La Tramontana por Norte. La PRIoriasis

Suelo bromear con mis amigos y familiares preguntando: ¿Sabes cuál es la diferencia entre el amor eterno y la psoriasis? Confrontados con la idiotez de la pregunta ponen cara de no saber qué decir y yo respondo que “la psoriasis es para toda la vida”.

J.M. Figueroa R.* / A los Cuatro Vientos

Confieso que son pocos los que se ríen del chiste. Espero que alguien que lea esto y padezca de psoriasis no se tome en serio su enfermedad y que -como yo- haya aprendido a tolerar una enfermedad incurable que ha estado conmigo durante 42 años. Durante todo ese tiempo he aprendido a convivir con una enfermedad congénita que no te mata -salvo en casos extremos- pero que te puede llegar a hacer la vida bastante miserable.

Hay muchos chistes inanes respecto a enfermedades incurables que no reproduzco aquí para no herir susceptibilidades, pero he decidido cambiar mi pregunta: ¿En qué se parecen el PRI y la psoriasis?

A primera vista las semejanzas son superficiales, pero viéndolo bien el parecido es más profundo.

La psoriasis es congénita pero no se hereda; me explico: heredas la predisposición y dependiendo de muchos factores externos se desarrolla o no; las estadísticas al respecto dicen que si tus progenitores la tienen tus probabilidades son entre el 41 y el 75%, si sólo uno entre 14 y 25%, si ninguno entre el 6 y el 20%; así que tengas o no tengas antecedentes genéticos la probabilidad no es cero (como en cuántica).

Así también la probabilidad de que seas priista no es cero, al parecer que tus padres lo sean te pone en alto riesgo de serlo, si sólo uno lo es el riesgo disminuye pero que ninguno lo sea no te exenta: todos llevamos un pequeño priista dentro.

Al parecer ambas condiciones son para siempre. En mi ya larga relación con la psoriasis he visto, oído y leído de todo: las pomadas a base de alquitrán son buenísimas, nada como los corticoides, esta pomada la traen desde Europa, la sábila es infalible, un vaso de agua serenada con luna llena cada mañana, las inyecciones de bla, bla, bla. No diré que he probado de todo ni negaré que probé algunas cosas, pero nada funcionó y nada funciona.

En mi relación con el PRI también he probado de todo: nunca votar por ellos, manifestarme en su contra cada vez que ha sido posible, protestar contra sus trapacerías (que no enumeraré aquí porque la lista es larguísima), explicar a mis alumnos y a personas que quisieran escucharme sobre lo nefando que -para México- ha sido el PRI, bla, bla, bla. Nada, tanto la psoriasis como el PRI han resultado ser como el dinosaurio de Monterroso: cuando despierto siguen allí.

BONITA ANTIPRI

Tanto el PRI como la psoriasis tienen periodos de remisión. Un día, aparentemente por nada o porque la semana pasada tomaste mucho sol o porque comiste berenjenas, tu psoriasis remite y tu piel luce radiante y sin escamas y te hace pensar que se ha marchado (bueno eso pasa las primeras veces que el milagro ocurre, después ya no te dejas engañar) y brindas por ello, pero pronto vuelve, siempre vuelve y las más de las veces lo hace con una agresividad inusitada, como cobrando venganza o burlándose de ti por la vana ilusión concebida sin argumentos sólidos.

El PRI, por su parte, a veces parece que se ha ido o al menos que ya se irá (recuerdan: sacaré a las tepocatas y alimañas de Los Pinos, encerraremos a todos los peces gordos de la corrupción je,je,je) de nuestras vidas pero nada, igual siempre vuelve y vuelve más corrupto, más vitriólico, más corruptor, más intolerable y más tramposo y taimado que nunca; peor todavía durante su ausencia transforma a quienes lo combatieron en sus aliados y -por decirlo de algún modo- los “empriiza”. En pocas palabras, se comporta como la psoriasis.

En fin, los mexicanos (nadie está exento) nacemos -como todos los habitantes del planeta- con una predisposición a desarrollar psoriasis pero sólo el 2%, aproximadamente, la desarrollamos y vivimos con ella el resto de nuestras vidas.

Con la enfermedad del  PRIismo también nacemos, la gran diferencia es que ésta se desarrolla plenamente en casi el 50% de los mexicanos a juzgar por el resultado de las elecciones; nuestro gran error en el tratamiento de la PRIoriasis ha sido el fatalismo, el pensar que nada ni nadie puede cambiar las cosas y recurrir sólo a tratamientos tópicos con el fin de aminorar los síntomas.

Dejemos de pensar que la enfermedad no tiene remedio, que así somos, así nacimos y que -como dijera el Sr. Presidente de la República- la corrupción es una cuestión cultural.

Mientras termino de escribir esto me entero que el PRI de Chihuahua ha impugnado los resultados de la elección para gobernador…

¡Les digo!

MANUEL FIGUEROA 2* El autor es campesino, normalista rural, oceanólogo, maestro en ciencias en oceanografía física y doctor en física del medio ambiente.