REFICCIONES: Votar contra los indeseables

Transcurrieron las votaciones del 5 de junio y buen golpe se llevó la prepotencia priista y sus aliados e incondicionales, una importante parte de la población comienza a entender que incluso a través del voto y pese a su desvergonzada manipulación, aún se puede rechazar a los indeseables. Sin embargo no puede dejar de señalarse que si los impunes pueden ser sustituidos, la impunidad permanece en la estructura burocrática que los sostenía, si el personaje puede ser rechazado el aparato que lo mantiene permanece.

Ignacio Betancourt / A los Cuatro Vientos

La parte deplorable de cualquier elección mexicana es que una votación, por más participativa que sea, resulta insuficiente para cambiar un sistema que atrofia de inmediato cualquier saludable intención. El aparato administrativo es el soporte intocable de los más viles y funciona impecablemente al ser capaz de corromperlo todo empleando las más siniestras estrategias, para el pronto envilecimiento de los recién llegados.

¿Querrá esto decir que es inútil votar o ser votado? De ninguna manera. Cuando el horno no está para bollos y las opciones no abundan, resulta poco práctico (por no decir sospechoso y torpe) el dejar sólo en manos de los gobiernos el manejo de los votos y las votaciones. Si el voto es el sostén cada vez más inoperante de la corrupción, hasta algo tan deleznable como el actual voto debe ser disputado; la “pureza” no es buena consejera en la política real (ni en nada), todo radicalismo que no brota como necesidad del contexto se diluye en deseos insatisfechos y tarde o temprano desmoviliza y genera complicidad a través de la indiferencia y el cultivo del nefasto mito de que todo es inútil contra el gobierno.

Llamar a la abstención en el presente más beneficia a lo nefasto que a lo democrático, pese a todo es con la farsa electoral que realiza el poder establecido y es con los votos truculentos que el actual partido en el poder construye su imagen y se mantiene medrando bajo la apariencia de haber sido “electo”. Igual podría hacerlo con la represión y las armas solamente, pero en la actualidad tales procederes no son bien vistos en otros países, de ahí la importancia de la disputa hasta por lo electoral. Una vez instalados “legalmente” los gobiernos (incluso por la más manipulada de las votaciones), imponen leyes a su favor y con la policía, el ejército, la Marina, golpeadores y porros, jueces y ministerios públicos, periódicos y televisores convierten al voto en efímero poder; pero con porcentajes de 20 o 30% ni con todos los locutores del mundo podrían mantenerse en el engaño. Puesto que cada vez la reiterada estrategia resulta menos exitosa habrá que contribuir a su disfuncionalidad, a fin de cuentas la acción de votar no excluye ninguna otra posibilidad para la transformación social que urge a millones de mexicanos.

Quienes repudian el repudiable voto son inoportunos por más justificada que sea su indignación, además corren el riesgo de parecerse a aquellos católicos que rechazan el “matrimonio igualitario” pese a que a nadie se obliga a casarse con persona de su mismo sexo; la legalización de tal “matrimonio” no obliga a ningún heterosexual a cambiar de preferencia, simplemente se abre la posibilidad de que se respete el derecho a una libertad permanentemente escamoteada por la hipocresía de funcionarios y clérigos. Cásense con quien puedan pero voten en contra de los partidos dominantes, podría ser una de las orientaciones actuales. Obviamente sin dejar de lado ninguna otra forma de organización social que contribuya a mejores condiciones para la vida de la mayoría de los ciudadanos.

