Las lecciones (no aprendidas) de la historia

El anuncio de hace algunos días del secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en el sentido de que la fuerza sería utilizada para liberar las vías bloqueadas por integrantes de la CNTE, antes que otra cosa, es una de esas declaraciones experimentales con las que el gobierno pretendió hacer un sondeo previo para sopesar la viabilidad mediática de poner en práctica la represión concreta.

Alfredo García Galindo* / A Los Cuatro Vientos / Fotos en internet del movimiento estudiantil de 1968.

De ahí que al paso de unos días parezca, al menos, querer echar un poco para atrás el tono de la diatriba, diciendo que quizás sí negocie algo con la coordinadora.

Las lecciones no aprendidas de la historia –en este caso, de la historia contemporánea que nos muestra cómo se mueve hoy buena parte de la opinión pública- le hicieron ver al gobierno federal lo que no era muy difícil suponer: que aquel mensaje sería pretexto para que las redes sociales y las plumas de la prensa crítica recurrieran al simbólico 68 para asegurar las crecientes similitudes del régimen peñista con un poder autoritario como el de Gustavo Díaz Ordaz.

Como si no fuera suficiente para Osorio Chong y su jefe la imagen autogenerada de una dictadura en proceso, el  gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, incurrió en la impertinencia de quererse poner también la capa de la rudeza repitiendo casi textualmente la famosa frase de Díaz Ordaz un mes antes de la matanza de Tlatelolco: “hemos sido tolerantes, hasta extremos criticados”.

Se trató de la expresión hilarante de que al jefe del ejecutivo chiapaneco se le juntó su propia incompetencia con la ineptitud de sus asesores; de hecho, hasta provoca cierto prurito de temor pensar que semejante disparate sólo pudo haber salido de un rincón ideológico bastante oscuro en la mente del joven Velasco.

En fin. Viendo que, en efecto, a la camada del poder priísta no le asiste la prudencia discursiva, podemos ahora hacer, a modo de un sencillo ejercicio comparativo, un breve señalamiento respecto a los contextos que envolvieron a la irrupción del movimiento estudiantil en 1968 y a lo que hoy vivimos, para sacar al final un par de conclusiones.

A fines de los años 60, México vivía el ocaso del proyecto priísta inserto en el llamado Milagro Mexicano. Si bien es innegable que se trataba de algo así como una dictadura blanda, el ciclo económico mundial en expansión había sido uno de los aspectos que explicaban el conocido éxito económico y la estabilidad social de aquellos años.

DIAZ ORDAZ AMENAZA
Gustavo Díaz Ordaz: La amenaza cumplida (Foto: internet).

Más allá de que en efecto, hubo diversos momentos de movilización social antes del de 1968 (como los movimientos de médicos, de petroleros o del propio magisterio) puede decirse que las juventudes en rebelión de aquel año emblemático lo hicieron, no por un abierto colapso del proyecto nacional que el PRI encabezaba, sino más que nada contra el tenor autoritario del régimen y en consonancia con un proceso de cambio cultural en occidente que protestaba contra las normas impuestas por una sociedad que hasta entonces había sido profundamente conservadora.

¿Hoy qué tenemos? Desde luego -si las noticias no nos están tomando el pelo-, nos encontramos en el momento de mayor crisis nacional, quizás desde la etapa armada de la Revolución Mexicana. Sería ocioso citar fuentes para corroborar que se cuentan por cientos de miles los muertos en los dos últimos sexenios por la violencia; la pobreza sigue siendo una herida profunda que no cicatriza sino que se vuelve aún más dolorosa frente al dato de que las fortunas de las familias más ricas del país se sigue multiplicando; el caos urbano, la crisis del campo, la migración y la debacle del medio ambiente son realidades con las que convivimos cotidianamente; el narcotráfico y la trata de personas se han convertido en industrias globales que han convertido a México en uno de sus goznes principales como proveedor para una demanda internacional en ascenso… y la lista sigue.

Panoramas muy distintos. El México del 68 mostraba un escenario mucho menos sombrío en términos de las dificultades que la población en general debía enfrentar, en cambio, hoy la gente de a pie debe además hacer frente a decisiones de política económica que brillan por su sentido antipopular. Esto se refiere al hecho de que los últimos sexenios han asumido con una fijación fetichista la defensa de la economía de mercado global de acuerdo con las “recomendaciones” del Fondo Monetario Internacional, tal como lo demuestran las “grandes reformas” del actual gobierno.

