La apatía política de los cimarrones

“La actitud política busca (…) el acuerdo con los demás, la coordinación, la organización entre muchos de lo que afecta a muchos.”Fernando Savater

“…La política depende de quién la esté haciendo. La política la haces tú o alguien más la hace por ti, y si no estás dispuesto a recibir la política como la han hecho, tienes que hacerla tú y tienes que modificarla” –Pedro Kumamoto (en Vice News).

El jueves 19 de Mayo, en las instalaciones del gimnasio de UABC Campus Valle Dorado, se llevó a cabo el evento de alumnos potenciales a egresar. En este lugar se dieron cita los centenares de alumnos que están por concluir sus estudios universitarios, portando las camisas y atuendos distintivos de su generación y profesión.

Iván Gutiérrez* / A los Cuatro Vientos

En el acto se contó con la presencia de los altos cargos universitarios, entre ellos el rector Juan Manuel Ocegueda, quien en un momento emotivo concedió a los alumnos presentes algunas palabras de aliento con relación a su próximo egreso: “Enorgullezcan a su universidad […] Sabemos que cada uno de ustedes se convertirá en un actor social que le retribuirá a la sociedad lo que les ha dado […] Esperamos que lleven a todas partes el sentimiento de pertenencia e identidad cimarrona, y que vibren al escuchar el himno universitario”.

Sobre el discurso anterior se podrían decir muchas cosas y eso es lo que pretendo hacer con este texto: iniciar el diálogo y la discusión.

Con sus palabras el rector de la máxima casa de estudios del estado parece hablar de una comunidad estudiantil activa, despierta, lista y entusiasmada por salir de su universidad para empezar a cambiar la sociedad; alumnos inquietos que no pueden esperar más para convertirse en ciudadanos comprometidos con el desarrollo de su entorno.

Bueno, soy de la idea de que la realidad cimarrona es completamente opuesta al panorama ideal pintado por el rector. Por ello —y siendo éste el primero de dos trabajos sobre el mismo tema—, a continuación brindaré mi opinión sobre lo que pienso del carácter político de los estudiantes que egresan de universidad estatal.

Quiero aclarar que varias de mis reflexiones son producto de un trabajo escolar de investigación llevado a cabo en conjunto con amigos de la universidad, por lo que gran parte del crédito le pertenece a mi equipo de trabajo. La indagatoria puso énfasis en la actitud política de los estudiantes de la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales (FCAyS) de UABC, Campus Valle Dorado, para lo que nos dimos a la tarea de realizar entrevistas y recabar testimonios sobre el sentir y el pensar de los estudiantes con respecto a su involucramiento en los procesos democráticos del país, y las diferentes variables del problema que aquí se desarrollarán.

Si bien la investigación se enfocó en los estudiantes de una sola facultad, no dudamos en afirmar que los fenómenos y comportamientos aquí descritos también se reproducen en el resto de los campus y facultades de la universidad, por lo que generalizaremos y hablaremos más que nada de los “estudiantes universitarios”, antes que referirnos únicamente a los estudiantes de la FCAyS.

Además, quiero aclarar que obviamente habrá excepciones a la regla. Sin embargo, aquí nos enfocaremos únicamente en describir el escenario de participación política y “la actitud cimarrona” más generalizada entre los estudiantes.

Una comunidad dormida

UABC LOGO CAMPUS Y ALUMNOS

Es un hecho que el desarrollo democrático de una nación es impensable sin la participación de los jóvenes, pues son ellos quienes, con el espíritu lleno de vitalidad, vigor y ansias de libertad, revolucionan los ideales y las prácticas políticas que se van volviendo obsoletas con el paso del tiempo y el progreso de la sociedad.

Como nos han repetido toda la vida, los jóvenes eventualmente se convierten en los constructores del futuro, en los forjadores del mañana, en los operadores del sistema. Esto sucede cuando se da la transición del joven despreocupado al adulto profesionista y responsable, cuando los estudiantes se convierten en actores sociales comprometidos con el desarrollo de su comunidad y pasan a desempeñar el rol de ciudadanos.

