El temblor del 85: entorno político y su impacto en la infraestructura urbana

A 31 años del sismo que devastó la ciudad de México con un incontable número de muertos, heridos y desaparecidos, así como daños materiales que las autoridades cifraron en decenas de miles de millones de pesos, A los Cuatro Vientos presenta dos trabajos de distinguidos miembros de la Academia Mexicana de Ciencias acerca de las repercusiones políticas antes y después del temblor, y los efectos de los sismos en la infraestructura urbana del país. Aquí los textos:

La política en México antes y después del sismo de 1985

En ese año mucha gente tomó conciencia de la importancia de la participación. Se subrayó una cierta conciencia crítica en relación con las instituciones. Mucha gente quedó defraudada por la actuación lenta del gobierno, pero la verdad, la devastación que dejó el sismo había sido tremenda: José Woldenberg.

Academia Mexicana de Ciencias

El doctor José Woldenberg, investigador en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (Foto:
El doctor José Woldenberg, investigador en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (Foto: Internet).

Los daños que ocasionó el sismo de 1985 en la Ciudad de México provocaron una emergencia humanitaria. El caos, la falta de organización y la respuesta tardía del gobierno fueron algunas de las causas que orillaron a los habitantes capitalinos a solidarizarse, «la gente transformó la indignación en acción», sostuvo en entrevista el politólogo José Woldenberg.

El investigador social indicó que hace tres décadas, a causa del temblor, «la gente se transformó, se organizó para buscar a los heridos y damnificados, se volcó en labores como llevar ropa y alimentos».

Pero en medio de una gran tragedia, los damnificados también reclamaron sus derechos. Las costureras se organizaron sindicalmente y la movilización social se hizo evidente. En 1985 la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE), ya tenía ocho años de haber sido publicada, contextualizó.

Esta norma permitía la participación legislativa de otros partidos, nueve en total para 1985 –incluido el Partido Revolucionario Institucional (PRI) –, en las Cámaras de Diputados y Senadores, dijo el  doctor en ciencias políticas por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En julio de 1985 se conformó por tercera ocasión a través de una elección la legislatura federal tras la reforma política de 1977. Desde entonces la complejidad de los procesos electorales había aumentado, dado el crecimiento natural de la población y por las transformaciones en la ubicación social de los votantes.

Pese a que la reforma política había incorporado a la contienda electoral a una gama amplia y numerosa de partidos políticos, «de todas maneras seguía siendo un mundo monocolor el de la representación. El PRI tenía mayoría en ambas cámaras legislativas, pero el sismo y sus secuelas impactaron ese mundo”, agregó.

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El movimiento estudiantil de 1968 contó con la digna y valiente posición de solidaridad e independencia de la rectoría universitaria (Foto: Internet).

Explicó que en años previos el movimiento estudiantil de 1968 dio lugar a rupturas y conflictos en diversas esferas sociales.

“México vivía una paradoja muy grande, una enorme conflictividad en los centros de educación superior, en el campo, en el mundo laboral y había hasta movimientos armados. En 1976, por ejemplo, teníamos unas elecciones en las que había un solo candidato, un solo discurso. Era evidente que había un desfase entre el México real y el electoral”.

Luego, dijo José Woldenberg, cuando llegó a la presidencia José López Portillo, el candidato único en las elecciones, ordenó en 1977 que se redactara la LOPPE, lo que a la postre abrió el camino hacia una mayor pluralidad en el país.

El analista narra en su libro Historia mínima de la transición democrática en México, cómo en el país se pasó, por ejemplo, de un partido hegemónico a una diversidad de partidos; de una presidencia casi omnipotente a un Ejecutivo acotado; de una Suprema Corte de Justicia de escasa relevancia a una que actuó como verdadero árbitro.

En la misma obra, el investigador subraya que la movilización ciudadana que brotó espontáneamente en 1985, cuando era presidente Miguel de la Madrid, acentuó la crisis de representatividad que había heredado López Portillo, aunado a que el empleo informal creció 20% entre 1983 y el año del sismo, se registró una caída drástica del sector productivo y disminuyó el poder adquisitivo de la población.

