A los 4 Vientos y la imposición del silencio: la guerra contra la verdad

La historia es la acumulación y organización de los hechos sociales en el lienzo del tiempo. Todos los días ocurren hechos y acontecimientos que son producto del movimiento inherente al desarrollo de la sociedad.

Daniel Arellano Gutiérrez* / A los Cuatro Vientos

Sucede entonces que hay días que se integran al calendario del pasado como puntos de referencia del progreso (o retroceso) social, esto por los hechos que acontecen durante las 24 horas de su jornada. Bueno, el pasado miércoles 15 de junio ocurrió un hecho que para todo ensenadense debería representar un claro punto de referencia al hablar del retroceso social: el programa radiofónico de “A los 4 Vientos” quedó fuera del aire, convirtiéndose en un ejemplo concreto más de cómo en México la libertad de expresión sigue a la merced de los intereses privados.

Quizás se pregunten: “¿Qué le pasa a este tipo? ¿Por qué le da tanta importancia a un hecho social como el que sugiere, habiendo tantas situaciones mucho más importantes sobre las que hablar y escribir?”. Quien haya escuchado alguna vez el programa de radio de Javier Cruz —transmitido sin falta durante los últimos 4 años, cada mañana de 7:30am a 9:00am por la estación XS 92.9 FM—, sabrá de antemano la respuesta a estas preguntas, pues entenderá desde ya que la cancelación de este programa simboliza perder uno de los espacios informativos de mayor calidad en el puerto, donde el contenido periodístico siempre cumplió con su carácter de objetividad, veracidad y contundencia.

Sin embargo, si el lector no está familiarizado con el programa de radio al que nos referimos aquí, quizás la breve narración de mi experiencia personal con este medio le ayude a comprender la gran pérdida que los ensenadenses hemos sufrido esta semana.

El programa de radio lo escuché por primera vez durante mi carrera universitaria. Cada mañana, durante los semestres que tomaba clases en el turno matutino, lo escuchaba desde que me paraba de la cama hasta que llegaba a la escuela. Mientras me cambiaba, desayunaba y alistaba mi mochila (la mayoría de las veces con algo de prisa, por mi tendencia a la impuntualidad), escuchaba con gran interés como Javier (y en su momento Olga) entrevistaba a los invitados del día, narraba y describía los hechos periodísticos de la jornada anterior, examinaba los movimientos políticos del momento, describía los nuevos escándalos de corrupción, y nos hablaba sobre los avances tecnológicos y científicos de vanguardia.

Si bien Carmen Aristegui se ganaba mi preferencia cuando deseaba enterarme de las noticias nacionales, Javier Cruz me brindaba un panorama que incluía tanto los hechos de carácter local como nacional e internacional. La experiencia de escuchar A los 4 Vientos implicaba informarse de la agenda política, cultural, artística y científica del puerto, pues la voz al otro lado del micrófono se daba a la tarea de repasar los periódicos locales en cada programa. Además, durante la hora y media que duraba la transmisión, también se enteraba uno de las noticias de carácter nacional e internacional más relevantes de los últimos días, al igual que del panorama económico y político de la nación (los enlaces con el corresponsal Pablo Reina en Tamaulipas quedarán en la memoria de todos los radioescuchas).

Cabe recordar que Javier informaba siempre con gran criterio y razón, analizando con profundidad los temas más controversiales, polémicos y sorprendentes del día a día. Oír A los 4 Vientos era, pues, iniciar la mañana con una recarga de información bien fundamentada y actualizada, era tener al alcance de cualquier radio un noticiero de calidad. Incluso había ocasiones en las que deseaba tanto escuchar el programa hasta su conclusión, que me costaba mucho trabajo despegarme de la radio para asistir a clase: “ya voy tarde de todos modos, mejor me espero a que termine”, me convencía a mí mismo.

Una cosa que me preguntaba a diario era cómo sería el rostro del locutor, pues antes de tener el honor de conocer a Javier en persona, siempre me pareció que la voz que hablaba por la radio emanaba compañerismo, honestidad y confianza —como negarlo, si Javier siempre se refirió a nosotros (su audiencia) como “amigos y amigas”—.

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Cuando llegó el momento de realizar mis prácticas profesionales, me di a la tarea de buscar un lugar dónde pudiera “poner en práctica” los conocimientos que había adquirido a lo largo de mi formación universitaria. Buscaba un lugar donde pudiera ejercer la libertad de escribir, y al mismo tiempo aprender sobre la disciplina del periodismo, un espacio donde pudiera pulir los diferentes géneros periodísticos que todavía no dominaba de pies a cabeza.

Para entonces, ya había examinado con cuidado los diferentes medios de la ciudad, sopesando los intereses privados, las ideologías políticas, las carencias editoriales, las ventajas mediáticas, y también las posibilidades de ser censurado en cada uno de los medios analizados (el caso de Rael Salvador sigue resonando en la conciencia de muchos).

En mi búsqueda por un espacio informativo de mi agrado, establecí contacto con Plex, portal digital cuyo fundador trabajó durante una temporada en el periódico Zeta. Sin embargo, debido a la gran carga de trabajo que el medio tenía en aquel entonces (apenas despegaba el portal), mi proceso de alta de prácticas quedó atascado. Así pues, no avanzó más la cosa por ahí.