Sin embargo, si prestamos atención al escenario político de Ensenada, vemos que los universitarios brillan por su ausencia ya que la juventud parece estar interesada en todo, menos en cambiar las condiciones socio-políticas que reinan en su alrededor.

Esto no significa que, como profesionistas, no vayan a desempeñar una buena labor o a intervenir en la sociedad. Más bien quiero decir que, al egresar, los jóvenes se insertan en el lugar que se les asigna sin cuestionar o tratar de cambiar el modelo social en que comenzarán a operar. En otras palabras, salen al mundo real sin inquietudes políticas, sin aspiraciones de cambio, lo que se traduce en una pasividad apática en la intervención política de su contexto.

Podríamos empezar quizás preguntándonos qué se entiende por participación política. Para ello, la siguiente definición nos ayudará a aclarar la cuestión: “La participación política puede llegar a ser definida como aquellas actividades voluntarias mediante las cuales los miembros de una sociedad intervienen en la selección de los gobernantes y, directa o indirectamente, en la formación de la política gubernamental» (De Blas, A., Rubio, M. Teoría del Estado)

Podemos entonces hacer la pregunta más precisa: ¿Se involucran los jóvenes universitarios en la selección de los gobernantes y en la formación (directa o indirecta) de políticas gubernamentales? Tristemente, la respuesta es una rotunda negativa. Las encuestas demuestran que Baja California es uno de los estados de la república mexicana donde la participación política entre los jóvenes destaca por ser de las más bajas a nivel nacional. El hecho es tan contundente que las encuestas están de más. Basta con observar la ausencia de los estudiantes en las recientes campañas políticas para darnos una idea de su desinterés.

La participación política activa de los estudiantes no es nula, pero sí es escasa. Sólo una minoría de todos los universitarios se involucran en los procesos democráticos convencionales (militancia política, voto electoral), o son promotores de vías alternativas de participación (como la expresión artística, las marchas y mítines estudiantiles).

Se ha podido observar que el interés de los jóvenes universitarios se despierta únicamente cuando ocurren determinados hechos políticos coyunturales, por ejemplo el movimiento #YoSoy132 en el 2012, o la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en el 2014. Ahí se vio claramente una movilización de los estudiantes, quienes lograron organizarse y realizar actos para exigir justicia de acuerdo a las circunstancias de cada hecho. Sin embargo, esto demuestra únicamente que la participación de los universitarios es eventual, esporádica. En otras palabras, no hay una participación consistente a largo plazo entre los estudiantes.

Ojo, no digo que los universitarios sean apolíticos (dígase, que no son seres políticos), pues como lo declaró Aristóteles en la antigua Grecia: el hombre es un animal político por definición. Lo que sí declaramos es que los universitarios son seres políticos apáticos, individuos que no participan habitualmente en el desarrollo de sus respectivos escenarios democráticos; al contrario, lo hacen de forma eventual y coyuntural.

Es en este punto que debemos hacer una de las preguntas fundamentales para este trabajo: ¿Cuáles son las causas detrás de la falta de participación activa de los jóvenes universitarios en el escenario político local y nacional?

Las razones detrás de la poca participación política entre los jóvenes son varias y no podemos simplemente señalar a los universitarios como seres desinteresados e indiferentes, pues si bien la actitud de los estudiantes juega un papel fundamental en el problema, veremos que otros factores (como el contexto geográfico y la desconfianza en las instituciones) también intervienen en la apatía de la juventud.

El problema es complejo, lo que implica que las causas de la apatía son múltiples y se entrecruzan al momento de explicar el fenómeno en cuestión. Por cuestiones de espacio, en este trabajo sólo abordaremos algunas de las razones que consideramos responsables de la apatía universitaria.

