El ostento de la clase política: vivir y gobernar como rey

“Hay gente que adora la plata y se mete en la política, si adora tanto la plata que se meta en el comercio, en la industria, que haga lo que quiera, no es pecado, pero la política es para servirle a la gente”

José Mujica, ex presidente de Uruguay

Daniel Arellano Gutiérrez* / A los 4 Vientos

El ostento de la clase política es la exhibición del lujo, la vanidad y la comodidad con la que viven los servidores públicos, es una práctica que generalmente se lleva a cabo gracias al enriquecimiento ilícito y el robo al erario, y que se traduce en políticos elitistas que presumen un estilo de vida de celebridad, mientras en el país millones de pobres viven en condiciones precarias. ¿Cuál desigualdad?

A pesar de vivir bajo una supuesta “república democrática”, México es el perfecto representante de cómo la sociedad occidental heredó la estructura social y política de las monarquías: al mero estilo de Los Miserables, los de abajo ruegan por un trozo de pan y se les castiga si lo roban, mientras que los de arriba compran casas multimillonarias y los vestidos más caros en el mercado a través de la misma acción, y “no pasa nada”. ¿La diferencia? La impunidad. A uno se le castiga, al otro se le aplaude, o en su defecto, se le desprecia, pero hasta ahí llega la rendición de cuentas. Seguimos viviendo, pues, en una sociedad monárquica y clasista, donde sólo le cambiamos de nombre al que gobierna (o mejor dicho, oprime y explota).

"Diferencias" entre Monarquía y República. Fuente: El informador
«Diferencias» entre Monarquía y República. Fuente: El informador

El ostento y el clasismo político no son nuevos, llevan décadas arraigados en nuestro tejido político nacional. Sin embargo, con el surgimiento de nuevos medios independientes, y la participación de los ciudadanos mexicanos en las redes sociales, cada vez es más fácil detectar personajes que incurren en esta serie de prácticas déspotas.

La semana pasada la población atestiguó una muestra más del ostento de nuestros gobernantes: la denominada #Ladygucci. Este fue el nombre que los usuarios de redes sociales le pusieron a Claudia Acompa Islas, alcaldesa panista de Santiago Tuxtla —una de las zonas más pobres del estado de Veracruz—, quien con un salario mensual de 50 mil pesos, apareció en los festejos patronales de la localidad con un vestido Gucci de 200 mil pesos.

Además, la servidora pública contrató los servicios del maquillista de la Gaviota por la misma cantidad, dando un gasto total de 400 mil pesos por verse despampanante frente a la población indígena. Por si esto fuera poco, los hijos de la alcaldesa también llevaban prendas de la misma marca y de precios equivalentes: un pantalón de 20 mil pesos, una camisa de 10 mil pesos y un par de zapatos de 15 mil pesos. ¿Cuántas becas pudieran brindarse con todo ese dinero?

El ejemplo más evidente del ostento político es el mismo presidente de la república mexicana, Enrique Peña Nieto. Durante todo el sexenio los mexicanos hemos sido testigos de las abundantes “comodidades” del presidente y el estilo de vida lujoso de su familia de telenovela. Ya sea con los vestidos carísimos de su esposa, las compras millonarias de sus hijas en Beverly Hills, los viajes de placer semanales de su hijo, o el mismo Peña paseando a 400 invitados en una ceremonia en Francia, la verdad es inocultable: nuestro presidente y su familia viven como reyes.

Lujosa vida del hijo de Peña Nieto, Alejandro Pretelini
Lujosa vida del hijo de Peña Nieto, Alejandro Pretelini

El clasismo de Peña también se ha visto expuesto al escrutinio público en reiteradas ocasiones, sobre todo tras la investigación de la periodista Carmen Aristegui, quién develó la posesión de una Casa Blanca en las Lomas de Chapultepec con un valor aproximado de 86 millones de pesos, conseguida a cambio de concesiones con el colectivo empresarial Grupo Higa. Otro de los lujos más señalados del presidente en turno es el avión presidencial, transporte que tuvo un costo de 8 mil 070 millones 56 mil 335 pesos mexicanos, un gasto que valió la pena a cambio de que nuestro querido presidente viaje cómodamente en sus escapes internacionales.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, esta semana Peña Nieto decidió tomarse unas breves vacaciones con su familia, y seguramente no se quedará en un hostal…

El despilfarro en casa: los vuelos de Kiko Vega

Kiko Vega y Peña Nieto. Fuente: Internet
Kiko Vega y Peña Nieto. Fuente: Internet

El despilfarro y el ostento de nuestra clase política es uno de los mayores problemas de la nación, pues desemboca en que se ahoguen los presupuestos de diferentes rubros ciudadanos a cambio de que los servidores públicos puedan “desempeñar su labor” con mayor “comodidad”. La semana pasada, el portal digital Plex dio a conocer un reportaje que señala cómo el gobernador de nuestro estado, Kiko Vega, lleva a la práctica el mismo hábito de despilfarro que el presidente de la república.

