La Quincena de la Ciencia: ¿Moral programable?

En uno de sus primeros cuentos de ciencia ficción, Isaac Asimov escribió las tres leyes fundamentales la robótica. La primera establece que “un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño” (Asimov, 1942, Círculo Vicioso). Más claro ni el agua, ¿o no? Pues no.

Joaquín Bohigas Bosch* / A los Cuatro Vientos

CARRO AUTOMATICO MR BEAN
Foto: Internet.

Hace menos de diez años, empezaron a circular vehículos robóticos por las calles de varias ciudades del mundo. Desde 2009, los robots de Google han sumado dos millones de kilómetros. Hasta hace dos meses, todos los accidentes en los que estuvieron involucrados fueron causados por humanos.

El 23 de febrero, ocurrió el primer accidente provocado por uno de sus autos robóticos, que cambió de carril y chocó con un autobús. Por fortuna, no hubo lesionados gracias a que el autobús era conducido por un prudente chofer de carne y hueso. Los programadores de Google están corrigiendo el programa de control y aseguran que no volverá a ocurrir un incidente parecido.

Creen que el uso de autos robóticos va a reducir drásticamente el número de accidentes, atropellados, congestionamientos de tránsito, costo de las pólizas de seguro y varias cosas más. Parece un futuro deslumbrante. No más conductores cansados, borrachos y distraídos. Solo robots sobrios, incansables y eternamente alertas.

En las encuestas que han habido, más de 30% de los propietarios de automóviles se muestra dispuesto a comprar un auto robótico, si no es demasiado caro. En Estados Unidos, el porcentaje subió a 86% cuando supieron que el seguro sería más barato y tres de cada diez afirmó que dejaría de manejar. En honor a la verdad, tiene grandes ventajas.

Piensa en una numerosa familia, regresando a altas horas de la noche de los quince de la prima Espergencia. Papá, como siempre sucede en estas celebraciones, requete-que-bien-pedo. Mamá, como siempre sucede cuando el panzón se pone así, gritándole por borracho y ridículo. La santa niña, fajando con el novio. El hijo pródigo bien moto y los más chicos peleándose por las sobras del pastel. La única que mantiene la ecuanimidad es la medio dormida abuela, que desde hace rato ve menos que un topo. Por fortuna, el auto es un robot que sabe perfectamente por donde va y a donde tiene que llegar. En estas circunstancias ¿quién no pagaría algo más por un auto robótico?

Claro que las circunstancias pueden complicarse de repente. Imagina que al dar una vuelta, el carro robótico se encuentra con una procesión de monjas y que la única forma de evitar atropellarlas (con muerte segura) es virar hacia la derecha, caer en un profundo barranco y cargarse a la familia entera. ¿Qué debe hacer el robot? ¿Qué instrucción debe darle el trasnochado programador de Google?

Un grupo de investigadores le hizo esta pregunta a más de 200 personas, que respondieron que el robot debería llevar el auto al precipicio si había más monjas que familiares. Desde el punto de vista ético, es la respuesta correcta y yo diría lo mismo. Naturalmente, vaya solo o con toda mi prole, ni estando briago se me ocurriría comprar un auto robótico dispuesto a matarme con tal de salvar la vida de veinte monjas, por santas que sean. Lo mismo dijeron los 200 entrevistados, cuando les preguntaron si comprarían un auto robótico programado para hacer lo éticamente correcto (Bonnefon et al. Junio 24, 2016,Science).

De modo que no es para nada claro si los autos robóticos van a ser un fiasco o un éxito comercial. Lo que es evidente es que la primera ley de la robótica es una tontería, un imposible, ya que no hay algoritmo matemático capaz de hacer juicios morales o éticos en cualquier circunstancia que se presente. Por eso hacemos tantas barbaridades. Por ejemplo, nos resistimos a dejar el automóvil a pesar de ser uno de los medios mas ineficientes de transporte ¿Te parece cuerdo mover toneladas de plástico y metal, para transportar 100 kilos de carne?