Para facilitar la descripción de la problemática la dividiremos en los siguientes ejes principales: 1. el contexto fronterizo y el problema de la identidad en la juventud ensenadense, 2. el desinterés, la desinformación y el analfabetismo político de los jóvenes, y 3. la falta de representación política estudiantil. Después de esto brindaremos las posibles vías de participación que los jóvenes tienen a disposición, dado el contexto actual.

La identidad y el contexto de los jóvenes universitarios

UABC CAMPUS NOCHE

El primer gran tema en la problemática sobre la apatía entre los universitarios es el de la identidad nacional, y partiremos del supuesto de que los jóvenes universitarios no sienten muy arraigada la identidad mexicana arquetípica, esto debido a procesos derivados de las condiciones geográficas de la ciudad, en concordancia con procesos de aculturación disparados por el contexto fronterizo.

Por un lado, la gran cercanía del municipio con la frontera estadounidense favorece un intenso proceso de aculturación (de agringación), mientras que por el otro, la enorme distancia que hay entre Ensenada y el centro del país debilita el núcleo duro de la identidad nacional. Esto considerando que la capital suele ocupar un lugar privilegiado al momento de hablar de identidad y cultura nacional, lo que no deja de resultar curioso siendo que México es reconocido precisamente por su gran diversidad étnica y cultural.

Esta falta de identificación nacional desemboca en que los universitarios no perciban al país como un lugar que les pertenece, una nación que es suya por derecho y que, por ende, les corresponde proteger y cuidar; a fin de cuentas, ¿quién va a querer limpiar el patio sucio del vecino, siendo que no le corresponde esa responsabilidad? Más adelante veremos que las consecuencias de la percepción de no-pertenencia también se reproducen en otros niveles identitarios.

Además de la distancia con la capital nacional, un factor que influye en la dispersión de la construcción de la identidad del universitario es la ya mencionada cercanía con los Estados Unidos, lo que favorece que exista un alto intercambio económico y cultural entre las dos partes de la frontera. Este intercambio internacional contribuye a que los jóvenes tengan mayor facilidad de acceso tanto a bienes materiales (tecnología, ropa, alimento) como a bienes culturales (modas, entretenimiento, espectáculo, tendencias).

Esta capacidad de adquisición, muy distinta a la del resto del país, tiene un impacto significativo en la percepción del ensenadense como un mexicano agringado, lo que no favorece el fortalecimiento de la pertenencia a la nación, mucho menos la preocupación por su desarrollo político y social.

La incesante retroalimentación fronteriza en la que se desenvuelven los universitarios también tiene serias implicaciones en su cultura política, pues estar en constante interacción con una cultura extranjera (como lo es la norteamericana) provoca que algunos de sus ideales y valores socio-políticos sean importados e interiorizados por los jóvenes. Algunos de estos ideales apropiados pudieran ser: el hedonismo (la búsqueda del placer sobre todas las cosas), una ética minimalista, el culto al consumismo, la priorización del bienestar privado antes que el bienestar colectivo, un alto nivel de individualismo, la falta de compromiso, una valoración muy alta de lo superficial (como lo bienes materiales y la apariencia física), la búsqueda de emociones intensas poco duraderas (YOLO), y, por supuesto, la persecución del sueño americano.

Con la adopción de valores norteamericanos como estos, no es de sorprender que los jóvenes prefieran dedicar su tiempo al desarrollo de sí mismos, sus hobbies y sus metas personales, antes que poner dentro de sus prioridades el progreso comunitario a través de su participación activa en la política.

Como podemos observar, la adopción de valores e ideales estadounidenses, aunado al distanciamiento del centro nuclear de la identidad nacional, provoca que los universitarios no tengan del todo claro si deberían percibirse más como norteamericanos que mexicanos, o viceversa, factor que interviene directamente en su militancia y cultura políticas.

Si bien los universitarios habitan el territorio nacional, las condiciones antes descritas tienen consecuencias desfavorables para la construcción de una identidad nacional sólida, que lleve a los jóvenes a participar como verdaderos actores políticos. Sin un sentido de pertenencia consistente que permita a los universitarios sentir que el país les pertenece, la defensa de una soberanía nacional es muy difícil de perfilar.

