Traigo un pueblo en mi voz

Antes que nada, como mujer indígena, me dirijo a la autoridad tradicional Cucapa, para dar las gracias por permitirnos estar aquí, en su Territorio, le doy las gracias a todas las mujeres de los pueblos nativos de este Estado de Baja California, a las mujeres Kiliwas, a las kumiai, a las Paipai, y por supuesto a las Cucapa.

Lucila Hernández García*

Gracias a la Diputada Rosa Icela Peralta, por abrirnos un espacio negado históricamente a nosotras, es la primera vez que esto es posible, y adquiere una mayor relevancia, que sea precisamente en el marco del Día Internacional de la Mujer Indígena, el pasado lunes 5 de septiembre; gracias al secretario general de gobierno, Francisco Rueda Gómez, por todo el apoyo y seguimiento que ha dado a nuestras peticiones.  

En Baja California, se reconoce la presencia de 280,000 habitantes indígenas, de ellos la mitad somos mujeres; es cierto, la inmensa mayoría, somos MIGRANTES, hemos venido de territorios también ancestralmente nuestros del sur del país, hemos venido a vender lo único que nos queda después del despojo de nuestras tierras y huyendo de la pobreza, y de la violencia: nuestra fuerza de trabajo. Hemos escuchado, leído, sobre el fenómeno de la migración en Baja California, pero ¿Dónde están las mujeres migrantes? ¿Quiénes son? Qué hacen? ¿Cómo viven y cómo han sobrevivido? ¿De qué manera han enfrentado diariamente la pobreza, el desamparo?

Las mujeres migrantes en Baja California, indígenas o no, de origen campesino, nos encontramos en el campo como jornaleras agrícolas y en la ciudad como trabajadoras domésticas, como artesanas, como vendedoras ambulantes, pero como mujeres trabajadoras sin ingresos en todas partes.

Hace poco más de un año, tras el movimiento de trabajadores agrícolas en el valle de San Quintín, las mujeres quisimos contar la otra historia de cómo se ha vivido la migración, el trabajo de una vida de mujer asalariada del campo, las jornaleras agrícolas, estamos conscientes y apoyamos sin ninguna duda el derecho a un salario digno, desde hace 18 años, el salario en el campo es el mismo.

Durante el movimiento, fui la única de las mujeres que pude estar en la mesa de diálogo, en un principio, solo como activista, pero gracias a que las compañeras nos reuníamos y platicamos sobre lo importante que era incorporar a la mesa las demandas que tanto habíamos platicado durante años en reuniones y talleres, en las cocinas, en el surco, el tema de la violencia, del acoso, la discriminación, la exclusión, la violencia institucional, sobre todo en relación al tema del acceso a la salud y a la justicia, fue que logramos que fuera incluida como vocera, y así empujamos para que nuestras demandas se incluyeran en el pliego petitorio del movimiento.

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Lucila Hernández, lidezgo femenino en el movimiento de jornaleros y jornaleras agrícolas que estalló en el valle de San Quintín, B.C. el 17 de marzo de 2015 en demanda de aumento salarial y el cese al acoso y agresiones sexuales contra las mujeres.

La vida de la mujer jornalera, empieza a las tres o cuatro de la mañana y termina a las diez u once de la noche con el doble jornal de que salimos de trabajar y seguimos trabajando en casa hasta muy noche, por eso nos enfermamos de desgaste de los codos, cintura y rodilla; de eso nos enfermamos aparte de colitis y gastritis

Exigimos que se nos trate con enfoque de interculturalidad

Que no se nos diga en el Ministerio Público que cuando nos violan y nos golpean y nos acosan son nuestros “usos y costumbres”. No, eso lo reprobamos totalmente, para nosotras nuestros usos y costumbres son: nuestra vestimenta, nuestra comida, nuestro baile, nuestra lengua materna. Reprobamos totalmente la violencia de todas las formas, eso no es parte de nuestra cultura.

