Las caras de la censura en México: clausurar, demandar, matar

Uno de los problemas más graves en el México contemporáneo es la censura periodística, fenómeno que sigue reproduciéndose por todas las esquinas del territorio nacional.

Daniel Arellano Gutiérrez* / A los 4 Vientos

Los hechos ocurridos la semana pasada (demanda contra Aristegui, asesinato de un periodista en Veracruz) son una prueba contundente de que silenciar periodistas sigue siendo una práctica popular entre las diferentes cúpulas del poder en el país, donde los ataques y afrentas contra los profesionales de la información provienen de todas partes: del gobierno, de los medios de comunicación, de las empresas privadas, y también del narcotráfico.

En el siguiente artículo exploraremos tres métodos para silenciar la labor periodística: eliminar los espacios informativos críticos, demandar a los comunicadores, y por último, asesinar a los periodistas, todos estos representando diferentes formas de evitar que se difunda la información, todas con un único objetivo: impedir que el periodista comunique, exponga y analice los hechos noticiosos.

Eliminar los espacios informativos críticos: el caso de A los 4 Vientos

Imagen: Internet

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Una de las estrategias más comunes utilizadas por los diferentes grupos de poder para silenciar periodistas, es dejarlos sin espacios mediáticos. Como sabrá el lector, el “espacio mediático” es la expresión que se utiliza para nombrar el área total que integran los diferentes canales comunicativos de un lugar determinado. Un ejemplo sencillo: el espacio mediático de la televisión nacional son los diferentes canales por donde se transmite su programación. Bueno, lo mismo ocurre con la radio: el espectro radiofónico por donde viajan las ondas sonoras tiene un límite, una cifra definitiva, y por lo tanto, dichos espacios se distribuyen entra las diferentes cadenas de radio: el gobierno los concesiona a empresas privadas de medios de comunicación.

El problema surge cuando los intereses políticos y económicos de los concesionarios (los dueños un pedazo del total del espacio mediático) entran en conflicto con los contenidos editoriales de un programa. Es entonces cuando ocurre una de las prácticas más comunes de censura periodística: eliminar los espacios informativos donde se trabaja con rigor, criterio y compromiso.

La eliminación de espacios informativos se lleva a cabo de varias maneras, es una práctica déspota que va desde el despido de reporteros, hasta la clausura de programas críticos en los diferentes espectros que ocupan los medios de comunicación (específicamente hablando de radio y televisión). El caso que aquí citaremos brevemente es de carácter más que reciente, y le atañe precisamente al grupo editorial donde se publica este artículo: el programa de radio de A los 4 Vientos, clausurado el pasado 15 de Junio del presente año por el dueño de la estación XS 92.9FM, Rommel Arvizu Rashid.

¿Los motivos de la censura? Comunicar una invitación de protesta concerniente al ex candidato independiente ensenadense Omar García, después de que Rommel lo “prohibiera”. Después de la cancelación del programa, Javier Cruz, director general de A los 4 Vientos, publicó un texto describiendo que la censura al periodista (y al programa) fue sistemática a lo largo de su colaboración con el concesionario, iniciando con el veto de la Coordinadora Editorial, Olga Alicia Aragón, y llegando al punto de prohibirle: tocar temas y actores políticos específicos (sobre todo del PRI), tener invitados especiales de CICESE (sin primero pagar una cuota de por medio), entrevistar a candidatos contrarios a los intereses políticos de Rommel (militante priista), entre un largo, largo etcétera de violaciones a la libertad de prensa (para más información, consultar el siguiente enlace: http://www.4vientos.net/?p=44368).

Mafalda, personaje del caricaturista argentino Quino (Foto: Internet).
Mafalda, personaje del caricaturista argentino Quino (Foto: Internet).

Han pasado poco más de un mes desde que este programa de radio quedó fuera del aire, dejando a una audiencia inmensa sin su dosis informativa mañanera al alcance de la radio de su auto, de su sala, de su cocina o de su celular. ¿El impacto? Difícil de medir, fácil de conjeturar. Desde la cancelación del programa, no son pocos los ciudadanos porteños que experimentan por las mañanas un vacío informativo: la censura ha cobrado sus víctimas, dejando a miles de ensenadenses sin su porción matutina de noticias.