Fortalecer el orgullo nacional pudiera ser representar una vía para atender este problema; sin embargo, dejaremos este asunto pendiente para futuras reflexiones.

La desinformación y el desinterés

UABC ALUMNOS FORMAN LETRAS

En este punto partiremos del supuesto de que existe una clara relación entre el interés, la información y la participación política. Para ello nos daremos a la tarea de explicar los hábitos informativos de los estudiantes universitarios en cuanto a su consumo de contenido político se refiere.

Los jóvenes suelen estar muy desinformados sobre la realidad socio-política de su país. Esto se debe a varios motivos. Por un lado, los jóvenes prefieren consultar otro tipo de contenidos en los medios antes que ponerse a leer sobre los diferentes casos de corrupción en el país (¿quién quiere leer un texto aburrido sobre la apatía política en los universitarios en su tiempo libre?).

Claro que los universitarios están al tanto del chisme y la polémica política cotidiana, el escándalo de la nota diaria publicada en los medios, o la opinión pública sobre los diferentes asuntos políticos del momento, ¿pero con eso basta para considerarse un estudiante informado? Lo siento, pero no.

Así, el panorama apunta a que los jóvenes utilizan los medios para todo menos para cultivar su conciencia política. Antes que ver un noticiero informativo en televisión, mirar un videoblog sobre política, leer un reportaje sobre el narcotráfico en Baja California, o informarse sobre las propuestas de los candidato en campaña los universitarios verán videos graciosos de gatos en YouTube, escucharan una canción de su banda favorita en Spotify, harán sus deberes escolares, chatearan, o se pondrán a ver las nuevas fotos de sus contactos en Facebook (en algunos casos, harán todas las anteriores al mismo tiempo).

Internet y su oferta infinita de múltiples posibilidades (para todos los gustos) se ha robado mucha de la atención que antes los jóvenes destinaran a la política.

Los jóvenes tienen, pues, otras prioridades muy alejadas de la política que se puede constatar observando sus preferencias informativas al momento de navegar por internet y las redes sociales. Los universitarios se interesan por cuestiones más afines a sus gustos particulares, cosas como los carros, las series televisivas, la música, la fiesta, los deportes, el sexo, o el entretenimiento. En este punto los medios masivos juegan un papel fundamental pues no son pocos los temas de interés que la industria del entretenimiento (y ahora las redes) insertan en la cultura de masas.

La falta de criterio en el consumo de información política es otro factor importante en la desinformación de los universitarios. Muchos jóvenes carecen de las herramientas críticas necesarias para discriminar la información que consultan. Este es otro problema que se acrecienta con el auge de las nuevas tecnologías digitales ya que con el incremento de las fuentes de información y el bombardeo diario de noticias en medios como Facebook (donde la mayoría de los usuarios sólo lee los encabezados), el criterio necesario para discriminar lo real de lo falso se ve gravemente cuestionado entre las nuevas generaciones: ¿Cuántas notas del Deforma o El Vejiga no han pasado por información verídica?

Se podría decir que hay más información a disposición, pero menos criterio, lo que sólo habla de la urgencia de los universitarios por aprender a investigar a profundidad para formar así una opinión fuerte que les ayude a definir su postura política.

Los tecnicismos del lenguaje político-legislativo manejado en este tipo de informaciones también son un factor que aleja a la juventud de los hechos políticos. “¿Cuáles son esas dependencias gubernamentales?, ¿desde cuándo hay tantas secretarías?, ¿a qué política económica se refiere?, ¿de qué artículo constitucional habla ese tipo?”, se preguntan.