En síntesis, el trabajo periodístico de Plex documenta los gastos excesivos que el gobernador ha realizado para su traslado durante su gestión estatal. Un dato que resalta, de entre todos los presentados por la investigación de Plex, es que el mandatario realizó un total de 174 vuelos en los últimos ocho meses (240 días), viajes que efectuó en dos aeronaves distintas, y en su mayoría recorrieron distancias que tomarían sólo una hora por carretera.    

Para que quede clara la millonaria inversión de nuestro gobernador en su traslado, reproducimos a continuación la siguiente información de la investigación de Plex:

Sólo para poder mantener este modo de traslado, durante los años 2015 y 2016, el Gobierno del Estado destinó la cantidad de 22 millones 636 mil 601.28 pesos en mantenimiento de sus dos unidades aéreas y otros 2 millones 683 mil 833.33 pesos, por la compra del Turbo Commander, modelo 1980”.

En otra parte del reportaje, el portal Plex denuncia que las cifras se traducen en una verdad incómoda: se ha gastado más en el mantenimiento de los aviones del gobernador, que el presupuesto destinado al sector ecológico y los gastos de pensiones y jubilaciones juntos.

Kiko Vega sigue el mismísimo ejemplo de Peña Nieto, y sin escatimar en gastos, ha decidido adoptar la idea presidencial de que el lujo y el despilfarro son imprescindibles para sus viajes “de trabajo”, con lo que reproduce un mensaje evidente: la comodidad del gobernador es prioritaria a la atención de las necesidades del pueblo.

Es indignante que nuestros gobernadores puedan vivir como reyes (literalmente, con esclavos y toda la cosa), habiendo 52 millones de pobres en todo el país, y una clase baja que no gana más de $73 pesos por día como salario mínimo. La desigualdad entre gobernantes y gobernados es evidente, y sólo nos recuerda que todos los mexicanos tenemos un asunto pendiente: sacar al PRI del poder, y desarrollar políticas públicas que le impidan a los políticos corruptos hacerse de fortunas millonarias a costa del erario.

El avión presidencial, que al final tuvo un costo total de 8 mil 070 millones 56 mil 335 pesos
El avión presidencial, que al final tuvo un costo total de 8 mil 070 millones 56 mil 335 pesos. Imagen: Monero de James

¿Cuántos Casas Blancas más tendremos que tolerar? ¿No ha sido suficiente con el enriquecimiento ilícito de todo el gabinete presidencial y los gobernadores de Yucatán, Veracruz, y Coahuila (todos del PRI), por mencionar un par de ejemplos de los cientos que abundan en México? ¿Tendremos que esperar a que Kiko Vega compre otro avión para exigir rendición de cuentas?

Claro que mientras el Congreso de la República continúe mutilando leyes como el 3 de 3, y el presidente de la república promueva Sistemas Nacionales de Anticorrupción que no le puedan hacer ni cosquillas, las posibilidades de maniobra serán muy limitadas.

Sin embargo, si algo nos ha demostrado la CNTE los últimos meses es una cosa: la acción social organizada puede tener efectos contundentes en el desarrollo de la política nacional y la exigencia de justicia. Reiteramos algo que no nos cansamos de repetir en este espacio: tenemos que comenzar a organizarnos, tenemos que iniciar la discusión político-económica, tenemos que despertar nuestra conciencia política, y por qué no, encender nuestra conciencia de clase de una vez. De no hacerlo, la desigualdad seguirá siendo la norma, en un país donde el rey goza de un millón de privilegios y comodidades gracias a un sistema que favorece la explotación y la sumisión del pueblo mexicano.  

DANIEL ARELLANO
* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Baja California. Reportero y articulista de A los 4 Vientos. Interesado en el periodismo de investigación, la literatura, el estudio de las ciencias sociales y el desarrollo político del país.