El amor en los tiempos de los independientes

Quisiera clarificar algunos puntos para votantes inconformes. En el camino quizá podamos entender algunas actitudes de la cultura política mexicana. Las campañas son eventos rebosantes de felicidad artificial, con candidatos falsos y maquillados prometiendo cosas que no tienen la mínima intención de cumplir.

Ramiro Padilla Atondo

Así han sido las reglas de juego en casi todos los países del mundo, desde la instauración de la mal llamada democracia. Esto no quiere decir que las cosas no puedan cambiar. Pero hay actitudes tan arraigadas en nuestra psique que el rompimiento de estas reglas o protocolos nos sorprenden.

Octavio Paz lo describió con atingencia en el laberinto de la soledad, nuestro sistema es una hibridación de rey y tlatoani, sentimos una profunda reverencia por las figuras de autoridad, y esto se refleja en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Las familias, los lugares de trabajo, los partidos políticos son un ejemplo de esto.

Usted puede comprobarlo de manera sencilla. Mire a alguien antes de ser candidato de un partido, cuando es candidato, y una vez electo. Usted no cambia, él sí. Ya no es un simple mortal, es alguien que se siente tocado por una fuerza divina y actúa en consecuencia. Ya no es el tipo que vendía dulces en la esquina o tupperware para mantenerse. Ya no somos iguales pues. Pero este asunto no viene simplemente del bendecido por el puesto de elección, viene de todo un sistema que lo permite.

Nuestro país ha entronizado la figura del político corrupto, lo ha rodeado de un aura de intocabilidad, tolerado. Vuelvo a Octavio Paz, el político tramposo es un chingón. Parte de nuestro mal entendido machismo. En los países desarrollados el político es un trabajador más, limitado por un pacto social que le impide abusar de su posición.

 Por ello, las elecciones pueden  servir como laboratorio de percepciones. Como todas las sociedades tenemos nuestros signos, nuestros pactos, ideas formadas de lo que debe ser la política que por supuesto no son originales, son generadas desde los centros de poder. Nosotros entendemos que es así porque no tenemos otros referentes. Por eso aceptamos la inevitabilidad de la corrupción. Nunca hemos tenido gobernantes realmente independientes y esta idea nos genera resistencia.

ESCUDO NACIONAL INDEPENDIENTES

Es un nihilismo cultivado por la cultura priísta que queramos o no está muy arraigada. Y no hay nada más fácil de comprobar. Panistas, perredistas y los demás han actuado a la manera tradicional priísta una vez en el poder. La alternancia se ha convertido en otro lindo eufemismo. En México todos los políticos son pardos. No existe tal cosa llamada gobierno eficiente porque los grupos de poder actúan de manera piramidal, reparten el pastel una vez conseguida la victoria electoral para asegurarse una continuidad en el poder o enriquecerse a sus anchas.

Por ello las leyes anticorrupción son congeladas en el congreso. El robo al erario es tan común que hay pocos incentivos para cambiar, pues los diputados senadores y demás políticos no responden a sus electores sino a sus partidos. Las elecciones se han convertido en meros actos de simulación donde lo único que está en juego es el tamaño de la rebanada del pastel a repartir. Una partidocracia asquerosa que se ha convertido en una vía para enriquecerse de manera rápida.

Por ello las candidaturas ciudadanas son el verdadero peligro para el sistema. Tenemos 55 millones de pobres. Es un verdadero insulto para un país tan rico como el nuestro. Los partidos son como los especuladores o intermediarios que se quedan con la mayoría de la comisión por el solo hecho de tener el gafete. Nos han convencido que una sola naranja vale 200 pesos. Y los candidatos independientes pueden eliminar los intermediarios, avanzar hacia un nuevo pacto social que permita ver como se gasta el dinero de nuestros impuestos.

Es claro que si A B y C no funcionan nosotros tenemos que inventar D. tampoco podemos idealizar al candidato independiente porque el éxito de su gobierno no depende de él solo, sino de un equipo bien conformado. Podemos hacer historia y servir de ejemplo en el país demostrando que el desperdicio de dinero en campañas es cosa del pasado.

Por último, parte de esta cultura política que tiene que cambiar es el reclamo de atención personalizada por parte del candidato. Más allá de Omar, por encima de Omar están las ideas. Y eso es lo que ha venido promoviendo. No es solo Omar, somos nosotros los que podemos decidir el rumbo de nuestra ciudad. Que su campaña ha tenido fallas es normal, que no son los mejores mercadólogos ni duda cabe, pero recuerden que los que pueden pagar campañas impecables también pueden robar a manos llenas de manera impecable.

Hay que ser consciente, hay que demostrarle a nuestros hijos en unos años que fuimos inteligentes, y que con los pocos instrumentos democráticos que teníamos a nuestro alcance logramos grandes cosas.

RAMIRO PADILLA ATONDO* Ramiro Padilla Atondo. Escritor ensenadense, columnista y ensayista. Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, traducido al inglés; Esperando la muerte y la novela Días de Agosto. En ensayo ha publicado La verdad fraccionada y Poder, sociedad e imagen.