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Ramón Aguirre, regente de la ciudad de México; Miguel de la Madrid y los secretarios de la Defensa, Juan Arévalo Gardoqui, y de Programación, Carlos Salinas de Gortari: La indiferencia ante la tragedia (Foto: La Jornada).

Para hacer frente a esos problemas, en ese mismo sexenio comenzó la privatización de las empresas estatales y la apertura económica.

De acuerdo con Woldenberg, en 1985 “mucha gente tomó conciencia de la importancia de la participación. Se subrayó una cierta conciencia crítica en relación con las instituciones. Mucha gente quedó defraudada por la actuación lenta del gobierno, pero la verdad, la devastación que dejó el sismo había sido tremenda”.

Un año después, en las elecciones de julio de 1986, el Partido Acción Nacional perdió la gubernatura en Chihuahua con su candidato Francisco Barrio, y dio lugar a una nueva movilización ciudadana. Luis H. Álvarez, líder de aquel partido, comenzó una huelga de hambre de 40 días, se organizaron marchas y cierres de carreteras pues reclamaban que se había tratado de un fraude electoral.

Más tarde, esa sociedad civil organizada modificó la configuración del Distrito Federal y tuvo un impacto en las elecciones federales de 1988 cuando se dio una ruptura al interior del PRI y se creó el Frente Democrático Nacional (antecedente inmediato del Partido de la Revolución Democrática)), una coalición de diversas fuerzas políticas de centro e izquierda que tuvo como candidato a la Presidencia al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

Estos son algunos ejemplos que contextualizan el panorama político de aquellos años, sostuvo el doctor José Woldenberg.

Woldenberg durante el terremoto

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Ante la ausencia del gobierno, la sociedad se organizó y encabezó los trabajos de rescate (Foto: internet).

El 19 de septiembre de 1985 José Woldenberg se encontraba en España. Ese día volvía  a México, pero un problema con los controladores aéreos se lo impidió.

Recordó que su viaje se retrasó 24 horas y que el 20 de septiembre, durante el vuelo de regreso, el piloto habló a través de su radio y se dirigió a los pasajeros para informarles que había ocurrido un fuerte temblor en la capital del país.

En ese momento el investigador pensó en lo exagerado que se había escuchado el piloto cuando en la Ciudad de México tiembla casi todos los días. Pero en el trayecto del aeropuerto a su casa se dio cuenta del alcance del terremoto.

El analista comentó que ese mismo día acudió al cruce de las calles de Reforma e Insurgentes donde se encontraba el Hotel Continental Hilton.

“Era una zona totalmente destruida, como si la hubieran bombardeado. Habían edificios caídos, pero mucha gente ya el día 20 estaba volcada en las calles junto con el Ejército…Era una devastación, hasta antes de ese momento, inimaginable en la Ciudad de México”.

Los sismos y su efecto en las estructuras

El sismo del 19 de septiembre de 1985 no produjo daños en estructuras bajas –como casas– de la Ciudad de México, pero sí en los edificios ya que hubo un empate entre la frecuencia del movimiento, la frecuencia natural del suelo y la de los edificios, y esta resonancia condujo a un desplazamiento mayor al que algunas estructuras podían superar, lo que llevó al colapso de diversas edificaciones, explicó el doctor Sergio Alcocer.

Academia Mexicana de Ciencias

El doctor Sergio Alcocer Martínez de Castro, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, (Foto: Internet).
El doctor Sergio Alcocer Martínez de Castro, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, (Foto: Internet).

Los daños en una estructura a causa de un sismo son variables y dependen del tipo de material y de estructura, sin embargo, los daños que más preocupan a los especialistas son los conocidos como cortante, que se caracterizan por grietas inclinadas en los muros o en las columnas y que pueden conducir al colapso de las estructuras, por ello en las normas de construcción se busca que fallas de esta naturaleza no ocurran.

