Los abogados y los pitbulls

Luego de más de cuatro décadas de ejercer la abogacía llego a la convicción muy provisional de que, mutatis mutandis, entre un abogado y un «Pit Bull» hay un extraño parecido.

Daniel Solorio Ramírez* / A los Cuatro Vientos

Lo explico en especial para mis colegas, mis alumnos universitarios y todos los agraciados o desdichados que han aprovechado, o sufrido, los servicios de un febril apasionado de la abogacía.

1.- Cuando un perro «pit-bull» muerde, solo suelta a su presa hasta que arranca el pedazo. Eso suele decirse de tan insignes canes. No lo sé, pero eso se dice de ellos. Se dice que hay casos dramáticos de personas agredidas por “pit bulls” que han sufrido horribles heridas. Las fuertes mandíbulas del can son grandes, duras, empecinadas en cortar; en arrancar lo que ya su hocico atrapó. Se dice que prefieren ser muertos antes que soltar.

2.- Algo similar pasa con ciertos abogados. No sueltan el caso que les ha sido confiado. Leen, escuchan, consultan, oyen, preguntan, piensan, reflexionan; por horas, días, semanas, meses y años indagan sobre su presa constituida por el conflicto y los hechos sometidos a su consideración. Rastrean, otean en el firmamento en busca de argumentos para convencer a los jueces. Viven, viajan, duermen con el conflicto en el interior de su cabeza; lo ponen sobre la almohada; indagan en montañas de textos y jurisprudencias.

JUSTICIA BALANZA
Imagen: Zócalo.

3.- Duermen, si es que duermen, con el caso en su mente. Despiertan de madrugada, enfebrecidos y anotan unos datos. Garabatean una idea para no arriesgarse a perderla. Vuelven luego al sueño. Morfeo les trae a veces, entre sueños, una solución feliz, o que al menos lo parece. Luego la trabajan y la confirman o la sueltan y vuelven a empezar.

4.- Como un perro “pit bull” un abogado nunca suelta su caso en turno. Vive con él y para él. Duerme con él. Cuando por excepción momentánea el caso lo deja en paz, nunca es para siempre. Les asalta a la vuelta de la esquina. Insomnes, viven en busca de soluciones para su cliente. No sueltan. Como los “pit bulls”. Por eso los abogados le debemos mucho, mutatis mutandis, a la tenacidad, a la perseverancia, a la fuerza convictiva de los “pit bulls”. Para bien y para mal.

5.- Esta idea elemental hace falta en la cabeza de todo estudiante de Derecho. Por eso en la profesión jurídica, «muchos han sido los llamados, y pocos los elegidos».

Por eso hay muchos licenciados en Derecho y pocos abogados. Los profesores de derecho tenemos mucho trabajo por delante.

DANIEL SOLORIO EN DSPACHO* Maestro en Derecho Público. Ex Magistrado Presidente de la Segunda Sala del Tribunal de Justicia Electoral del Estado de Baja California. Profesor de la UABC. Colaborador de A los Cuatro Vientos.