UABC: sin espacios para la democracia ni la libertad de expresión

En la primera parte de nuestro ensayo, publicado a manera de artículo en 4vientos hace una semana, hablamos sobre uno de los mecanismos institucionales que más contribuyen al clima de apatía política entre los universitarios: la burocracia kafkiana de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

Daniel Arellano Gutiérrez* / A los 4 Vientos

En aquella entrega, concluimos que el sistema burocrático-administrativo de la UABC —en particular de la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales (FCAyS) — genera en los estudiantes una sensación de impotencia en cuanto a su actitud política se refiere, despojando a los universitarios de toda voluntad de intervención y cambio político —traducida en una extendida apatía e indiferencia estudiantil—, y dejando en su lugar la impresión de que “las cosas no pueden cambiar” en su institución educativa. ¿Cómo cambiar o intervenir en algo tan complejo como la universidad, siendo tan difícil conseguir algo tan sencillo dentro de ella como una materia en el kardex?

En dicho trabajo expusimos cómo la burocracia y los engorrosos trámites universitarios, necesarios para conseguir un papel o una firma, tienen como consecuencia indirecta que los alumnos no intervengan en el desarrollo político al interior de su universidad.

En esta ocasión, retomaremos el análisis de la máxima casa de estudios bajacaliforniana, poniendo ahora el ojo crítico sobre la estructura anti-democrática y autoritaria de la institución educativa más grande del estado. En particular, expondremos cómo esta estructura organizacional vertical se acopla perfectamente con la burocracia institucional universitaria, para difundir una idea clave en las conciencias de los cimarrones: no es posible participar en el desarrollo político de su universidad.

Una institución sin democracia ni libertad de expresión

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UABC, una institución de corte autoritario y jerarquía organizacional vertical

Bien sabido es que la UABC, como centro de enseñanza a nivel estatal, no es reconocida por ser una institución muy democrática ni participativa. Por el contrario, la UABC representa más bien un organismo institucional de corte autoritario y jerarquía vertical en la toma de decisiones.

Esto lo podemos observar en FCAyS si prestamos atención a la cultura política que promueve la institución, donde los mecanismos de comunicación y participación entre estudiantes-administración-directivos están diseñados para que los alumnos no se involucren “demasiado” en la toma de decisiones de su universidad. La opinión de los estudiantes no tiene, pues, mucha cabida entre los muros cerrados de la dirección.

Lo anterior se puede constatar observando el papel que desempeña la sociedad de alumnos, supuesta representante de los intereses, necesidades, quejas y exigencias estudiantiles frente a la administración. Este grupo es el ejemplo perfecto de las limitaciones que tienen los estudiantes al momento de involucrarse en las decisiones y los cambios institucionales de su institución educativa, pues todo el poder que se le confiere a la sociedad de alumnos es el de “gestionar” las exigencias de los alumnos, peticiones que fácilmente pueden ser ignoradas, tergiversadas o traspapeladas por los diferentes cargos universitarios; claro, esto cuando llegan a ser atendidas por la sociedad de alumnos, que suele dedicarse a tareas de mayor importancia y trascendencia, como la organización de la fiesta de bienvenida de los nuevos cimarrones en los antros de la ciudad.

La sociedad de alumnos bien podría ser análoga a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) a nivel estatal, entidad gubernamental cuya función está limitada a brindar “recomendaciones” sobre el actuar político de los gobiernos federales (por ejemplo, en el caso Ayotzinapa), pero cuyas opiniones pueden ser consideradas o desechadas por el gobierno en turno según le plazca.

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La Sociedad de Alumnos es una simulación democrática al interior de la universidad

Esto habla de que el poder político de los estudiantes dentro de su universidad es una simulación, una apariencia. Representa un simulacro democrático que va preparando a los estudiantes para lo que les espera afuera como ciudadanos: un gobierno que no tiene intenciones de escucharlos ni involucrarlos en el desarrollo político de su país.

En el siguiente artículo volveremos a tocar el tema de la sociedad de alumnos, pero por ahora, basta con dejar claros los límites de este grupo “representativo” de los estudiantes, en cuanto a intervención y participación política universitaria se refiere.

Continuando con el verticalismo organizacional de la UABC, la elección de altos cargos institucionales es otro ejemplo de cómo los mecanismos internos de esta universidad están diseñados para ignorar la opinión de los estudiantes, sobre todo al momento de tomar decisiones concernientes al desarrollo político de su centro de enseñanza.

Es bien sabido que la elección del rector se lleva a cabo dentro un comité cerrado y de corte elitista (que tampoco es elegido democráticamente), donde pocas (mínimas) voces deciden sobre algo que le afecta a muchos. ¿Alguna vez los altos cargos universitarios les han preguntado a los estudiantes a quién quieren de rector? ¿A quién quieren como vicerrector? ¿Alguna vez les preguntarán? ¿Por qué no iniciar un proceso de elección democrática al interior de la universidad, para interesar desde temprana edad a los más jóvenes en la intervención y participación política de su escuela, y posteriormente, de su país? ¿O será que, por el contrario, quienes ostentan estos cargos no desean ver una comunidad estudiantil despierta y participativa? Muchas preguntas, pocas respuestas.

Libertad de expresión
La UABC ha confundido proselitismo con discusión y expresión política y artística

Otro factor a considerar dentro de la verticalidad organizacional de la UABC, la ausencia de procesos democráticos y la escasa participación política de los universitarios al interior de su universidad, es el autoritarismo institucional, que se traduce en escasas posibilidades de libertad de expresión juvenil al interior de su campus.

El proselitismo y la militancia política dentro de las instalaciones universitarias están prohibidos por el estatuto escolar, esto con el objetivo de mantener la autonomía de la institución y evitar que los estudiantes se vean rodeados a diestra y siniestra por propaganda partidista.