“Lo que buscamos es favorecer un comportamiento por flexión que permita el desplazamiento de la estructura sin que colapse, este es el caso de las grietas localizadas en la base de las columnas, los extremos de las vigas o en la base de los muros, lo anterior permite que la estructura se deforme y se adapte a los desplazamientos que requiere el temblor, sin que se produzca un colapso o daños graves”, dijo el doctor Sergio Alcocer, del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cuando la estructura, aunque haya sufrido daños por un sismo, no pierde geometría, verticalidad, ni el ángulo –a noventa grados– entre una losa y un muro o una columna,  puede ser rehabilitada; en el caso de una vivienda lo más común es el “encamisado” que consiste en añadir material al muro, como una malla electrosoldada que se fija con un recubrimiento de mortero o de concreto, lo que incrementa la resistencia y rigidez de la estructura y mejora su comportamiento ante un sismo, en ocasiones a niveles superiores a los que tenía originalmente.

Para evaluar el daño esperado en una estructura ante un sismo se deben tomar en cuenta las características del temblor, así como el material del que está hecha, por ejemplo, una vivienda, y si la construcción es apta para resistir fuerzas sísmicas.

De esta manera, si lo que los investigadores buscan es corroborar un modelo de diseño y reducir el daño en una estructura tras un sismo, realizan diversos experimentos con estructuras completas o en elementos de ellas. En el caso de las mesas vibradoras, que son simuladores de sismos, se les colocan componentes de una estructura, como pueden ser los muros o estructuras completas pero de menor escala que la original, porque estudiar estructuras completas requiere mesas vibradoras de gran tamaño y su costo es elevado.

“Este tipo de pruebas también sirven para desarrollar nuevos criterios de diseño y nuevos materiales. Las pruebas en la mesa vibradora se utilizan cuando ya se han realizado otras pruebas, porque los experimentos, que podríamos llamar de confirmación en este tipo de simuladores, son costosos”, explicó el especialista en comportamiento estructural, quien es integrante de la Academia Mexicana de Ciencias.

El Laboratorio de Mesa Vibradora del Instituto de Ingeniería de la UNAM inició actividades en 1997, y tiene como principal característica simular movimientos sísmicos de diversas intensidades. Esta herramienta, de 4x4m, soporta hasta veinte toneladas de peso, lo que ha permitido realizar distintas pruebas, entre las que se encuentran las de respuesta en estructuras de mampostería confinada de varios niveles para viviendas de interés social o la respuesta de un templo virreinal típico.

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¿Aprendió algo México y su gente de aquella tragedia? (Foto: Economía Hoy).

La estructura urbana y el sismo de 1985

El sismo de 1985 no produjo daños en estructuras bajas –como casas– de la Ciudad de México, pero sí en los edificios, ya que hubo un empate entre la frecuencia del movimiento –producido por el sismo–, la frecuencia natural del suelo y la de los edificios, y esta resonancia condujo a un desplazamiento mayor al que algunas estructuras podían superar, lo que llevó al colapso de diversas edificaciones.

“De lo que sucedió hace 31 años con los edificios de la ciudad aprendimos, y ahora los  reglamentos de construcción incluyen requisitos que, de cumplirse, pueden evitar que estos daños se vuelvan a presentar”.

De cómo vivió el temblor del 19 de septiembre de 1985, el doctor Alcocer recordó que realizaba su servicio social en el Instituto de Ingeniería, y tras incorporarse a las brigadas que se organizaron para recorrer las zonas afectadas y tomar datos del número de edificios desplomados, para entender por qué ocurrieron determinados daños en las estructuras de concreto y de mampostería, solicitó su cambio como becario del área de hidráulica a la de ingeniería estructural.

En su nueva área se integró al grupo de trabajo del profesor Neftalí Rodríguez Cuevas y así pudo participar en el proyecto “Sobre vibración ambiental de edificios dañados en el temblor del 85”, y después en un proyecto acerca de la rehabilitación de estructuras con las soluciones que se aplicaron en México tras el sismo, esto en conjunto con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y la Comisión Nacional para la Ciencia lo que llevó al investigador al doctorado en la Universidad de Texas, en Austin.

“El sismo de 1985 representó, desde el punto de vista disciplinario, un cambio en la manera en la que la ingeniería estructural se desarrollaba en México, ya que se actualizaron las normas de construcción. Sin embargo, a tres décadas de ese acontecimiento es necesario reflexionar, como lo haremos en una serie de pláticas a realizarse en los próximos días, en dónde estamos, y si en caso de que un temblor con características similares al del 85 ocurriera, tendríamos menos daño en las estructuras bien construidas y diseñadas”, señaló Sergio Alcocer.