¿Y cuál ha sido la decisión de EPN y los suyos para hacer frente al descontento del pueblo?: el menosprecio a sus carencias y una represión que constantemente amenaza con incrementar. Mientras veta de inmediato una ley que indignaba al puñado de empresarios dueños del país, al movimiento social de los maestros les había estado respondiendo que la ley no sería negociada, obteniendo así, de paso, el aplauso siempre presente de quienes ven en las mayorías a la encarnación de lo indeseable.

Antes de que revirara Osorio Chong con que quizás sí negocie algo con los maestros, la amenaza de que recurriría a la fuerza hizo emerger algunas preguntas de sensibilidad sociológica elemental: ¿No le quedará al equipo del presidente (en vista de que su jefe no lee demasiado), un mínimo de pragmatismo para suponer que la irrupción de los manifestaciones sociales suele escalar en conflictividad cuando el pueblo percibe que ya no tiene opciones?

Es decir, ¿no tendrán a la mano un libro de historia para observar que las revoluciones y otros grandes movimientos sociales son el resultado de una serie en cadena de exigencias que emergen de hechos concretos en apariencia sin importancia? Diciéndolo con un ejemplo: ¿acaso ignoran Peña Nieto y su equipo que el detonador de las protestas del 68 contra diversos descontentos fue el exceso de fuerza con el que la policía disolvió una riña entre estudiantes de dos preparatorias?

1968, lección que no aprendió el PRI y sus principales protagonistas (Foto: internet)
1968, lección que no aprendió el PRI y sus actuales protagonistas (Foto: internet)

Se trata de lecciones no aprendidas, pero no sólo por el poder, sino también por ciertos grupos de la población que –haciendo gala de una aporofobia poco disfrazada-, insisten en convalidar la posición del régimen; porque es preferible tolerar la corrupción del poder político que alterar el estatus quo que les da sus privilegios; tal como ocurrió en aquellos años 60 en los que muchas de las familias buenas y decentes -acostumbradas a la posición cómoda del inmovilismo político-, denostaron a los manifestantes llamándolos comunistas holgazanes, sucios e inmorales.

Lecciones no aprendidas acerca de cómo las posturas reduccionistas se desmoronan como lo muestran muchos pasajes de la historia de nuestro país; momentos en los que el pueblo común fue, primero vilipendiado, y años o décadas después reivindicado, aunque claro, porque su lucha ya estaba suficientemente lejos en el tiempo como para significar una amenaza a la comodidad de los poderosos.

Lo anterior es lo que explica el nombre hoy prestigiado de Hidalgo, de Zapata, de Cárdenas y de los estudiantes del 68, porque en su momento, estos mismos personajes causaron el escozor de la crema y nata nacional, para la cual era cuestión de sentido común que el populacho sólo puede generar destrucción y bandidaje, por lo que el papel que exigían a los gobiernos de su momento era el de aplicar todo el peso de la ley y de la fuerza del estado.

En suma, también ello nos mueve hacia algo que es parte fundamental para la comprensión de nuestras realidades contemporáneas: reivindicar el carácter pedagógico del pasado en vista de explicarnos lo que ni el gobierno ni aquella parte de la población desea darse oportunidad de reconocer; es decir, las lecciones de la historia que podrían animarnos a vislumbrar que el desaire al sufrimiento de un pueblo, es una chispa que puede desencadenar incendios de muy diversas proporciones.

Como puede verse, y regresando al punto inicial, la declaración de Osorio Chong terminó por tener efecto no sólo en el pueblo que se siente de pronto blanco de la amenaza, sino también en el ánimo de corte fascista de los habitantes que siguen exigiendo el uso de la fuerza para contener a los revoltosos. Pero no tomaron en cuenta una obviedad: que un movimiento semejante es muy difícil de contrarrestar y las carreteras son muy largas como para que los manifestantes no puedan reagruparse y tomar otros tramos u otras calles en la ciudad.

Así las cosas, el reto abierto de la CNTE de no moverse (convalidada por sus numerosos simpatizantes) pese a la amenaza de la secretaría de gobernación, ha obligado al poder a pensar una salida decorosa que no le cuelgue ahora el rótulo del derrotado en esta pugna. En estos días sabremos si la confrontación sigue restándole puntos a su ya de por sí muy alicaída legitimidad.

ALFREDO GARCIA GALINDO 2*Alfredo García Galindo, es economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos; ha impartido charlas, ponencias y conferencias, enfocándose en el análisis crítico de la modernidad y del capitalismo a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.