Al no comprender el lenguaje técnico que implica la ley y los procesos políticos, los jóvenes no se sienten motivados a consultar información de carácter político en los medios. ¿Cómo van a hablar de las reformas estructurales de Peña Nieto, la Ley Anticorrupción, los movimientos sociales en Sudamérica o la reforma al código civil militar, si los universitarios no comprenden a qué se refieren los reporteros y analistas políticos al momento de hablar de este tipo de cuestiones? El analfabetismo político reproduce la no participación y el estancamiento del desarrollo de una cultura cívica.

Toda esta desinformación provoca que los jóvenes tengan, por lo general, la opinión política que está “de moda”, lo que se traduce en una opinión sin argumentos sólidos. Y al no sentirse seguros de su opinión, los universitarios optan por dejarla fuera de sus pensamientos, mucho menos consideran expresarla con sus compañeros y generar un diálogo que fomente el interés sobre el tema. Claro que el chisme político fluye pero no se desarrolla una discusión a profundidad. Así, se repite el ciclo del desinterés por los temas políticos que se traduce en un desconocimiento de la gestión y política pública, y que, finalmente, lleva a la no participación

La falta de identificación con los representantes políticos

UABC MAFIA PROTESTA

Aparte del factor desinformativo, los jóvenes universitarios no asimilan bien la política porque la perciben como algo muy alejado de su realidad, algo en lo que puedan participar.

Esto es comprensible si observamos que los mecanismos institucionales actuales más que buscar incluir a las nuevas generaciones, parecen esforzarse por repelerlas y excluirlas, reproduciendo así la idea de que la política es cosa de unos cuantos y no una disciplina pública y accesible para todos los ciudadanos.

Los estudiantes no se paran a defender sus derechos nacionales porque no sienten que el país les pertenezca. Sin embargo, lo mismo ocurre cuando se trata del municipio, el ayuntamiento, y los diferentes organismos e instituciones gubernamentales que representan el desarrollo de la política local, pues los universitarios no ven que su voluntad popular sea atendida por quienes los gobiernan. En otras palabras, no creen que la política les pertenezca porque no se sienten representados.

A esto hay que agregar que los jóvenes tienen poca confianza y credibilidad en las instituciones políticas vigentes. No piensan que acciones participativas convencionales (como votar o militar en un partido político) puedan generar un cambio socio-político verdadero ya que los partidos políticos y los gobernantes electos los han desilusionado desde que tienen conciencia política.

Más que ver a la política como una herramienta útil para trabajar por el bien común, abogar por los intereses populares y cambiar la realidad pública, los jóvenes la perfilan como un instrumento descompuesto al servicio de unos cuantos.

Esto lleva a que los universitarios prefieran mantener la distancia con los organismos públicos que no son capaces de escucharlos y servir como verdaderos gestores del cambio social que buscan

 ¿Qué nos deja todo esto? Una comunidad estudiantil desmotivada y escéptica, universitarios cuya apatía sólo se acrecienta cuando dan inicio las campañas políticas y los candidatos comienzan a bombardearlos con el tsunami de promesas cínicas que repiten cada elección.

Los alumnos, al ver semejantes actos desvergonzados cada tres años y teniendo una idea general de la corrupción y el abuso que representa la partidocracia en todo el país, prefieren quedarse en casa el día de las votaciones antes que acudir a las casillas y participar en un proceso electoral en el que no confían.

Más adelante veremos que ante este panorama de rechazo y desconfianza, los jóvenes han desarrollado vías alternativas de participación política como respuesta al creciente desencanto con las vías convencionales, si bien sigue siendo una minoría la juventud que se involucra en este tipo de acciones.

La falta de líderes

UABC FCO VERA

La poca credibilidad de los estudiantes en su esfuerzo conjunto como gestor de cambio social, es uno de los mayores problemas que llevan a la no participación. Sin lugar a dudas, un factor elemental para comprender la apatía política entre los universitarios es la extendida falta de líderes juveniles.

