UABC: la identidad cimarrona, la Sociedad de Alumnos y la falta de líderes universitarios

Poco a poco. Poco a poco vamos egresando los alumnos de la Universidad Autónoma de Baja California. Poco a poco los cimarrones vamos insertándonos en el lugar de la maquinaria social que nos corresponde, de acuerdo a nuestra profesión: oficinas, hospitales, escuelas, empresas, medios de comunicación, restaurantes, ayuntamientos, despachos, industrias.

Iván Gutiérrez* / A los 4 Vientos

Otros tantos (muchos tantos), terminaremos en empleos que no son afines a nuestro perfil profesional, y otros tantísimos vagaremos indefinidiamente por el abismo horripilante de nombre “desempleo”.

¿Qué tendremos en común todos estos recién egresados que estamos por convertirnos en futuros profesionistas y enérgicos actores sociales? Todos compartimos mucho, aunque en ocasiones las diferencias terminen por ocultar las similitudes. Empecemos por lo obvio: todos fuimos estudiantes de la misma alma mater, todos estudiamos una carrera dentro de las instalaciones de la UABC, todos somos, pues, cimarrones. No somos coyotes (Xochicalco) ni zorros (CETYS), somos cimarrones. Más aún, somos universitarios, lo que también nos convierte en parte de ese reducido y exclusivo sector de la población que alcanza dicho nivel de estudios en México. 

Seguramente la mayoría de los cimarrones recién egresados también compartimos la misma época: muchos somos millennials que tienen una edad de entre veintidós y veintiocho años (con sus evidentes excepciones, claro).

Por lo anterior, es muy probable que todos hayamos nacido y crecido en un contexto donde el desarrollo y acceso a las nuevas tecnologías digitales ha sido un fenómeno determinante en el progreso de nuestra vida. En otras palabras, es seguro que todos utilizamos Internet y las redes sociales, que todos hemos visto un video en YouTube, nos hemos reído viendo memes en la Web y hemos buscado alguna información en Wikipedia.

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Planta baja del DIA Campus Valle Dorado, espacio donde hay computadoras con acceso a Internet que permiten a los estudiantes realizar tareas y trabajos escolares.

¿Qué más tendremos en común todos estos jóvenes, que durante las últimas dos semanas estamos festejando nuestros respectivos Actos Académicos? Seguramente muchos seremos ensenadenses, y todos vivimos (o vivieron) en Ensenada. Podríamos decir entonces que todos permanecemos a la misma familia ciudadana. Si seguimos la idea de que el individuo determina a la sociedad, tanto como la sociedad determina al individuo, es claro que una de las características principales de Ensenada (y del ensenadense) es su cercanía con Estados Unidos. Esto tiene serias implicaciones culturales, económicas y políticas (que alguna vez ya analizamos en un ensayo previo).

Si vamos más lejos en esta exploración de lo común entre los egresados de UABC Campus Valle Dorado —y más específicamente, de la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales (FCAyS)—, llegaremos a un punto muy interesante, que es el que pretendo retomar y concluir en este texto: la apatía y la indiferencia política entre los estudiantes universitarios, que se traduce en una no-participación ni involucramiento en el desarrollo político de nuestro alrededor, tanto a nivel universitario como nacional.

En entregas anteriores analizamos cómo los enredosos procesos burocráticos, junto con las pocas posibilidades democráticas y los escasos espacios de libertad de expresión al interior de la universidad, crean un escenario donde los jóvenes cimarrones se desaniman y sienten que el acceso a la participación política y el cambio de su realidad universitaria a través de esta disciplina es algo ajeno. En esta ocasión, y a manera de conclusión, exploraremos cómo la poca solidez de la identidad universitaria y la falta de líderes (al interior de FCAyS) son dos factores que también intervienen en que los cimarrones no se organicen en torno a un objetivo en común: convertirse en actores sociales comprometidos con el desarrollo político de su alrededor.

