La Quincena de la Ciencia: Tenemos un eficaz antibiótico en el moco de la nariz

 La vaquita marina es una de las seis especies de marsopa que hay en el mundo, el grupo de cetáceos más pequeño. Viven en la reserva de la biósfera del alto golfo de California, más o menos entre San Felipe, el delta del río Colorado y Puerto Peñasco.

Joaquín Bohigas Bosch/ A los 4 Vientos

Habitan lagunas turbias, poco profundas y no muy alejadas de la costa, y se alimentan de truchas, corvinas, crustáceos y calamares. Por lo general nadan solas o con poca compañía. Se les ve poco, pero se cree que en circunstancias normales, las vaquitas marinas pueden llegar a vivir hasta veinte años, alcanzan su edad reproductiva a los tres, tienen una cría cada dos años y amamantan durante poco más que seis meses.

Calculan que a fines de 2015 quedaban tan solo unas 60 vaquitas. Está clasificada como en peligro crítico de extinción. Si no se reduce drásticamente la tasa de extinción, es probable que no quede una sola de ellas antes de terminar la década (Mayo 10-13, 2016, 7º encuentro del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita, CIRVA, Ensenada).

No hay una industria dedicada a la pesca de la vaquita marina. Este mamífero está desapareciendo por quedar atrapado en redes de pesca. Recientemente, se usan grandes redes en la pesca furtiva de la totoaba, otra especie endémica y supuestamente protegida del alto golfo de California.

La totoaba alcanza a medir dos metros y pesar cien kilos, pero el buche es la única parte que hoy en día se comercializa. Como los cuernos de rinoceronte y las patas de tigre, hay chinos que creen que es un afrodisíaco. Por tener dificultades para calentar sus “motores”, estos supersticiosos han puesto a la totoaba en la lista de animales en peligro de extinción.

Hace un año, en el aeropuerto de Tijuana, detuvieron a un traficante chino con 274 buches de totoaba. Cada buche se vende en 20 mil dólares. Presionado por organizaciones ambientalistas, el 16 de abril de 2015 el presidente anunció un programa de rescate y conservación de la vaquita y la totoaba, que incluye un apoyo económico a los pescadores. Sirvió de poco.

A fines de marzo, hubo un enfrentamiento a tiros entre pescadores furtivos y la policía. Los pescadores llevaban 121 buches de Totoaba. Uno de ellos murió en el enfrentamiento. Se dice que el “compa Pepe” era un conocido “buchero” del golfo de Santa Clara y que el gobierno le daba 100 mil pesos mensuales para que dejara a las totoabas en paz. Es claro que para combatir el tráfico ilegal, hay que empezar por la erradicación (literal) de los grupos criminales que probablemente se organizan en complicidad con funcionarios de gobierno.

La tragedia de la vaquita ha trascendido fronteras. Tanto así, que ocupó un lugar destacado en la lista de temas ambientales tratados por Obama y Peña en su reciente reunión. Según un documento de la Casa Blanca, se comprometieron en “intensificar la cooperación bilateral para protegerla” y establecieron que México prohibirá permanentemente el uso de  redes de pesca en el hábitat de la vaquita y que ambos países colaborarán para detener de inmediato el tráfico de buches de totoaba (Julio 22, 2016. Fact Sheet: United States-Mexico Relations).

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Por su parte, los investigadores preocupados por la preservación de esta especie están empezando a explorar alternativas poco convencionales para lograr su salvamento.

A diferencia de los delfines, es muy problemático mantener a las marsopas confinadas; son muy sensibles al estrés y al ruido, y tienen ritmos cardiacos muy elevados. Sin embargo, hace poco un acuario holandés logro albergar, rehabilitar y reproducir marmotas en cautiverio.

Tomando en cuenta el éxito de la reintroducción del cóndor californiano (en 1985 quedaban 9 ejemplares salvajes), contemplan la posibilidad de salvar a la vaquita aplicando las técnicas aprendidas en Holanda. Reconocen que es un problema más complejo que el del cóndor, pues incluye la localización y captura de estas evasivas criaturas (consideran usar delfines entrenados), su transporte en camillas especialmente acondicionadas y su mantenimiento, reproducción y reintroducción al medio natural.

A algunos les desagrada mucho esta idea, ya que es muy elevado el riesgo que hay de matar a la vaquita mientras es capturada. Considerando que quedan menos de 60 animales, es un riesgo excesivo. Otro argumento en contra, es que ofrece una excusa para que el gobierno mexicano no cumpla con sus compromisos.

Tomando todo esto en cuenta, los expertos concluyeron que es necesario explorar la posibilidad de preservar esta especie mediante medidas de conservación ex situ, que la captura de todas las vaquitas que aún viven no es una medida viable para la preservación de la especie y que lo más importante es que sean protegidas en su hábitat natural (Mayo 10-13, 2016, 7º encuentro del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita, CIRVA, Ensenada).