Los jóvenes no han encontrado individuos que sinteticen y representen sus inquietudes, sus exigencias y sus necesidades. Los jóvenes no confían en la capacidad de los partidos políticos convencionales para generar cambios significativos en las condiciones sociales y políticas de su municipio. Tampoco ven en las instituciones gubernamentales un espacio abierto que esté dispuesto a dialogar con ellos y atender sus necesidades. Sin embargo, el problema es que ante esta falta de representantes en la esfera política, los jóvenes tampoco han logrado organizarse para formar un bloque duro que sí los represente.

La versatilidad de la identidad juvenil también juega un papel fundamental en este apartado. No existe una sola identidad que dictamine lo que debe ser un joven, sino un abanico de múltiples identidades de lo juvenil. En el escenario de lo joven hay una gran variedad de matices en cuanto a gustos y preferencias. Esto lo podemos observar si prestamos atención a las diferentes tribus urbanas de la ciudad (los rockeros, los skaters, los frikis, los artistas, los deportistas, entre muchos otros), quienes tienen múltiples problemáticas, y por ende, representan múltiples necesidades que atender. Esto hace que los procesos de participación política en los jóvenes sean todavía más complejos ya que su involucramiento responde a la satisfacción de diferentes inquietudes: ¿cómo poner intereses diferentes en el mismo saco?

Es ahí donde reside una de las acciones más urgentes a tomar entre los jóvenes: ser capaces de escucharse, organizarse y decidir en conjunto cuáles son las necesidades primordiales que les competen a todos. En otras palabras, los jóvenes tienen que definir un objetivo en común, una menta colectiva hacia dónde dirigir sus esfuerzos concretos. Para ello primero tienen que iniciar el diálogo y darle prioridad a sus semejanzas antes que a sus diferencias. Sólo así la juventud podrá establecer un rumbo claro para el destino de lo público; sólo así los universitarios podrán involucrarse como una sola fuerza en el devenir político de su comunidad; sólo así podrán surgir los líderes que representen las inquietudes e intereses de una esfera estudiantil unificada.

¿Qué hacer?: las posibilidades de las vías democráticas convencionales y alternativas

Luego de este paseo por los diferentes factores que intervienen en la apatía y la falta de participación en los universitarios ensenadenses, ¿qué se puede hacer para remediar la cultura política minimalista de la comunidad estudiantil? La solución se tiene que desarrollar de manera gradual, atendiendo las diferentes aristas que componen la falta de participación política en los universitarios.

Un primer acto pudiera ser ir a votar este 5 de Junio. Como hemos visto, los jóvenes han perdido la confianza y la credibilidad en este tipo de procesos democráticos pues no piensan que el voto sirva como herramienta de voluntad de cambio. Gran responsabilidad de esta desilusión la tienen los partidos políticos (PRI, PAN, PRD) y la mala gestión pública de los gobernantes electos.

Sin embargo, la jornada electoral de esta ocasión se ha caracterizado por la participación de nuevos jugadores en la cancha, entre ellos los candidatos independientes. Esto abre una posibilidad novedosa dentro del panorama electoral de los universitarios: la oportunidad de votar por una candidatura independiente. La pregunta entonces pasaría a ser: ¿Los candidatos independientes representan los intereses de los jóvenes? Yo creo que sí.

Si bien la juventud está compuesta por una multiplicidad de identidades distintas, los jóvenes coinciden al momento de manifestar una actitud de rechazo a las instituciones políticas actuales. El joven ingeniero y candidato independiente, Omar García, es por mucho el candidato que comprende más de cerca el sentir juvenil de desencanto con la política, pues durante sus 28 años de vida ha experimentado en carne propia las consecuencias de la corrupción y la mediocridad gubernamental. Ha vivido, como joven y ciudadano, la no representación en el escenario político.

El proyecto del joven candidato, como mencionara en una publicación anterior (http://www.4vientos.net/?p=43726), ha surgido desde la ciudadanía como un movimiento social sin intereses de por medio, con el único objetivo de construir un gobierno que represente la voluntad popular, desarrolle el bienestar comunitario y renueve las formas de hacer política en la ciudad.