Si bien el programa de radio de A los 4 Vientos sigue publicándose a través de Internet (en este mismísimo portal), los alcances no son para nada los mismos. Esto se debe en parte a que los espacios informativos en Internet y en los medios de comunicación convencionales son de naturalezas, accesos, dinámicas y alcances muy distintos. Si comparamos, por ejemplo, el acceso que la población mexicana tiene a Internet con el acceso que tiene a la televisión, veremos que la brecha entre ambos es inmensa. Por ello, censurar espacios informativos críticos en los medios de comunicación masiva (como la televisión y la radio) supone un crimen de una vileza inmensa: es dejar a miles de personas sin información verídica para reemplazarla por simulaciones de la realidad.

En cuanto a la eliminación de espacios informativos críticos se refiere, muchos recordarán también el caso del programa de Carmen Aristegui en Marzo del 2015, a quien MVS acusó de “abuso de confianza” e impuso “lineamiento editoriales” (con claros indicios de censura) para obligar a la periodista a renunciar. A casi un año y medio del acto de censura, somos millones quienes todavía extrañamos iniciar nuestro día acompañados por la voz de la periodista. Sin embargo, la censura contra Carmen Aristegui no se ha limitado a dejarla fuera del aire, pues el acoso y hostigamiento en su contra se ha reanudado con mayor ímpetu desde la publicación del libro La Casa Blanca de Peña Nieto. Abordaremos este caso en el siguiente subtítulo, que pertenece al método número dos de censura periodística: demandar al comunicador.

Demandar periodistas: los casos de Carmen Aristegui y Sergio Aguayo

Foto: Internet
Foto: Internet

Pareciera que en el último mes se hubiera puesto de moda demandar periodistas en México. El caso más representativo de este método de censura periodística es el de la empresa MVS demandado a Carmen Aristegui por “daño moral”, acusación realizada a partir del contenido del prólogo del libro La Casa Blanca de Peña Nieto.

En dicho prólogo, la periodista narra y describe lo siguiente: los orígenes (y fines) de su relación laboral con el grupo mediático de MVS; el golpe de censura contra su programa radiofónico y su salida del aire a escala nacional, tras la publicación del trabajo periodístico de su equipo de investigaciones especiales; las altas y bajas de la batalla legal iniciada por periodistas, intelectuales, organizaciones civiles y la audiencia de Aristegui en general, en defensa de los derechos de las audiencias y los comunicadores; la relación histórica entre Televisa, la legislación de medios en México, y la candidatura de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la república; y, por supuesto, un breve panorama del contenido del libro que narra la historia (génesis, desarrollo y conclusión) de uno de los trabajos periodísticos más contundentes de los últimos años: el conflicto de interés entre un grupo empresarial y el actual presidente de la republicana mexicana.

En un video publicado esta semana por diferentes medios de escala nacional, la periodista expresó que “El prólogo que se pretende censurar denuncia cuan sumisa puede ser una empresa de comunicación frente a presiones políticas”. En el mismo video, la periodista cuestiona las recientes “disculpas” del presidente Enrique Peña Nieto sobre el caso de la Casa Blanca, exponiendo con preguntas afiladas el nexo claro que hay entre los medios de comunicación masiva, y la censura periodística ordenada desde la misma presidencia de la república:

¿De qué perdón estamos hablando señor Peña Nieto?, ¿cuál es el verdadero alcance de su palabras?, ¿Pide perdón por la “casa blanca”, pero se sigue persiguiendo a los periodistas que la investigaron?, ¿Pide perdón por la “casa blanca”, pero no cesan los ánimos de venganza? Señor Presidente deje de mecer esa cuna”, expresó la periodista.

Así pues, parece que el gobierno federal no está dispuesto a perdonar el golpe de credibilidad que recibió la presidencia del país, tras ser exhibida, de forma clara, precisa y contundente, la corrupción del más alto funcionario público de la nación.

Continuando con las demandas a periodistas en el país, otro de los exponentes más recientes de esta estrategia de censura periodística en México es el caso de Sergio Aguayo, académico y articulista del Colegio de México, demandado por el ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, en un intento de desgastar a quien hoy dirige una investigación sobre la masacre de Allende (2011) ¿El motivo de la demanda? El mismo que MVS utilizó contra Aristegui: “Daño moral”.

