Freno de mano

¿Será que la corrupción es o no es cultural en México? Después de perder las elecciones del domingo 5 de junio, la clase política de varios partidos todavía está pataleando rencorosa, como niño en pleno berrinche y haciéndose mensa con el sopapo que les envió el electorado de una manera más que contundente, para rechazar la corrupción como sistema de gobierno.

Álvaro De Lachica y Bonilla* / A los Cuatro Vientos

El PRI y su escudero verde (PVEM), mostrando su rencor, lograron una victoria apenitas en el Senado y gracias a la irresponsabilidad de unos cuantos senadores del PAN y del PRD que no juzgaron importante su presencia en la votación sobre la Ley 3 de 3, o que no querían comprometerse (¿quién sabe por qué?), aprobaron una reforma desvirtuada, que no incluye la total transparencia postulada originalmente por la Ley 3 de 3, buscando  con su actitud normas que sean anticorrupción pero sólo de nombre.

Lo que es inaceptable es que esta reforma “light”, marcará para siempre el abismo entre la postura ciudadana y la postura de un puño de legisladores que no quieren asumir la verdadera representación ciudadana.

El mensaje en las urnas del pasado 5 junio fue muy claro: a los ciudadanos de muchos estados, independientemente quien haya ganado, se cansaron de las transas y castigaron con el voto a los corruptos.

¿Será cierto que después de tantos años de esfuerzo, el sistema electoral está empezando a rendir frutos? ¿Los ciudadanos por fin se están percatando de su poder? ¿El dinero de los partidos está perdiendo su poder? El poder real y eficiente surgirá de la expresión auténtica de la verdad ciudadana.

En la actual reforma aprobada la Ley 3 de 3, los funcionarios públicos, sí harán su declaración fiscal, patrimonial y de interés, pero: 1) no será pública, es decir ni yo ni usted podremos conocer dichas declaraciones “porque es peligroso y tentador” para los malandrines (no vayan los secuestradores a relamerse los bigotes con las cuentas de banco de nuestra clase política); 2) tampoco conservará su carácter de “obligatoriedad” (es decir, va a presentarla sólo aquel al que le dé la gana) y; 3) los términos de los cuestionarios los elaborarán, sí, los ciudadanos, pero unos ciudadanos escogidos por otros ciudadanos que a su vez serán escogidos por los partidos políticos.

Imagen: Portal Sin Embargo
Imagen: Portal Sin Embargo

Poco es lo que quedó de esa #Ley3de3 que firmamos miles de ciudadanos mexicanos, habríamos querido que su resolución fuera en las semanas previas a la elección, pero no fue así, la dejaron para después…

Este frenón fue planeado desde mediados de abril, cuando tenebrosos personajes comenzaron a  tejer estrategias en la opacidad por fuera de las instalaciones del Senado, que concluyó con la aprobación de esta reforma. Los principales operadores son: el legislador del Verde y presidente de la Comisión Anticorrupción, Pablo Escudero y el priísta Raúl Cervantes, quienes fueron comandandos por el impresentable coordinador del PRI, Emilio Gamboa.

En un segundo nivel de responsabilidades y de negociaciones estuvieron los priístas Enrique Burgos y Cristina Díaz, y en el último momento se sumó el senador independiente, Manuel Cárdenas, quien acaba de llegar a la cámara alta como suplente de la finada legisladora Mónica Arriola, hija de la ex lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo.

Viéndolo bien, esta negativa a la Ley 3 de 3 es común a los políticos de todos los partidos… es cómo un engaño colectivo. Y si lo dudamos, que no se nos olvide que por lo menos 50 %  de candidatos a puestos de elección popular que se presentaron este pasado 5 de junio en todos los estados en donde hubieron elecciones, se negaron a realizar la declaración 3 de 3. A casi todos los futuros funcionarios, de todos los partidos, les vale madre la honestidad y la transparencia. Prefieren engañarnos a todos nosotros.

Ni modo, si todos los altos burócratas pudieran hacer coincidir su escaso patrimonio con sus cuentas bancarias, simplemente desaparecería una especie folclórica que tantas alegrías nos proporciona: los nuevos ricos, herederos de las viejas glorias de los cachorros de la revolución. ¿Qué chiste tendría entrarle a trabajar como funcionario de altos ingresos (como INFONAVIT), si no puedes pasártela a toda madre  a costillas del erario?

ALVARO DE LACHICA* Miembro de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, A.C. Correo electrónico: andale941gmail.com