Le contaré de César el ex alcalde y de Omar el independiente

Cuando mi hijo cumpla 12 años, le contaré del Presidente Municipal que estaba en turno cuando yo tenía su edad. Le contaré que un día le llamó a un grupo de jóvenes, al que todos etiquetaban de improvisados e inexpertos, mentirosos y fraudulentos.

Cristian Vázquez / A los Cuatro Vientos / Fotos: Archivo

Le podré decir, mirándolo a los ojos, que un ex alcalde quiso ser presidente municipal cuando yo tenía 22. Que salía en televisión y le decía a la gente que existía una solución a los problemas y que esa solución era nada más y nada menos que su experiencia.

Cuando mi hijo cumpla 12 años, aunque aún no sé en qué año sea ese, le contaré que un 30 de diciembre de 2015 conocí a un joven seis años mayor que yo, sonriente, directo, sin rollos de doble intención que dicen a dónde van pero nunca de dónde vienen.

Le contaré que ese 30 de diciembre me subí con él a un barco del que jamás nos bajaríamos y que en los primeros días del año, tiempos en los que por una cosa y otra ambos andábamos a pie, me dio “raite” a casa en el carro de su madre y me contó, entre varios temas, que desde la capital donde estudiaba su maestría le tocó ver y motivarse por los primeros pasos de Pedro Kumamoto, ejemplo de candidato independiente y de un tal César, que se hacía llamar prospecto de independiente, experto, sabio, deslindándose a veces sí y a veces no de su partido, dispuesto a llevar su “sabemos cómo” al gobierno municipal, “por la libre”, porque eso representaba para él (y para otros), una ruta más para llegar a donde mismo, al poder por el poder.

Cuando mi hijo cumpla 12 años le contaré del joven que sin ahorros previos, sin los contactos políticos y la experiencia que el ex alcalde decía tener, o los 600,000 pesos que aquel decía costaría obtener las firmas de apoyo, tuvo confianza en los ensenadenses y en sí mismo y se abrió de capa a las ideas, a las experiencias de otros, a la participación de todos en un proyecto que más que por la libre iba por la vereda, sin camino definido, con la libertad que te da el espacio para que participe cualquier ciudadano con su corazón en la maleta.

Le podré contar que a los 22 años tuve MILLONES para coordinar una campaña política, millones en apoyo moral en Facebook y en sacrificios diarios de muchos, que no te permitían planificar tranquilamente al no saber si ese día llegaría uno o diez a la brigada, o si alguien podría apoyar con la lona, la publicidad de Facebook o el viaje al sur.

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Sabrá que con esos millones y algo de creatividad todo terminaba saliendo, corrigiendo en el camino o recibiendo enormes sorpresas voluntarias.

Le podré hablar de la naturaleza humana, de los retos y del poder de una idea cuando es compartida y le contaré que solo viviendo la emoción de afrontar las experiencias de frente se pueden narrar aquellos cinco meses y que la incredulidad abundará en aquel que no haya actuado a través de la firmeza de superar los obstáculos antes de planificar con el bolsillo, o que hace mucho no haya vivido esas andanzas de la convicción, quizá natural de la juventud, tal vez ilusa de pensar en cinco meses sin sueldos, o en pararse de frente a los espectaculares con copias de papel reciclado, los brigadistas pagados con el par de amigos en las esquinas, o el pedir un like por like en las calles para la página con diseños a veces en power point, contra los miles en publicidad que no llevan a ningún lado.

Le contaré de los 16 días previos a las firmas en que armamos todo, de las reuniones de diez horas, en que decidimos por una planilla lo más plural posible a pesar de los obstáculos y nos comprometimos con donar mil quinientos pesos en efectivo o especie cada uno para pagar los gastos de aquellas 11,481 firmas e imaginaremos juntos qué habrá estado haciendo aquel personaje a la par, quizá buscando con qué partido postularse o a quienes pedirle una inversión que, si ganara, todo aquel mecenas recuperaría.

Para sus doce años y tal como me lo dijo mi padre en secundaria, cuando el alcalde jugaba futbol y hacia estadios con el dinero etiquetado a extrema pobreza, le diré a mi hijo que él puede lograr cualquier reto si se rodea de las personas adecuadas y se comporta con ética y firmeza.

