Concierto en un lugar nada desubicado (Crónica del concierto Paté de Fuá)

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Fotografías de Daniel Arellano.

Joaquin Flores* / A los 4 Vientos

Llegó el Viernes, llegó la noche, eran casi las nueve y Paté de Fuá iba a tocar, mis expectativas eran altas, las razones varias, la primera era que no me considero un gran seguidor de la banda conozco apenas tres de sus canciones, pero una de ellas está en mi “playlist”, aquella que hace referencia a los celosos y cuyo ritmo evoca al dixieland. Otra de las razones para ser apático al concierto fue la ubicación portuaria, temía que la brisa del mar se transformara en frío ya que eso me orillaría a bailar, y mi estado de ánimo no era el adecuado para ello, ni tampoco mi calzado.

Previo al concierto se llevó a cabo una ceremonia en la que se entregaron las llaves de la ciudad al Dr. Mario Molina, premio Nobel de Química, ni más ni menos. El Dr. nos dedicó elocuentes palabras de agradecimiento como era de esperar en alguien con su alto nivel intelectual, la humedad creció y si no es por las rechiflas y mentadas que el respetable soltó al escuchar el nombre del presidente de todos ustedes, yo no habría entrado en calor; se optó por no nombrarlo nunca más durante la velada: “no vaya ser el diablo”.

De repente y de manera sutil las melodías invadieron la calma, la banda optó por hacer de ‘Llegó tu amor’ su carta de presentación, sin rodeos; la espera había sido un tanto larga y pensé en que todos les agradecimos que optaran por un discurso corto y dejaran que la música hablara.

El escenario favoreció enormemente al espectáculo. La siguiente canción fue una balada lenta, se prestó para que las parejas se abrazan y mecieran de un lado al otro, casi sentí tristeza por las personas que iban solas; por suerte yo iba acompañado: ‘Nosotros dos’.

Antes de comenzar con la tercera canción Yayo González (vocalista) habló sobre lo que implica ser ‘El extranjero’ pero dejó claro la poca importancia que esto debería tener, aun así no pude evitar cuestionarme por su nacionalidad, le pregunte a mi compañera y me dijo
–yo creo que son Argentinos porque ahí hay una Argentina.
Sin entender su lógica me centré en el discurso y lo relacioné directamente con el tema de las elecciones en “el otro lado” anticipando el peor de los escenarios.

Sonaron las trompetas evidenciando una de las pocas canciones que conozco de la banda, ‘El borracho’, me percaté que esa era la primera vez que estaba en un concierto sin beber alcohol, lo que evidenció algo más, algo personal, le di unos sorbos a mi botella de agua y más que conformarme me confortó.

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El grupo, este 2016 (Foto: Facebook).

La interacción artista-público se hizo presente. En la forma de tocar los músicos dejaron ver que algo planeaban, la atmósfera se tornó romántica ‘Llévame en un beso’ y así su plan dio resultados: sonoros besos se escucharon por todos lados.

‘Ahí viene el tren’ lo noté por el olor a humo, no era producto de alguna maquinaria, tampoco de alguna marca tabaco, alguien se estaba “atizando”, volteé para todos lados pero no vi nada sospechoso, el olor desapareció y lo anterior lo atribuí a una broma del olfato, estaba por terminar la sexta canción cuando una última vez pude corroborar que no era una alucinación olfativa, pero ya no le di relevancia, la canción era muy alegre y dejé que mis pies hicieran señas de aprobación.

Una tonadilla sin letra hizo bailar a los presentes, y con la idea de escribir una crónica en mente me preocupé que fuera más que una simple improvisación y que de verdad se tratara de una de sus canciones conocidas, al no tener alguna referencia más allá del “nanana-nana-nanana-nana” supe que jamás daría con el nombre de la pieza, lo dejé pasar y me dejé llevar un poco más.

Yayo se acercó al micrófono y susurró, el siguiente vals es un corrido, yo pensé que aquello anunciaba ‘La tempestad’ que a partir de ese momento el concierto seria música de banda o norteñas, pero no, ‘El vals de las bicicletas’ llegaba, 1, 2, 3… 1, 2, 3… menos mal.

Las famosas fuentes de colores yacían apagadas desde hace varias decenas de minutos, lo que benefició a la iluminación propia del evento, entre más alejado del escenario más oscuro se hacía, la concha acústica nos cubría y fuera de eso no existía nada más. ‘El soñador’ sonó, fue ahí cuando los primeros signos de cansancio arremetieron contra mí y tuve que moverme para despabilar.

«Esto si es Jazz», escuché a lo lejos mientras ‘La Canción del Linyera’ llegaba a su final, y antes de tener tiempo de asentir fui sorprendido por un solo de batería que terminó de quitar todo rastro de pesadez en mí. La velada estaba en uno de los puntos más altos, eran casi las doce y salió ‘El fantasma enamorado’ acompañado por un “serrucho/violín” de sonido espectral, nos contó su triste historia pero nadie se compadeció, a fin de cuentas todos ‘Vamos a morir’ pensé, y ser un fantasma es mejor que no ser nada.

Todo lo bueno acaba, y el concierto terminó con un buen sabor de boca, una vez que el vocalista presentó a los miembros de la banda nos dejaron de propina dos canciones más, un tango de nombre ‘Muñeca’ y para cerrar con broche de oro mi favorita personal ‘Celoso y desubicado’.

Integrantes Paté de Fuá
Yayo González guitarra y voz principal.
Guillermo Perata banjo y trompeta.
Jorge «Luri» Molina contrabajo.
Alexis Ruiz vibráfono.
Dan Mazor saxofón y clarinete.
Demián Cantilo batería y chupetófono.
Roberto Verastegui piano y acordeón.

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* Columnista de A los 4 Vientos, interesado por la literatura, poesía, música y la ciencia ficción.