Cabe aclarar que el tema aquí expuesto seguramente se extiende a todo el Campus de UABC Valle Dorado, donde médicos, artistas, deportistas, profesores de idiomas, sociólogos, educadores, comunicólogos y demás estudiantes de FCAyS suelen estar separados no sólo por los límites concretos de sus edificios, sino por un tejido socio-cultural donde falta promover la interdisciplinariedad y la colaboración entre distintos profesionistas.

De identidades y líderes universitarios

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FCAyS es una facultad creada hace menos de quince años (2005), lo que significa que hacen falta muchos esfuerzos institucionales para terminar de consolidar una identidad que integre a todas las carreras de la facultad

Un tema fundamental dentro del panorama de exigencias universitarias y participación política y democrática al interior de la UABC, es la falta de una identidad universitaria sólida. Aquí debemos reconocer que FCAyS es una facultad creada hace menos de quince años (2005), lo que significa que hacen falta muchos esfuerzos institucionales (y estudiantiles) para terminar de consolidar una identidad que integre a todas las carreras de la facultad, una identidad universitaria que haga sentir a todos los cimarrones como parte de un mismo todo: que los haga sentir con arraigo el orgullo de ser estudiantes de Ciencias Administrativos y Sociales. Y nos referimos a esfuerzos que vayan más allá de los rituales institucionales que sólo sirven para mantener las apariencias, por ejemplo, aquello de ponerse la camiseta de UABC.

En este punto podemos contrastar la dinámica de participación universitaria al interior de universidades del centro del país, por ejemplo la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde los jóvenes estudiantes se involucran muchas más en el desarrollo político de su universidad, al haber un sentimiento más fuerte de arraigo identitario con su escuela: el orgullo puma está presente en cada estudiante de la UNAM, son pocos los universitarios que no se saben de memoria la porra de su institución educativa.

El tema de la ausencia de una identidad colectiva-universitaria sólida entre los jóvenes de FCAyS está estrechamente relacionado con otra arista crucial del problema: la ausencia de líderes legítimos y la falta de identificación con los líderes universitarios actuales. A la par de que los estudiantes están identitariamente dispersos por el campus, cada uno en su mundo, cada uno en su carrera, el escenario universitario no ha sido el más propicio para que surjan líderes que sepan integrar las exigencias de los universitarios. Lo anterior no significa que no haya líderes que ostenten el título de representantes de los alumnos, sino que los que ocupan dichas posiciones no son reconocidos por los alumnos como tales.

Así pues, uno de los motivos por los que los estudiantes no se involucran en las decisiones políticas al interior de su institución es la falta de identificación con sus líderes: los estudiantes están lejos de sentirse representados por aquellos que ostentan estos títulos, autoridades que van desde el rector, al vicerrector y el director de su facultad, pero sobre todo, lo viven en carne y hueso con la Sociedad de Alumnos.

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Las responsabilidades de un grupo representativo como lo es la Sociedad de Alumnos no puede limitarse a organizar una fiesta en el Papas & Beer una vez por semestre.

Al igual que lo hacen los partidos políticos mexicanos con las fiestas patrias, la Sociedad de Alumnos en UABC es un grupo de jóvenes que acostumbran darle pan y circo a los cimarrones para mantenerlos pasivos y conformes. Siguiendo esta lógica, la fiesta de bienvenida para los recién egresados suele ser el evento con el que los «representantes del alumnado» ganan simpatías. Ojo, nada de malo hay en festejar a los de nuevo ingreso, pero las responsabilidades de un grupo representativo como lo es la Sociedad de Alumnos no puede limitarse a organizar una fiesta en el Papas & Beer una vez por semestre.

Los universitarios no se identifican con sus representantes porque no saben quiénes son, y a la vez, los supuestos “líderes” desconocen (o prefieren no atender) las carencias, necesidades y exigencias de los alumnos (más allá de las fiestas de bienvenida y el día del estudiante, ¿qué mas hacen por los estudiantes?). Por ello, no es de sorprender que la percepción de los estudiantes sobre sus supuestos “representantes” sea la de individuos que sólo buscan un beneficio propio, ya sea curricular o económico.

