¿Quién será el menos peor para nosotros?

Sin duda alguna el puesto de villano número uno de los mexicanos, lo tiene Donald Trump. Se lo ha ganado a pulso, El magnate y candidato republicano a la presidencia estadounidense arrancó, hace meses, su campaña electoral llamando “violadores” a los migrantes mexicanos y prometió construir un muro que pagaría con impuestos a las remesas y revirtiendo el déficit de 58,000 millones de dólares que actualmente México tiene a favor.

Álvaro de Lachica y Bonilla/ A los 4 Vientos/ Foto: Reuters

Trump ha sido directo: no quiere a los mexicanos indocumentados y desea renegociar el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica, pero doña Hilaria dice lo mismo, pero de otra forma. Suave en público, agresiva en privado. Los mexicanos no debemos dejarnos llevar por la repulsión que nos causa Trump, ni por la seducción de Hillaria por ser mujer o lo que representa el apellido. La mano suave de Bill Clinton puede esconder la mano dura de su esposa.

A nosotros los mexicanos, desde acá, no nos ha importado hasta ahora el proceso electoral a la presidencia de Estados Unidos, a pesar de que en este momento son centro de debate y divisiones rumbo a la presidencia del país vecino. Elegir entre estos dos candidatos no es fácil, no porque ambos tengan muchas cualidades sino porque, al contrario, los dos tienen serias limitaciones y desperfectos que hacen difícil optar aun por el mal menor

¿Qué políticas llevarán adelante cada uno de ellos en nuestro país?, Es difícil predecirlo, claro está, porque el futuro siempre está lleno de sorpresas. Donald Trump es un hombre de palabras agresivas, que exhibe un nacionalismo que por momentos se acerca al de esos fascistas que han emergido en Europa en los últimos años. Y como menciono líneas arriba, quiere que los mexicanos construyamos un muro en la frontera y promete deportaciones masivas. A eso se añade la posible imposición de aranceles al comercio exterior, una política proteccionista que puede llevar a terribles consecuencias económicas. El magnate ha ganado muchos apoyos porque utiliza un lenguaje franco y directo que expresa, así, lo que muchos estadounidenses realmente piensan».

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Por su lado, la Sra. Clinton, se inclina un poco hacia la izquierda cuando promete más impuestos a los adinerados y seguir aumentando la presencia del gobierno en la vida cotidiana de los ciudadanos, sobre todo en lo que respecta a la seguridad social. Muchos la perciben como demasiado apegada a las componendas partidarias, al estilo poco transparente de los políticos tradicionales y como una mujer poco sincera. Detrás de su sonrisa está una política dura que sabe para qué sirve el poder, con posiciones muy firmes en el trato con adversarios que le desagradan. México está en esa categoría, no de ahora, sino de hace tiempo. El expresidente Carlos Salinas lo vivió en la parte final de la negociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, donde el principal opositor en la Casa Blanca no era Bill Clinton, sino Hillary. Su discurso actual contra ese pacto y la búsqueda de una renegociación es consistente con su pasado.

La elección, como se ve, no es fácil. Con Trump en la presidencia tendríamos constantes conflictos por la presencia de esos millones de latinoamericanos que hoy viven en Estados Unidos o que desean emigrar hacia allí, legal o ilegalmente. Pero es posible que Trump, cambie la política de su país limitando la injerencia de sus embajadores en los asuntos internos de nuestro país. Y en contraste la Sra. Clinton, seguramente seguirá los actuales lineamientos de la política exterior equivocada y perjudicial en muchos sentidos en México.
Ambos están a favor de un estado de bienestar intervencionista (sólo aplicado de diferentes maneras), ya que responden a diferentes coaliciones ideológicas y grupos de interés. Parecerían muy distintos, pero sus herramientas para implementar las políticas son muy parecidas.

ALVARO DE LACHICAComisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, S.C.
andale941@gmail.com