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Para ello, es necesario suspender de inmediato el uso de redes de pesca en esa zona del golfo, exterminar el tráfico de buches de totoaba e inventar redes de pesca que tengan muy pocos efectos nocivos. Si nada de esto funciona a corto plazo, creo que lo menos malo es intentar salvar al mayor número de individuos y esperar que las cosas cambien.

Antibiótico descubierto en la nariz

Por ser la medicina más efectiva para combatir infecciones de origen bacterial, los antibióticos han salvado millones de vidas desde que fueron descubiertos en 1928. Pero las bacterias tienen ciclos reproductivos muy cortos y no tardan en producir generaciones resistentes al antibiótico. Por eso, desde un principio se dijo que deben ser usados con moderación.

Pero no hemos hecho caso. Ha habido un uso excesivo de antibióticos para la salud humana y, sobre todo, un empleo insensato en la industria de la carne, donde se les usa para engordar y acelerar el crecimiento de los animales, y prevenir la propagación de epidemias en los corrales en donde los apiñan.

Entre fines de 1960 y principios de 1980, la industria farmacéutica creó muchos antibióticos para intentar atajar el problema de la resistencia bacterial. Como es un problema persistente que reporta pocas utilidades, desde entonces se redujo tres veces la introducción de nuevos antibióticos. Como es de esperar, han ido en aumento las enfermedades debidas a infecciones bacteriales.

Teniendo en mente el pobre estado en el que se encontraba la salud pública hasta antes del descubrimiento de la penicilina, la Organización Mundial de la Salud argumenta que el desarrollo de nuevos antibióticos es una labor prioritaria. En poco más de un año se han dado dos buenas noticias.

Más de un antibiótico proviene del suelo, pero todos han sido descubiertos y desarrollados en laboratorios. Tras inventar una técnica para producir colonias bacteriales en la tierra, un grupo de científicos identificó un antibiótico capaz de destruir varios tipos de bacterias patógenas (Lin et al. Enero  7, 2015, Nature). De hecho, hasta ese entonces no habían encontrado una capaz de resistirlo.

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Pero lo que más entusiasmó a quienes trabajan en este campo, es que habían descubierto un enorme territorio para buscar más y quizá mejores antibióticos. Hace unos días, otros investigadores reportaron que en nuestro cuerpo también hay una gran cantidad de antibióticos por descubrir.

La nariz está llena de pelos y mucosidades que calientan, humidifican y filtran el aire que respiramos. Son una de las primeras líneas de defensa en contra de patógenos externos. La mayor parte de ellos muere atrapado en esa jungla viscosa, salina y pobre en nutrientes.

El moco es una de las fosas sépticas de nuestro organismo y, como sucede con la composta, es un hábitat de calidad suficiente para algunos bichos. Por ejemplo, uno de cada tres de nosotros tiene una colonia de estafilococos dorados en la nariz. Estas bacterias pueden producir desde infecciones cutáneas leves, hasta enfermedades de alto riesgo, como meningitis, sepsis y neumonía. Como puedes imaginar, corren mayores riesgos los tienen la nariz colonizada.

¿Pero cómo es que los estafilococos que viven en la nariz no se reproducen desenfrenadamente, se meten a nuestro cuerpo por algún resquicio, lo invaden y luego lo enferman hasta terminar con él?

Considerando que es muy pobre el contenido nutritivo del moco, Zipperer et al. (Julio 27, 2016, Nature) razonaron que es suficiente que haya otros bichos compitiendo por la comida.  Uno de ellos, estafilococus lugdunensis, resultó ser particularmente bueno para prevenir el crecimiento expansivo de los estafilococos dorados (entre paréntesis, los lugdunensis también producen graves enfermedades infecciosas, como la ostiomelitis, la artritis y la endocarditis).

Estudiando a 187 pacientes hospitalizados, vieron que no había trazas de dorados en las narices que tenían lugdunensis y comprobaron que estos no se comen a los dorados, sino que se deshacen de ellos secretando un antibiótico mortal. Los investigadores sintetizaron este antibiótico en su laboratorio y constataron que los dorados se morían como moscas y que no evolucionaron un mecanismo de resistencia durante 30 días.

Es importante haber descubierto estos dos nuevos antibióticos y es posible que los veamos en farmacias y hospitales si son realmente efectivos y no tienen efectos nocivos. Pero lo más importante de estas investigaciones (ambas realizadas en universidades públicas), es que han encontrado nuevos mundos para buscar el siguiente antibiótico capaz de matar a la siguiente bacteria resistente (¿por los siglos de los siglos?)

JOAQUIN BOHIGAS BOSCH* Joaquín Bohigas Bosch. Doctor en Ciencias. Físico-astrónomo. Investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)