Esto lo podemos observar claramente cuando las planillas universitarias se postulan para ser escogidas como la futura Sociedad de Alumnos —la mayoría de las veces dirigidas por estudiantes de derecho—, donde conseguir el triunfo suele fungir más como un trampolín curricular para futuros puestos políticos en el ayuntamiento y la administración pública, antes que ser un grupo que consolide, represente y luche por los intereses de los estudiantes al interior de su escuela y facultad. A fin de cuentas, ¿a quién le va importar ser vocero de los estudiantes?

Un ejemplo de la indiferencia de los líderes políticos universitarios lo podemos constatar cuando se realizan las campañas para la elección de la Sociedad de Alumnos en la universidad, donde los jóvenes suelen enterarse de dicho proceso electoral apenas un día antes de las elecciones (si no es que el mismo día), y mucho menos llegan a saber quiénes son los miembros de cada planilla o cuáles son sus propuestas, inquietudes e intereses.

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Los universitarios no se sienten identificados ni representados políticamente por la Sociedad de Alumnos, Sociedad de Alumnos, quienes rara vez cuestionan o alzan la voz contra las autoridades universitarias.

Esto se debe en gran medida a la poca (y mala) difusión que realizan las diferentes planillas, y ya ni hablar de la publicidad mediocre para invitar a los alumnos a conformar su propia planilla (que consta de una hoja blanca atiborrada de texto pegada en la puerta de alguno que otro salón). Dentro de esta problemática también interfiere la poca credibilidad que los jóvenes tienen en las vías convencionales de participación política (en este caso, el voto), que deviene en desinterés y desconfianza en sus posibilidades de generar cambios (¿para qué voto si nada cambio con eso?), un problema heredado por las instituciones políticas gubernamentales de escala nacional y municipal, pero también retomada por la Sociedad de Alumnos, quienes rara vez cuestionan o se oponen a las autoridades universitarias.

Los estudiantes de FCAyS, al ver que sus intereses y necesidades escolares no son atendidas, y que sus reclamos tampoco son escuchados por aquellos que supuestamente los representan, se desmotivan y pierden toda confianza en las vías institucionales de participación política universitaria (por ejemplo, en votar), como si de un primer acercamiento a la simulación democrática de la política nacional se tratase.

Al igual que las estrategias y vías gubernamentales de participación democrática repelen a las juventudes antes que acercarlas, integrarlas e involucrarlas en los procesos políticos y democráticos de los diferentes niveles de gobierno, la UABC de FCAyS reproduce (a su manera) las indicaciones del mismo instructivo: la institución no quiere la participación política de los estudiantes, mucho menos que interfieran en la toma de decisiones sobre el desarrollo de su campus.

Apéndice: de neoliberalismo, consumismo e individualismo en UABC

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Puesto de postres recién inaugurado en UABC Campus Valle Dorado. Las autoridades universitarias, muy atentas a las necesidades de azucar de los estudiantes, decidieron darle entrada a otra empresa privada de comida, mientras la institución educativa sigue persiguiendo y acosando a los cimarrones que venden dulces, burritos y demás alimentos para subsidiar sus estudios.

Por último, y como apéndice sobre los mecanismos universitarios que repelen la participación política universitaria al interior de la misma institución educativa, podríamos mencionar el enfoque ideológico de la UABC, cuyos esfuerzos están dirigidos a formar profesionales que al egresar  se inserten de inmediato en el mercado laboral y el consumismo  desenfrenado, dejando en último plano su responsabilidad política y social como ciudadanos.

Esto lo podemos ver en el enfoque propagandístico de la misma institución, que frecuentemente invita a los estudiantes a convertirse en “emprendedores”, pero rara vez enseña sobre las futuras responsabilidades sociales, políticas y fiscales, o su compromiso ciudadano con la comunidad: es más importante convertirse en un empresario “exitoso” que en un líder comunitario.

Siguiendo el discurso del capitalismo global, la UABC le enseña a sus estudiantes que el Dios dinero es mucho más importante que el amor y el cuidado del otro, y bajo esta misma lógica, promueve que todo el bienestar del individuo debe provenir de su propio esfuerzo, dejando enterrada la idea de la responsabilidad social del Estado y poniendo todo el peso de la economía sobre el ciudadano.