Le contaré cuántas veces hablamos de ética cuando un grupo de personas decidieron NO ACEPTAR ninguna donación mayor de 15,000 pesos para campaña, cuando calculábamos que ésta costaría aproximadamente 300,000 pesos en total, para no sufrirle. ¡Vaya ilusos! Ni con donaciones en especie tuvimos la mitad.

Seguramente para ese entonces mi hijo sabrá lo que significa “fauna”. Entonces entenderá que aquel ex alcalde dijo que los “animales” o “fauna de acompañamiento” que nos respaldaba, costaba miles. Sabrá que nos subíamos en micros, solos; que Omar y otros tocábamos puertas en tiempos libres, que a veces no podíamos movernos tanto como quisiéramos por falta de recursos, pero uno por uno mirábamos a los ojos con la conciencia limpia y convencíamos a los ciudadanos de a pie que gente como ellos podían hacer mejor las cosas que la experiencia montando camiones y arreando a jovencitos con el fervor de doscientos pesos diarios.

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Total, muchas cosas habrán cambiado para ese entonces. Tal vez las redes sociales o el internet ya no funcionen igual a este 2016, donde dos o tres personas detrás de la computadora, nuestro equipo de comunicación, así, improvisados, criticados por varios y seguidos por miles, armaban videos, publicaciones, textos cortos, largos, errores y aciertos y trabajábamos juntos para dar a conocer el mensaje de un grupo de personas, en su mayoría jóvenes, cuyo gran defecto quizá era tener muy claro las formas en las que no caerían jamás, pero poco del cómo lograr llegar a donde pretendían llegar representados por un ingeniero de 28 años como estandarte, que recibía la comida de su mamá a las 3:00 p.m. y ocasionalmente recordaba aquellos días de noviembre en que vio a un tal César llamándose independiente, jugando con la esperanza, el hartazgo y la egolatría.

Lo que más espero es que en esos años muchos modelos de la política mexicana hayan cambiado. Que aquellos pasos que dimos (y daremos) no hayan sido en vano. Que las campañas políticas no cuesten millones, ni de nuestros impuestos, ni de compromisos con inversionistas. Que los ciudadanos se involucren libremente por decenas o cientos, como los últimos días de nuestra aventura donde no cabíamos, donde había siempre quien diera raite, colonias qué visitar, o quien aportara a las necesidades de campaña, comida, gasolina, computadoras, papelería o lonas pequeñas por colgar.

Que no tengamos que ver cada elección espectaculares en cada esquina ni papeles en el suelo para que cada vez menos salgamos a votar. Que todos los “bunkers” sean abiertos y transparentes, donde cualquiera pueda ir a aportar su granito de arena. Que mi hijo, a sus dieciocho, pueda sentirse motivado a participar en un proyecto político a sabiendas de que será escuchado, que nos representen personas íntegras que conozcan o al menos estén interesadas en la calidad del transporte o la vivienda, que estén dispuestos a incluir a las personas que más sepan en las áreas donde no sean expertas.

Espero que aquellos que confuden una campaña exitosa con una campaña costosa dejen el panorama político. Que la política se llene de soñadores con proyectos y entusiasmos y no con “carteras” y “experiencias”, ciudadanos dispuestos a trabajar por servir y servir para trabajar. Que cada una de esos 28,871 votos que recibimos el cinco de junio desde la oficina, platicando y conviviendo en el que algunos ex partidistas llamaron “el día D más tranquilo que jamás hayan visto” sin estructuras costosas ni mecanismos de coacción mientras nuestros representantes de casilla voluntarios cuidaban el voto libre y los mismos de siempre movilizaban en camiones y hacían llamadas, hayan dejado un pequeño ejemplo de que otra forma de ver las campañas es posible.

Para el bien de nuestros hijos y para el perjuicio de ex alcaldes, diputados y funcionarios que desean mantenerse en el erario a costa de billetazos, prejuicios y burlándose de los auténticos “ciudadanos con experiencia” o “de corazón”, burlándose no de Omar, sino de medio millón de ensenadenses.