Luego de acompañar a mi pareja a una entrevista con Olga Aragón, descubrí que la oportunidad de colaborar con el equipo de A los 4 Vientos estaba abierta, pues aparte de su programa de radio, Javier y Olga tenían un portal digital donde compartían notas y reportajes periodísticos. Al entrar y explorar su página web, me di cuenta de que no tenía que buscar más: había encontrado mi lugar. “A los cuatro vientos es el periodismo en la red, libre e independiente de todo grupo de poder político y económico”, reza todavía en la sección de “Somos” de esta página de Internet.

Desde entonces, he aprendido mucho colaborando con Olga y el hombre de la voz amigable, quien hasta hace poco diera un recuento de las noticias cada mañana. He aprendido que es difícil mantener los principios éticos de pie, en un mundo donde todos venden su alma por dinero; he aprendido que no hay nada más valioso que la información confiable y de calidad; he aprendido a fundamentar todo lo dicho, a argumentar lo expresado, y más importante, a señalar las injusticias y a exigir que se acabe el abuso de los poderosos.

En mi opinión más personal, dejar fuera del aire al programa radiofónico de “A los 4 Vientos” habla del poco compromiso social del concesionario Rommel Arvizu Rashid (ni que decir de su criterio moral), quien ahora sale a relucir como quien verdaderamente es: un hombre de la vieja escuela que no sabe pensar fuera de la caja dorada que el sistema ha construido a su alrededor, una persona cuya conciencia ha sido secuestrada por la arrogancia, la terquedad, el dinero y el poder.

Basta echar un vistazo a la nota donde Javier Cruz denuncia la cancelación del programa (http://www.4vientos.net/?p=44368), para observar la personalidad histórica de este personaje tan ruin, quien desde inicios del programa no hizo más que limitar el trabajo del periodista según sus caprichos e intereses privados: censura por aquí, censura por allá, no digas esto, ni tampoco aquello.

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Imagen: Internet.

En las pocas oportunidades que tuve de hablar con el señor Arvizu (y de escucharlo en las mesas de debate), me di cuenta de la poca afinidad que el hombre tenía con Javier: uno era crítico, el otro dogmático, uno comprometido con la sociedad, otro comprometido con su bolsillo, uno virtuoso, el otro de temple mediocre, y así podría continuar con la lista de adjetivos antagónicos.

Quisiera concluir esta columna recordándole al lector que siempre que un buen periodista es silenciado y censurado, la verdad y la libertad de expresión reciben un duro golpe al corazón. Desde hace tiempo que los mexicanos estamos inmersos en una guerra contra la verdad, y en esta ocasión somos testigos de un baja más en el campo de batalla.

Y es que, en tiempos como estos, donde el flujo informativo de la red puede llegar a ser tan avasallante y abrumador, los medios de comunicación masiva convencionales (radio, prensa, televisión) son quienes deberían ostentar el título de voceros sociales, representando el sentir de la población y fungiendo como un espacio donde escuchar las problemáticas de la comunidad. Pero de nuevo, en un país donde el gobierno en turno se dedica a crear discursos que disimulan la realidad, y donde incrementar la pobreza y la ignorancia es condición necesaria para cooptar con mayor facilidad el voto, es cada vez más difícil encontrar un medio donde no se amordace a los periodistas.

Carmen Aristegui sufrió la misma censura hace un año, y con el apoyo de los ciudadanos llevó a cabo una demanda legal contra MVS. Sin embargo (y por desgracia), la locutora perdió el caso, demostrando nuevamente la incapacidad de nuestro sistema penal para atender las necesidades de las audiencias. En esta ocasión nos toca vivir un caso similar en nuestro municipio, pues si bien Javier Cruz no ha sido el vocero de todo un país, estoy más que convencido de que lo ha sido para toda una ciudad. Pareciera que los grupos mediáticos se hubieran puesto de acuerdo para dejarnos, poco a poco, sin programas de calidad, sin noticieros dignos de escuchar por las mañanas.

Nos toca ahora a nosotros, las audiencias, demostrarle a los “poderosos” que los tiempos en que se amordazaba a la verdad han quedado atrás. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han abierto una inmensidad de espacios alternativos, lo que significa que hoy tenemos la oportunidad de acceder a contenido periodístico fidedigno y de calidad, sin tener que depender de los caprichos individuales de concesionarios y medios subordinados al partidismo político.

Al igual que Carmen Aristegui, Javier Cruz ha decidido confiar en las posibilidades de Internet y ya se encuentra listo para continuar con su labor en los nuevos espacios digitales. De nosotros depende que A los 4 Vientos siga siendo un medio independiente y libre de intereses políticos y económicos, pues tal como lo repitiera Moisés Santos al inicio y término de cada programa, este portal representa “un espacio de libertad, donde todas las voces encuentran eco”.

No dejemos que un hecho social como el de esta semana quede impune. Castiguemos a los déspotas como Rommel Arvizu con lo que más les duele: la comunicación de la verdad.

En tu decisión, lector, está el destino del periodismo

DANIEL ARELLANO* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Baja California, Campus Valle Dorado, actual practicante en A los 4 Vientos. Interesado en el periodismo de investigación, la literatura, el estudio de las ciencias sociales y el desarrollo político del país.