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Uno de los mayores peligros del pensamiento “emprendedor” con el que el neoliberalismo adoctrina a las masas es hacerle pensar al individuo que su economía debe depender absolutamente de su propio esfuerzo, sin importar las condiciones precarias a su alrededor (por ejemplo, los malos gobiernos que se roban los impuestos de la poblacion, mientras se los perdonan a empresas privilegiadas).

Tal como lo menciona la antropóloga Marta Lamas, activista social y una de las figuras más importantes del escenario intelectual mexicano contemporáneo:

Hoy está de moda el emprendedurismo, una lógica económica según la cual ya no es necesario exigir derechos, seguridad social o un nivel alto de salario mínimo al Estado, sino que todos tienen que ser responsables de su economía. Si eres emprendedor la vas a hacer en la vida, se piensa. Esto ha erosionado una idea de lo qué es y debería ser el Estado y la responsabilidad social”.

Así pues, la UABC le apuesta más a promover valores individualistas (yo primero, yo antes que los demás, yo sobre todo lo que hay, yo todo sin la ayuda de nadie), antes que formar estudiantes que estén dispuestos a exigir y luchar por sus derechos colectivos y sociales. La empatía, la humildad y la solidaridad no le sirven al mercado. Claro que en los discursos la universidad es experta en simular todo lo contrario, por ejemplo, a través de UABC Radio: “UABC, formando profesionistas con alto sentido de compromiso social”, y el resto de sus campañas de propaganda universitaria. 

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En los discursos la universidad es experta en simular valores como la democracia, la humildad, la solidaridad, la empatía y demás, pero en la práctica esta realidad no tiene cábida; al capitalismo global no le sirven esas cosas, y el fracaso de estas campañas lo vemos en la apatía política universitaria.

Daniel Solorio —ex Magistrado Presidente de la Segunda Sala del Tribunal de Justicia Electoral del Estado de Baja California, y profesor de la UABC—, da en el clavo en su columna Danzar hasta que llueva: UABC, la generosa Universidad a la que estoy regresando, al mencionar que la UABC parece más “enfocada a formar estudiantes para el mercado”, antes que para la comunidad. Como ya mencionamos, uno de los mayores peligros del “emprendedurismo” con el que el neoliberalismo adoctrina a las masas es hacerle pensar al individuo que su economía debe depender absolutamente de su propio esfuerzo, sin importar las condiciones precarias a su alrededor (por ejemplo, los malos gobiernos que se roban los impuestos de la poblacion, mientras se los perdonan a empresas privilegiadas).

Finalmente, creemos pertinente aclarar una cuestión: por supuesto que es posible (y admirable) salir adelante como emprendedor a pesar de las circunstancias, pero no por ello debemos dejar de intervenir y exigir por condiciones laborales y económicas más favorables para todos a nuestro alrededor: a mayor bienestar social, mayor crecimiento económico para la sociedad.

En conclusión: la necesidad de organizarse y alzar la voz

dsc_0485Mucho queda por decir sobre la UABC, pero por ahora concluiremos con los argumentos planteados a lo largo de este ensayo, con la esperanza de que el lector universitario reflexione sobre su papel social como estudiante y su deber político al interior de su universidad. Para los recién egresados, les queda pendiente comprometerse y participar políticamente en su municipio y su país.

Como habrá comprendido quien haya dedicado su tiempo a la lectura de ambos ensayos, el problema de la participación política de los universitarios es complejo, pero sobre todo, es de naturaleza doble. Por lo tanto, no es justo señalar meramente a la institución como responsable de la apatía y la poca participación política de los universitarios, pues como ya expusimos, los alumnos tampoco han sabido organizarse ni comprometerse con el desarrollo político de su universidad.

Urge la participación universitaria en la política, y es necesario comprender las dimensiones del compromiso que esto conlleva. Tal como lo menciona Edgar Cortez, miembro del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia A.C. (IMDHD), “participar supone dedicarle tiempo, interactuar con otros que tienen el mismo interés, impone discutir propuestas”.