Nuestras principales demandas son y han sido:

Hospital de especialidades, becas, guarderías del Seguro Social un derecho ya ganado a casi año y medio del movimiento. También el cumplimiento de los puntos de acuerdo de la mesa de diálogo, el aumento al salario mínimo, aunque reconocemos que ha habido avances, y queremos saber cuáles son las estrategias que se han tomado para resolver el problema o cómo se está llevando a cabo el compromiso de la mesa del diálogo de jornaleros y jornaleras, exigimos el cumplimiento de la demanda de las mujeres porque nos siguen violando, acosando y discriminando como es el reciente caso de una menor de 16 años que fue tratada de una manera grosera por el médico del centro de salud de la colonia Vicente Guerrero, a quien el doctor le dijo “si no te pones lista vas a salir embarazada de tu papá” y ella tuvo que esperar tres días para que le tomaran la denuncia por violación sexual, porque la funcionaria del Nuevo Sistema de Justicia por acuerdos, de nombre Lulú, le dijo que no era un delito y que ella era el filtro que determinaba si pasaba la denuncia al Ministerio Público o no. Además, tanto el sector salud como el de justicia decidieron desconocer la norma 046 a pesar de que se les pidió que se aplicara. La Norma Oficial Mexicana NOM-046-SSA2-2005, que regula la Violencia Familiar, Sexual y Contra las Mujeres. Criterios para la Prevención y Atención, establece que en caso de embarazo por violación, las instituciones públicas prestadoras de servicios de atención médica deberán prestar servicios de aborto médico a solicitud de la víctima interesada.

Las mujeres constituyen la mitad de la fuerza de trabajo como jornaleras agrícolas, pero sus condiciones laborales son más deplorables que las que sufren los hombres, ya que ademas de la doble jornada laboral enfrentan acoso y agresiones sexuales (Foto: Regeneración)
Las mujeres constituyen la mitad de la fuerza de trabajo como jornaleras agrícolas, pero sus condiciones laborales son más deplorables que las que sufren los hombres, ya que ademas de la doble jornada laboral enfrentan acoso y agresiones sexuales (Foto: Regeneración)

Hoy queremos demandar  al Congreso del Estado: primero, que se vote en el pleno legislativo la iniciativa de reforma constitucional sobre el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas de Baja California, la cual ya se sometió a consulta durante el año pasado, y fue entregada en el mes de diciembre a la entonces presidenta en turno del Congreso, diputada Irma Martínez Manríquez, para que a su vez fuera entregada a la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales. No sabemos qué ha pasado, si ha sido votada o no. Sin esta reforma es imposible armonizar las diferentes leyes con enfoque de interculturalidad para que puedan ser adecuadas para beneficio de los pueblos indígenas. Somos el único estado en el país que no ha reformado su Constitución, tal y como lo expresa el artículo segundo constitucional de nuestra carta magna vigente desde el 2002″.

Queremos, además, solicitar, a la SEGOB- CONAVIM, que el Centro de Justicia para Mujeres que ya se anunció y que se construirá en Tijuana, este transversalizado por programas de atención hacia las mujeres indígenas con enfoque intercultural.

El acceso de las mujeres indígenas a la justicia con enfoque intercultural debe ser garantizado. Esto significa que merecemos ser respetadas, que la discriminación por ser mujeres indígenas quede atrás, porque tenemos derecho a mantener nuestras raíces culturales, no queremos negarlas para ser aceptadas en la sociedad, muy al contrario queremos que se reconozca que la diversidad cultural es una de las mayores riquezas que tiene este estado y esa riqueza la damos los pueblos indígenas.

Por eso es urgente garantizar el acceso de las mujeres indígenas a la justicia, a una justicia con equidad y respeto a nuestras culturas.

Exigimos se cree la agenda de género con enfoque de  interculturalidad con los tres niveles de gobierno, para dar seguimiento a la erradicación de violencia de todas las formas que sufrimos las mujeres indígenas y no indígenas.

*Discurso de Lucila Hernández, directora general de la Alianza de Mujeres de Diversos Colores, A.C. pronucniado en la Primera Audiencia Legislativa con Mujeres Jornaleras Agrícolas, que se efectuó el 7 de septiembre de 2016 en el Salón de Mujeres Forjadoras del Congreso del Estado.