico y menos desigual para todos.

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* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UniversidaDANIEL ARELLANOd Autónoma de Baja California. Reportero y articulista de A los 4 Vientos. Interesado en el periodismo de investigación, la literatura, el estudio de las ciencias sociales y el desarrollo político del país.