Integrantes del Club Liberal Ponciano Arriaga (Foto: internet)
Integrantes del Club Liberal Ponciano Arriaga (Foto: internet)

Y mirando hacia atrás, a los inicios del pasado siglo XX, bien valdría la pena recordar que fue en esta ciudad donde un 13 de septiembre del año de 1900 se fundó el Club Liberal “Ponciano Arriaga”, con potosinos tan valiosos como Antonio Díaz Soto y Gama, Juan Sarabia, Librado Rivera o el poeta (sobrino de Othón) José María Facha; fue un grupo notable quien continuó la ofensiva contra el general Porfirio Díaz al que desde el año de 1892 estudiantes de diversos lugares del país repudiaban. Vale la pena el dato por aquellos que se ufanan en decir que San Luis Potosí sólo es una ciudad mocha y conservadora, también tiene una rica tradición liberal escamoteada por historiadores poco escrupulosos, que aún aguarda su más amplia difusión.

Por estas tierras desde mediados del siglo XIX hubo luchadores sociales de la talla de Ponciano Arriaga (que poco tiene que ver con los actuales gobernantes, aunque algunos presuman de parentescos ilustres). Un 5 de febrero de 1901, en el teatro de la Paz, se realizó el Primer Congreso Liberal y dio inicio formalmente la compleja y diversa organización de lo que posteriormente sería conocida como la Revolución mexicana o movimiento revolucionario de 1910. Pese a conservadores tan beligerantes e influyentes como el “Obispo Piedrotas” (así llamado por la población por su excesivo gusto por la joyas), el muy ilustre y violento Ignacio Montes de Oca y Obregón, el conservadurismo no pudo desaparecer ni a liberales ni a revolucionarios cuyo legado aún reivindica de diversas maneras demandas que no caducan.

Significativos resultan los cambios programáticos entre el Primer y el Segundo Congreso Liberal pues el segundo superaba explícitamente el anticlericalismo del primero, justificado en buena medida por el hecho de haber sido un discurso de Montes de Oca en París el que indirectamente contribuyó a la convocatoria de los liberales potosinos a un congreso nacional en esta ciudad (donde actualmente muchos imaginan a la Procesión del silencio como su mejor expresión cultural). Ya en el programa del Segundo Congreso, no realizado debido a la represión porfirista, se cuestionaba de manera explícita la política antipopular del régimen de Díaz y su destinatario ya no eran las clases altas, sino una población donde se estimulaba un incipiente y abierto reformismo social, situación que ampliaba considerablemente la audiencia convocada.

Del poeta Charles Bukowski (1920-1994) su poema titulado “El matón”:

En realidad creo que mi padre/ estaba loco:/ por como conducía, tocando el claxon/ e insultando a la gente;/ por como discutía violentamente en lugares públicos/ por las cosas más triviales;/ por como apaleaba a su único hijo/ casi a diario/ a la menor provocación.// Claro que a veces/ los matones encuentran/ la horma de su zapato.// Recuerdo que una vez entré en casa/ y mi madre me dijo:/ “tu padre ha tenido/ una pelea terrible”.// Fui a buscarlo y lo encontré sentado/ en el váter./La puerta del baño estaba abierta.// Su cara era una masa de/ moretones y lastimaduras;/ tenía los ojos hinchados y negros,/ y hasta un brazo roto y enyesado.// Yo tenía trece años./ Me quedé mirándolo un buen rato.// Entonces gritó:/ “¿qué demonios estás mirando? ¿Tienes algún problema?”// Lo miré un momento más y me fui./ Tres años después/ lo tumbaría de un puñetazo,/ sin ningún problema en absoluto.

IGNACIO BETANCOURT ROBLES*Ignacio Betancourt Robles. Poeta potosino. Desde 1997 investigador literario en el Colegio de San Luis Potosí. Premio Nacional de Poesía Punto de Partida (UNAM, 1974); Premio Nacional de Cuento (INBA,1976) Libros publicados: De cómo Guadalupe bajó a la Montaña y todo lo demás (1977); El muy mentado curso (1984), Ajuste de cuentos (1995) Diaria poesía (2006). Como dramaturgo ha escrito diez obras, todas representadas. Libros de investigación literaria: “El escándalo”, primer drama de Manuel José  Otón. Texto y contexto (1999); Literatura y frontera norte (2005).