Como tontos… en búsqueda de Pokemon

Hace unos días, en alguna página del periódico “El Vigía”, apareció una nota del periodista Benjamín Pacheco, en que informaba que “un grupo de 30 jóvenes, coincidió en los jardines del Centro Cultural Riviera, para que con sus teléfonos inteligentes trataran de capturar monstruos cibernéticos, identificados como  Pokemon(es)”

Álvaro de Lachica y Bonilla/ A los Cuatro Vientos

La palabra “Pokémon” es la abreviatura para designar a un “monstruo de bolsillo”. Deriva de dos palabras en Inglés: “poke” de “pocket” que es “bolsillo”, y “mon” de “monster” que es “monstruo”.

“Pokémon” se ha convertido en un suceso fenomenal no sólo entre los niños de Estados Unidos sino también en Latinoamérica. Existen dibujos animados y una película basada en los personajes de Pokémon. Casi todos los niños están familiarizados con esta moda pasajera y posee alguna forma de artículo o juguete de Pokémon.

Pokémon Go ha trascendido el mundo del videojuego para convertirse en un auténtico fenómeno social. Una semana después de su lanzamiento en Japón, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, se estima que ya hay más de 7,5 millones de personas enganchadas a la aplicación. Miles de vídeos e imágenes en Internet de los usuarios capturando estos pequeños monstruos en los lugares más remotos del planeta, dan buena muestra del éxito viral del videojuego. 

En solo pocos días, se ha convertido  en la aplicación más usada y de lo que todos hablan en las redes sociales. Aunque muchos no sabemos de qué se trata, lo importante es evidente. La gente está saliendo a la calle a “atrapar” pokémons virtuales y en los espacios públicos de diversas ciudades en el mundo se congregan personas con el mismo fin.

El jueguito pareciera que está estimulando las relaciones sociales de sus usuarios que conocen y platican con otros jugadores en los puntos estratégicos que muestra la aplicación, y fomentando la actividad física, obligando a que los jugadores salgan de sus casas a andar en busca de más Pokémon y objetos.

POKEMON GO 1
Foto: Alfabetajuega.com

Muchos usuarios han encontrado en el videojuego la excusa perfecta para abandonar el sedentarismo, uno de los mayores problemas en los países desarrollados. Las cruzadas contra la obesidad infantil que no han estado funcionando, con este juego, se habla de la posibilidad de una eficacia mayor que cualquiera de las campañas e incluso se visualiza como firme candidato para el Nobel de la Paz.

Por otro lado, sí al día de hoy hay un rey en Internet ése es el porno. Pues bien, Pokémon GO  ha conseguido acabar con él, metafóricamente hablando. Tal y como señala la revista Hobbyconsolas.com, el volumen de búsquedas en Google del videojuego llegó a superar hace unos días, al de la palabra «porno».

Pero también han comenzado los primeros problemas: ladrones que se aprovechan de conglomeraciones de jóvenes con el teléfono a mano, en donde los malandrines encuentran  donde recolectar objetos en el mundo virtual, lo que conlleva que muchos jóvenes lleguen allí y se congreguen, o los necesarios avisos que han tenido que emitir las autoridades sobre lo peligroso que es, por ejemplo, mirar la pantalla del móvil mientras se conduce.

No cabe duda de que estas generaciones de milenials nos demuestran  la capacidad de interactuar entre los espacios reales y los virtuales con otras dinámicas de uso social. En este tránsito hay quienes ponen en duda la capacidad que tenemos como humanos de convivir en tales espacios virtuales.

Para los más radicales, cómo yo, de hecho eso no es convivencia y seguiré satanizando el uso excesivo de celulares, computadoras o tablets. Se habla, claro, de los riesgos o peligros. Sin embargo, no hay paso atrás.

Las costumbres están haciendo que los seres urbanos no conciban en algunos lugares la convivencia sin los espacios virtuales que, a su vez, están creando otra cultura que no sólo se queda en el uso de la tecnología, sino que se traspasa a la realidad.

ALVARO DE LACHICA* Miembro en Ensenada de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, A. C. Correo electrónico: andale941@gmail.com