Este caso en particular es inverosímil, surreal, pues ejemplifica cómo en México el cinismo político es ley, mientras la impartición de justicia se revela, por lo general, como una gran farsa. Tracemos un breve perfil político de Humberto Moreira para dar cuenta de esto: el ex gobernador de Coahuila endeudó a su estado con más de 18 mil millones de pesos, esto luego de desviar dinero de los fondos públicos a cuentas personales con el objetivo de comprar medios de comunicación; recibió sobornos de los Zetas a cambio de libertad para traficar drogas, asesinar, construir edificios y utilizar vehículos oficiales para evadir a la marina (esto a partir de información publicada por el diario San Antonio Express News); colaboró en operaciones de lavado de dinero; colaboró en la ocultación de información oficial sobre los hechos acontecidos en Allende (300 personas desaparecidas) un años después de su gobierno.

Monero del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira (Fuente: Rapé).
Monero del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira (Fuente: Rapé).

Como vemos, Moreira, ex líder nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), es el arquetipo perfecto de político mexicano corrupto. Lo publicado por el diario San Antonio Express News el fin de semana pasado sirve como eje representativo de ello: Moreira robó aproximadamente cientos de millones de dólares de los fondos destinados al estado de Coahuila, con los que planeaba comprar medios de comunicación en San Antonio, Texas. Robar acá, invertir allá, la fórmula es fácil de dilucidar.

Las recientes declaraciones del ex miembro de los Zetas, Efrén Tavira Alvarado, y los testimonios de Rolando Gómez Treviño, empresario de medios con el que el político entabló negociaciones, han supuesto un golpe duro contra Moreira, y gracias a ello probablemente no consiga sacar adelante la demanda interpuesta contra Sergio Aguayo (claro, a menos de que se ponga a demandar a todos los medios de comunicación que estas semanas estarán cubriendo el caso).

Sin lugar a dudas, este caso representa una prueba contundente de cómo demandar periodistas se ha convertido en una estrategia sistemática en México para silenciar la verdad. El mensaje que dejan los dos ejemplos aquí citados es uno: quien realice su labor periodística con rigor no tiene cabida en este país, al menos, no mientras el gobierno el PRI.

Matar periodistas: el caso Javier Duarte

Duarte

Dentro de las diversas estrategias que los poderosos utilizan para silenciar las voces que los incomodan, el paso que aparentemente deviene cuando la expropiación de espacios informativos críticos y los recursos legales no son suficientes, es el asesinato: mandar matar al periodista.

Los casos más representativos de este método son los 17 periodistas asesinados en Veracruz en lo que va del mandato de Javier Duarte. El último caso se sumó a la cifra total apenas la semana pasada, cuando el periodista de Tierra Blanca, Pedro Tamayo, fue baleado cuando iba llegando a su casa. El penúltimo fue Rubén Espinosa, fotoperiodista de Proceso y Cuartoscuro asesinado el año pasado en la Ciudad de México, tras huir de Veracruz por sentirse amenazado por Duarte.

17 periodistas asesinados, ¿se imagina usted? Es como si un grupo armado, financiado por el gobierno del estado veracruzano, hubiera ordenado un asesinato masivo de periodistas. ¿Su crimen? Comunicar los abusos del poder, las violaciones de derechos humanos, los negocios entre narcotraficantes y políticos, las prácticas demagógicas y corruptas de los gobernantes.

El número de periodistas asesinados en Veracruz, más que abominable, es de carácter grotesco, y se equipara a los actos terroristas sufridos por el medio satírico francés Charlie Hebdo, el pasado 7 en Enero del 2015 ¿La diferencia? Mientras que en París murieron 12 periodistas tras el ataque de fanáticos religiosos pertenecientes a Al Quaeda, en Veracruz murieron 17 comunicadores, en su mayoría asesinados por orden directa del gobernador.

El 30 de Junio de 2015, Javier Duarte pronunció las siguientes declaraciones en un discurso dirigido a periodistas:

Se lo digo a ustedes, por su familia, pero también por la mía, porque si algo les pasa a ustedes a mí me crucifican todos (sic). Pórtense bien, todos sabemos quiénes andan en malos pasos, dicen que en Veracruz sólo no se sabe lo que todavía no se nos ocurre. Todos sabemos quiénes, de alguna u otra manera, tienen vinculación con estos grupos… todos sabemos quiénes tienen vínculos y quiénes están metidos con el hampa… ¡Pórtense bien, por favor!, se los suplico. Vienen tiempos difíciles”.

Así, con un discurso público, el gobernador de Veracruz dejó clara una cosa: periodista que publique la verdad y ofenda su imagen, está firmando su sentencia de muerte. Cocinero que prepare lasaña, terminará en el horno.

