Fuego Dormido*

Para la historia presente

Luis Pavía López (†)

Los maestros de México, y tal vez los maestros de América Latina, hemos vivido como en un sueño cada vez más pesadilla y cada vez más real: el sueño dulce del trabajo idealista, la educación oficial y el letargo profesional. Un sueño que termina abruptamente, cuando hemos perdido las fructíferas horas de la mañana y caemos en la cama sobre las más ásperas realidades.

Nuestra misión histórica, dormida también, se dedicó a crear cuervos que nos saquearon la Patria. De entre nuestros alumnos han salido los más rudos verdugos: empresarios, políticos, guías sindicales, comerciantes, profesionistas sin escrúpulos que venden el conocimiento que costeó el Estado sin conceder un ápice en pagar.

Brillantes alumnos, cuya actividad ofende a sus maestros, a sus condiscípulos y a quienes no son lo uno y lo otro.

¿Quién enseñó que un médico necesita ser rico y un maestro pobre? ¿Quién aconsejaba en clase que los puestos de Gobierno eran para servirse de ellos y no para servir? ¿Quién reconoce a su querido alumno de primaria en el encarecedor o el tranza? ¿Quién platicó que el líder debe aprovecharse del agremiado políticamente? ¿Quién entregó tan poco de sí mismo en el aula para que, al encumbrarse sus discípulos, lo crean merecedor de migajas y lástima? También nuestras enseñanzas dormían.

EINSTEIN Y MAESTRO PAPEL

Pero es el despertar, abrupto y lastimoso pero despertar. Abrir los ojos significa también abrir el alma y todos los sentidos: Ni una palabra para el enemigo del pueblo, ningún diálogo más con quienes conocen nuestra verdad desde que fueron nuestros alumnos, ningún pacto que no hayamos ideado, ¡nada por aceptar de quienes no han pasado la prueba!

¿Dónde quedó el ejemplo de los héroes? ¿Dónde nuestro ejemplo?

Cansados de dormir, con los ojos abiertos al futuro, con las ansias dispuestas al triunfo, con las posibilidades obligadas a la realidad y la intransigencia como guía, en esta hora de cantar amaneceres plenos, obligados con nuestro pueblo, con nosotros mismos, como lo hemos estado haciendo con los falsos guías que no nos dormirán una vez más… 

¡El magisterio pugna por salvar el cauce doloroso de la ignominia y dignificarse ante nuevos alumnos que mañana, un mañana cercano y luminoso, sabrán pagar y agradecer a nuestra labor!

*Publicado por el profesor y poeta, Luis Pavía López (1942-1998), en la revista cultural Baja Estirpe (de la cual fue codirector, junto a Óscar Villarino y Rael Salvador), en el año de 1989