Necesitamos líderes que puedan organizar a los estudiantes apropiadamente, que lleven el diálogo y la discusión política al interior de su institución educativa, que cuestionen los mecanismos que entorpecen la formación universitaria y exijan mayor involucramiento en la toma de decisiones. No necesitamos Sociedades de Alumnos conformistas, sino revolucionarias. Debemos mirar atrás, recuperar nuestra historia y ver cómo los estudiantes luchaban por un cambio juntos hace apenas 30 o 50 años. 

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Estudiantes marchando en la Ciudad de México en 1968. Debemos mirar atrás, recuperar nuestra historia y ver cómo los estudiantes luchaban por un cambio juntos hace apenas 30 o 50 años.

Además, estos líderes deben ser personas capaces de plantear las preguntas fundamentales para la reflexión política, y aventurarse a proponer posibles soluciones ante el panorama de crisis económica y política que se asoma a nivel nacional. Hay infinidad de cuestiones por las que debemos preguntarnos, y de ser necesario, exigir, luchar y construir en comunidad. ¿Qué pasará, por ejemplo, cuando llegue el momento de nuestro retiro, ahora que ya no existen las pensiones para las nuevas generaciones y debemos empezar desde ya a ahorrar en nuestro Afore? ¿Terminaremos trabajando de por vida? ¿Qué podemos hacer ante la caída del peso mexicano —derivada de la privatización del petróleo, fuente máxima del recurso público del país? ¿Cómo organizarnos para luchar contra la privatización de los recursos nacionales?

Un primer paso para incrementar la participación universitaria es luchar contra el veto de silencio voluntario de los cimarrones. Daniel Solorio Ramírez también lo menciona en la columna citada:

“OMERTÁ, LA LEY DEL SILENCIO: Somos una universidad donde casi nadie dice nada que pudiera resultar incómodo a los poderes universitarios de hecho y de derecho. Estamos llenos de rumores, de decires, de chismorreos y desinformaciones. La gran mayoría de universitarios enmudece ante lo injusto, inclusive cuando le toca en carne propia. Tenemos que cambiar”.

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Un primer paso para incrementar la participación universitaria es luchar contra el veto de silencio voluntario de los cimarrones

Como ya vimos, la UABC está muy cómoda con que no se alce la voz ni se exija democracia, libertad de expresión, ni intervención de los universitarios en su universidad. ¿A quién le conviene alentar voces para que le exijan, lo juzguen y le señalen sus defectos? Sólo un organismo autocrítico haría eso, y la UABC está lejos de ser una universidad con esta cualidad. Y una institución educativa que no promueva la autocrítica está muy lejos de convertirse en un centro de estudios que forme estudiantes reflexivos y con pensamiento crítico.

Quisiera concluir reafirmando que este ensayo tiene un solo objetivo: mejorar la universidad de lo que soy un orgulloso cimarrón egresado, y que al igual que mi estado nacional, creo que tiene muchas posibilidades de crecer y convertirse en una institución más libre, democrática y participativa con el trabajo colectivo.

Estas semanas egresan multitud de cimarrones, y con ello, incontables discursos sobre ética, profesionalismo, dedicación, responsabilidad, voluntad y demás sentires y haceres de los estudiantes serán pronunciados en los rituales sociales que representan los actos académicos. No dejemos que las cosas se queden en un discurso que sólo resuene en el teatro universitario, llevémoslo mejor a la práctica. Nuestro futuro y el de las futuras generaciones dependen de ello. Construyamos una identidad revolucionaria cimarrona.

P. D.: Una buena oportunidad para comenzar a participar políticamente desde ya es acudir a la tardeada cultural «Ayotzinapa Vive», que se realizará el próximo domingo 25 de Septiembre en el Monumento a Lázaro Cárdenas, en conmemoración de los 2 años de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

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DANIEL ARELLANO

* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Baja California. Reportero y articulista de A los 4 Vientos. Interesado en el periodismo de investigación, la literatura, el estudio de las ciencias sociales y el desarrollo político del país.