Caricatura del gobernador de Veracruz, Javier Duarte (Fuente: Internet)
Caricatura del gobernador de Veracruz, Javier Duarte (Fuente: Internet)

El caso de los periodistas asesinados en Veracruz está bien documentado por diversos medios nacionales e internacionales, y se sabe que en dicho estado la censura atraviesa diversas etapas: desde amenazas, destrucción de equipo, agresiones físicas, intimidaciones, secuestros, tortura, y finalmente, el asesinato.

Si bien este estado representa el punto donde la censura, a través del asesinato, es más evidente, ello no significa que en el resto del país no se lleven a cabo actos de la misma envergadura: del 2000 al 2015, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) registró 107 homicidios de comunicadores (otras fuentes declaran que la cifra asciende a 120). Como ya dejamos claro, el asesinato parece ser el último recurso de los poderosos para evitar que se difunda la verdad. Sin embargo, la cantidad de comunicadores asesinados a lo largo del territorio nacional no representa la única cifra que refleja la censura periodística en México: del 2005 al 2015, 20 comunicadores desaparecieron; del 2006 al 2015, hubo 48 atentados contra instalaciones de medios de comunicación.

A lo anterior habría que agregarle que según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), México ocupa el quinto lugar entre los países con más periodistas asesinados, mientras que Prensa de Reporteros sin Fronteras (RSF) le concede al país la posición 148 de los 180 evaluados en materia de libertad de prensa. Así las cosas, la censura parece extenderse por todo el país, esperando a los cocineros afuera de sus restaurantes, lista para evitar la preparación y difusión de comida (información) crítica y saludable, lista para asesinar la libertad de expresión, lista para amordazar la libertad de cocinar.

Conclusión: defender la libertad de prensa

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La libertad de prensa es un derecho sin el que el desarrollo democrático es imposible, y lo que menos necesita el país es brindar más aportes al escenario de simulación, del “aquí no pasa nada” que se extiende por todo la nación (el ejemplo más polémico de la semana fue el del INEGI falseando las estadísticas de pobreza en el país, un intento concreto de ocultar la miseria nacional). Por suerte, hemos nacido en un escenario donde, al contrario de los regímenes priistas del siglo pasado, la censura no es tan fácil de imponer, en gran medida gracias a la proliferación de las redes sociales y la expansión de medios independientes a través de Internet.

Sin embargo, tampoco estamos para bajar la guardia. Basta con recordar la existencia de la brecha digital, que en México se equipara a los 52 millones de pobres que, entre otras carencias, no tienen acceso a Internet, y por lo tanto, están muy alejados de la información que difunden los medios independientes por la red. Esto sólo refleja la urgencia de recuperar los espacios informativos de alcance nacional ¿Se imaginan ustedes una televisión nacional donde abundaran los noticieros críticos, donde pasarán contenido educativo en vez de telenovelas, donde los analistas políticos de tele abierta no obedecieran los caprichos de la presidencia? La realidad nacional sería definitivamente otra en dicho escenario utópico.

Es indispensable que, como sociedad civil, como audiencias comprometidas con los contenidos que consumimos, exijamos un servicio periodístico-informativo de calidad, libre de intereses políticos y económicos, libre de ejercer con pleno derecho la crítica a gobiernos déspotas, señalar las injusticias y prácticas demagógicas de los grupos de poder, y, en sí, fungir como espacios libertad de expresión donde las exigencias de justicia se lleven a cabo sin tener que perder la vida en el camino. Tenemos que exigir restaurantes (medios) que brinden una alimentación noticiosa de calidad, que nos aporten los nutrientes esenciales para construir políticas públicas y estados democráticos verdaderos. A nosotros, las audiencias, nos corresponde proteger a nuestros cocineros.

Fuente: Internet
Fuente: Internet

P.d: A continuación el lector encontrará un link al prólogo del libro La Casa Blanca de Peña Nieto, cuya lectura tendrá dos aportaciones informativas fundamentales: 1. Luchar contra los intentos de MVS por silenciar a Carmen Aristegui, y 2. Ampliar el horizonte del lector sobre el fenómeno de la censura en el país. No dejemos, pues, que la verdad siga siendo mutilada, secuestrada y asesinada; que no nos despojen de nuestro derecho a saber.

LINK AL PDF:

Prólogo La Casa Blanca de EPN

DANIEL ARELLANO

* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Baja California. Reportero de A los 4 Vientos. Interesado en el periodismo de investigación, la literatura, el estudio de las ciencias sociales y el desarrollo político del país.