Votar este 5 de Junio por Omar García representa una oportunidad para utilizar las vías convencionales de participación democrática —el voto— para generar un cambio significativo en nuestro gobierno. La democracia es percibida por los jóvenes como una práctica elitista, que no está al alcance de toda la población. Bueno, ahora es cuando tenemos la oportunidad para cambiar esa percepción.

Dejando de lado las vías convencionales de participación, ¿qué otras vías existen para involucrar a los jóvenes en el desarrollo de la democracia? Los jóvenes suelen ser personas inquietas y llenas de energía. Sin embargo, el actuar de las instituciones los ha alejado de las vías convencionales de la práctica política. Ante esta perspectiva, los jóvenes tienen la posibilidad de buscar formas alternativas para involucrarse en la política, caminos que están fuera de las estrategias tradicionales de los gobiernos.

Las expresiones artísticas (música, cine, teatro, pintura, graffiti) son los medios que los jóvenes tienen a su disposición para recrear la política y proyectar sus opiniones al respecto. Poniendo en práctica la libertad de expresión, creando canciones, ilustraciones, murales, performance, videos y demás productos artísticos, los jóvenes tienen la oportunidad de manifestar sus inquietudes y expresar la opinión que tienen de los gobiernos que no han sabido escucharlos. Pueden así concentrar el sentir de la población e intervenir en la política a través de expresar la opinión de muchos ciudadanos en el espacio mediático.

La movilización social y la organización de la comunidad universitaria también es fundamental para construir un ambiente de mayor participación, donde se definan, integran y representen las diferentes necesidades de las juventudes.

Es urgente que los jóvenes encuentren (o construyan) espacios donde puedan manifestar sus opiniones y propuestas con libertad, con el objetivo de que compartan intereses en común y se organicen para trabajar juntos por alcanzarlas. La universidad pudiera jugar aquí un papel esencial. Sin embargo, la UABC no se ha caracterizado por ser un espacio de libre de expresión (ahondaremos en esto en la siguiente entrega de la apatía universitaria, que se publicara cuando se retomen las clases en el próximo ciclo escolar).

Otro tema es el de los hábitos de consulta de información política.

Es indispensable que la política se convierta en tema de conversación entre los jóvenes, que las nuevas generaciones entiendan la importancia de construir su opinión con base a información de calidad y no chismes de las redes sociales. Esto es responsabilidad de cada estudiante, pero también queda pendiente que los medios masivos contemplen brindar contenidos más afines a las preferencias de las audiencias juveniles.

En conclusión:

UABC ESTUDIANTES CAMPUS VALLE DORADO

Hemos llegado al final de un intento más por despertar la ciudadanía en los jóvenes. Como habrá podido observar el lector, el panorama en cuanto a la participación política de la juventud se refiere, es un tema complejo, un entramado de múltiples causas entrecruzadas que apenas comenzamos a desmenuzar y que todavía estamos muy lejos de resolver.

Podríamos decir que esta fue una primera aproximación, un primer análisis parcial del fenómeno de la apatía en los universitarios de Ensenada. De ser posible, en próximas entregas profundizaremos en el resto de los factores que intervienen en la indiferencia de los estudiantes, como los económicos —los estudiantes que están más preocupados por sobrevivir al día a día, o los que, por el contrario, viven en la comodidad de ser mantenidos por sus padres y no se preocupan por los problemas financieros—;  el miedo al rechazo —fundado en la falta de líderes y modelos a seguir —, o la percepción de las consecuencias de la corrupción como cuestionar por qué los estudiantes no se alzan contra el incremento del transporte público.

No queda más que agradecer su atención y recordar a los jóvenes que sólo su esfuerzo conjunto puede hacer un cambio. Basta de ser espectadores, hay que involucrarse. Es momento de que se despierte la conciencia política que nos lleve a apropiarnos de esta vieja disciplina que es la política, práctica que, finalmente, no es más que el arte de establecer acuerdos que hagan más agradable la convivencia social para todos.