Osas astutas

Foto: National Geograpihc
Foto: National Geograpihc

Los osos no tienen conflictos con la ética. Durante la época de apareamiento, les da por matar a los oseznos. De este modo tienen la oportunidad de impregnar a la osa y perpetuar sus genes, ya que esta entra en celo cuando pierde sus crías.

Este comportamiento es conocido como infanticidio por selección sexual y también ha sido observado en pájaros, murciélagos, grandes gatos, primates y humanos si hay una corona en juego.

Naturalmente, este frenesí homicida no le hace ninguna gracia a la osa, que inventa medios y estrategias para proteger la vida de sus pequeños. Se ha visto que hay osas más vivas que otras.

Como sucede con casi todos los animales, los humanos le causamos terror pánico a los osos de cualquier género y tamaño. Pero parece que algunas osas opinan que los osos en celo son aún más peligrosos que un cazador furtivo.

Haciendo eco del proverbio el enemigo de mi enemigo es mi amigo, al menos media docena de osas escandinavas, indudablemente las más listas, han explotado el miedo de los osos a los humanos para proteger a sus chicos.

Un grupo de investigadores estudió el comportamiento de 26 osas madre durante siete años y encontraron que los oseznos tienen una mucho mayor probabilidad de vivir cuando mamá osa se acerca más de la cuenta a un poblado durante la época de apareamiento. Descartaron la posibilidad de que estos pequeños sobreviven por tener mejor alimentación (¿comiendo en el McDonalds local?, imposible), pues durante ese tiempo la familia vive en zonas de vegetación densa, escondiéndose de la gente y de sus más calenturientos pretendientes. Terminada la época de apareamiento, el macho se tranquiliza, y la osa y sus crías se alejan del poblado y regresan a su hábitat preferido (Steyaert et al. Junio 22, 2016, Proceedings of the Royal Society B).

Este Niño nos dejó igual de secos

TORMENTA ADELANTE LETRERO
Foto: Internet.

Hace cosa de un año, supimos de que se nos venía un súper-Niño encima. Basándose en lo que había sucedido anteriormente, los climatólogos pronosticaron que se producirían fenómenos climáticos extremos por todo el planeta (Kintisch. Junio 24, 2016, Science).

Y así sucedió. Lo más lamentable ha sido el enorme aumento de la temperatura promedio de la superficie terrestre, que desde hace trece meses ha roto los registros conocidos. Durante este tiempo, la temperatura global ha estado casi un grado Celsius por encima del promedio del siglo XX.

Sin embargo, no todos sus pronósticos se confirmaron. En particular, se creía que el Niño traería abundantes lluvias al norte de Baja California y el suroeste de Estados Unidos y que, con ello, terminaría la terrible sequía que ha asolado nuestra región desde hace 4 años. Esto nos mantuvo ilusionados durante un rato, pero no ocurrió.

Definiendo el año climático de Julio a Junio, en Ensenada cayó casi la misma cantidad de lluvia que el año anterior (menos de 200 mm; datos de la estación Gringo Gulch) y 50% menos que en 2010 y 2011. Cabe hacer notar que no fue el primer Niño seco: en 1992, tampoco trajo lluvia.

Los investigadores piensan que esto se puede deber a que la temperatura del agua de toda la cuenca oriental del Pacifico ha sido muchísimo más elevada que en el pasado, lo que causó que las tormentas migraran hacia el norte, en donde recibieron lluvias más abundantes de lo normal.

Han expuesto otras posibles explicaciones, pero siguen sin saber a ciencia cierta que se puede esperar de un Niño a nivel regional. Como sea, este Niño ya se murió y ahora esperamos la llegada de la Niña, que está normalmente asociada a un clima más seco en esta desértica región en la que escogimos vivir. Pero como ya no hay nada normal en lo que se refiere al clima, quien sabe que es lo que nos espera en el año que casi empieza ¿Más, menos o la misma cantidad de lluvia? Como sea, a largo plazo el futuro no parece promisorio.

JOAQUIN BOHIGAS BOSCH* Doctor en Ciencias. Físico-astrónomo. Investigador del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)