Sin embargo, la UABC (en particular la FCAyS) ha confundido proselitismo con discusión y expresión política y artística, pues los universitarios tampoco cuentan con muchos espacios donde expresar su inconformidad y opinión sobre los asuntos políticos nacionales, una situación que no favorece el involucramiento y compromiso de los estudiantes cimarrones con las problemáticas políticas del país.

Las vías alternativas de participación política, como pueden ser las expresiones artísticas en murales, graffitis, performance, pinturas, exposiciones fotográficas, ciclos de cine, carteles y mil etcéteras más no son promovidas por la institución, sino ignoradas y silenciadas (o en su defecto, encapsuladas en la Facultad de Artes). Por si fuera poco, uno de los escasos espacios de expresión de la FCAyS —cuatro vidrios desplegados al lado de los baños cerca de la cafetería universitaria— fue clausurado esta semana; si será reabierto más adelante, es una pregunta que dejamos pendiente y que debe responder la institución.

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Uno de los pocos espacios de expresión de la FCAyS —cuatro vidrios desplegados al lado de los baños cerca de la cafetería universitaria— fue clausurado esta semana

Si un alumno busca llevar a cabo una exposición fotográfica, un cine club, o cualquier otra actividad de expresión y/o crítica artística y/o política, primero tendrá que pasar por una serie de aprobaciones, sellos y firmas de los diferentes cargos universitarios: tendrá que sumergirse en el entramado de la burocracia kafkiana universitaria, y jugárselas para conseguir el visto bueno de su proyecto (que como ya vimos en el artículo anterior, no es cosa fácil de lograr).

Claro, lo anterior si el alumno tiene la iniciativa suficiente para acercarse y comprometerse a llevar a cabo una actividad de este tipo, en un escenario institucional donde nadie (o pocos) lo invitan a que lo haga, y donde los mismos estudiantes no se interesan por este tipo de acciones.

Pareciera que, para la UABC, fuese más atractivo que los alumnos se quedasen callados como lo han hecho hasta ahora: “no sea que se vayan a despertar conciencias políticas por aquí y por allá, y que luego exijan más derechos e intervención estudiantil al interior de la institución, no sea que se vayan comprometiendo de verdad con su universidad”. Algo así han de pensar los altos cargos directivos a nivel estatal.

Cabe mencionar que no todo el panorama es oscuro. En la universidad existen muchos profesores, investigadores y trabajadores que promueven la participación (tanto política como artística) de los estudiantes, realizando dinámicas de clase o eventos al interior de la universidad.

Un ejemplo de ello son las Jornadas FCAyS, donde se realizan todo tipo de actividades culturales, académicas y artísticas, gracias a que muchos jóvenes aprenden a organizar eventos y se animan a participar expresando sus diferentes talentos, opiniones e inquietudes. Es la abundancia de este tipo de actividades lo que los estudiantes deben perseguir y exigir.

Las Jornadas FCAyS representan uno de los pocos espacios donde los alumnos tienen la oportunidad de expresarse
Las Jornadas FCAyS representan uno de los pocos espacios en donde los alumnos tienen la oportunidad de expresarse

A su vez, la institución debe promover más espacios como estos, pues por desgracia las Jornadas FCAyS se realizan sólo una vez por semestre, lo que se traduce en muy poco espacio/tiempo para decir y gritar todo lo que los jóvenes quieren expresar.

¿Por qué no incentivar y convocar a los estudiantes a que desarrollen sus propios proyectos expresivos? ¿Por qué no desarrollar y facilitar el acceso a más espacios de expresión estudiantil al interior de la universidad? ¿Por qué no generar mecanismos institucionales de participación política universitaria, en vez de apostar por una estructura organizacional de corte vertical, autoritaria y excluyente? ¿Por qué no democratizar los procesos electorales de la universidad? Más preguntas que también buscan respuestas.

La escuela es, para muchos estudiantes, un segundo hogar, su «máxima casa de estudios», y por lo mismo, una de sus responsabilidades primordiales debería ser enseñarles a los cimarrones valores como la participación democrática, el compromiso social y la libertad de expresión. Curioso es que muchas de las carencias formativas y deficiencias administrativas que venimos exponiendo en este ensayo formen parte de la «Visión» y «Misión» de la UABC. Esto, claro, en el discurso, porque en la práctica, «la formación de individuos competentes, con valores universales y perspectiva crítica, comprometidos con la problemática y el desarrollo sustentable de su comunidad», la universidad está rotundamente reprobada.

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La Misión y Visión de la universidad se ve muy bien en el discurso, pero no tanto en la práctica

Para concluir, quisiéramos aclarar que a pesar de los argumentos aquí planteados, no podemos señalar únicamente a la UABC como responsable de todo el clima de apatía política entre los estudiantes universitarios, pues como ya mencionamos en el primer artículo que forma parte de este  ensayo, hay variables de la voluntad política juvenil que son exclusivas de los jóvenes.

Retomando esta idea y entrelazándola con las variables contextuales de los mecanismos institucionales universitarios, en el siguiente artículo veremos que los alumnos tampoco han sabido (ni querido) organizarse para exigir un verdadero cambio al interior de la “Universidad pública número 1 en el noroeste del país”. Siendo la última entrega de este ensayo fraccionado, analizaremos nuevamente un fenómeno que debería resultar de gran interés para todos los estudiantes: la identidad cimarrona.

DANIEL ARELLANO* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Baja California. Reportero y articulista de A los 4 Vientos. Interesado en el periodismo de investigación, la literatura, el estudio de las ciencias sociales y el desarrollo político del país.