¿Necesita protección la naturaleza?

Mucho se comenta y se insiste en que debemos proteger y cuidar la naturaleza. Sin embargo se parte de premisas falsas. La primera consideración que tenemos que hacer es que la naturaleza no necesita cuidarse, se cuida sola. Podremos alterarla, contaminarla, destruirla, modificarla, “desarrollarla”, etcétera, pero en realidad no le estaremos haciendo nada.

Carlos Lazcano Sahagún* / A los Cuatro Vientos

La naturaleza se toma su tiempo y a pesar de nosotros, volverá a adquirir su equilibrio. Le podrá tomar mucho tiempo, millones de años incluso, pero si algo le sobra a nuestra madre naturaleza es tiempo, no por nada el Universo lleva cuando menos 15,000 millones de años de evolución, y nuestro planeta unos 4,500 millones de años.

A los que va afectar gravemente las alteraciones que estamos haciendo a la naturaleza es a nosotros, los humanos. Los cambios que estamos provocando a la naturaleza no pasan de ser para ella una simple molestia. Pero para nosotros traerán consecuencias catastróficas, tantas que estamos poniendo a nuestra especie en peligro de extinción, a la humanidad al borde de desastres y sufrimientos como nunca antes los ha habido.

Tan nada le estamos haciendo a la naturaleza, que aunque destruyéramos totalmente nuestro planeta, en el sistema solar no habrá pasado nada, y mucho menos a nivel de la Vía Láctea, nuestra galaxia. Y a nivel del Universo pues muchísimo menos. Sería algo así como si un mosquito se muriera en nuestro planeta. Ese nivel de afectación tendría la pérdida de la Tierra. Pero insisto, nosotros lo perderíamos todo. Absolutamente todo.

No, la naturaleza no necesita que la cuidemos. Somos nosotros los que necesitamos cuidarnos. En realidad no hace falta que se decreten “Áreas Naturales Protegidas”, lo que hace falta es que el ser humano, cada una de las personas que habitamos en este planeta se nos declare como “Área Natural Protegida”. El día en que se anteponga los seres humanos a los intereses económicos, ese día tendremos garantizada la permanencia de la naturaleza. Porque finalmente la protección de la naturaleza y los derechos humanos van de la mano. Los que agreden y destruyen la naturaleza casi siempre lo hacen pasando por sobre muchos derechos humanos.

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Todas las fotografías: Carlos Lazcano Sahagún.

Uno de los aspectos que más preocupa es la poca conciencia de mucha gente sobre esto. A pesar de tanta información sobre el deterioro alarmante que estamos ocasionando a nuestra casa La Tierra, hay muchísima gente que no se da por enterada, empezando por muchos políticos mexicanos, a quienes parece no importarles que las regiones naturales de México sean destruidas. Baja California da muchos ejemplos de esto.

En nuestro Estado se ha estado destruyendo sistemáticamente la costa, otorgándose todo tipo de concesiones a supuestos “desarrollos”, que son más bien empresas depredadoras. Los bajacalifornianos estamos pagando un precio muy alto por dichos “desarrollos”, ya que estamos perdiendo la costa y muchos espacios naturales. La supuesta derrama económica que se cree propiciaran es más mítica que real, y además nunca llega.

Algo parecido pasa con las carreras Baja-1000 y Baja-500, la que solo beneficia a unos cuantos a costa de nuestro territorio municipal que paga todos los perjuicios. Aquí también la “derrama” es más teórica que real y no justifica los enormes daños que ocasiona al ambiente natural. Además estas carreras promueven valores que nada tienen que ver con Baja California y sobre todo valores en contra de la naturaleza.

Por desgracia las autoridades le siguen apostando a la depredación de la naturaleza, a pesar de los daños vistos. Dos buenos ejemplos son la intención de buscar petróleo en el Mar de Cortés y el posible inicio del proyecto minero de El Arco. En el primer caso el impacto que una industria petrolero ocasionaría al Mar de Cortés sería inmenso, sobre todo considerando la gran biodiversidad y belleza de nuestro golfo. No quiero ni imaginar que si llegaran a encontrar petróleo y se ocasionará un derrame, como el del Golfo de México, sería mucho más catastrófico aquí, ya que el petróleo no tendría salida, y su destrucción sería inmensa. Desde luego lo más prudente sería jamás buscar petróleo en el Golfo de California y mucho menos explotarlo. Ojalá que no exista dicho petróleo.

En el caso del proyecto minero El Arco su impacto sería tremendo sobre una de las más bellas Áreas Naturales Protegidas (ANP) de México, me refiero a la del Valle de los Cirios, en donde se ubicaría dicho proyecto. Y aquí llama la atención el que se quiera desarrollar un proyecto minero altamente depredador, en una zona que por ley está dedicada a la protección de la naturaleza. Esto deja ver la ambigüedad de nuestras autoridades, que por un lado decretan ANP´s y por otro lado permiten que sean destruidas.

CASCADA EN CAÑON

Aquí también las supuestas bondades económicas no justifican los costos de destruir una región natural tan rica, y las consecuencias no solo las pagaremos nosotros, sino también varias de nuestras futuras generaciones.

En nuestra ciudad la naturaleza parece ser un estorbo, y así, sistemáticamente se ha estado destruyendo a sitios naturales bellísimos, comenzando por las playas, de las que ya quedan pocas. Punta Banda se encuentra amenazada, el estero también, La Lagunita, el Cañón de Doña Petra.

Ciertamente es preocupante la falta de voluntad política para cuidar nuestras regiones naturales. Aunque se decreten ANP´s nada garantiza el que realmente se les proteja y fácilmente se les puede afectar y otorgar concesiones para desarrollos destructores y depredadores.

De esta manera estamos perdiendo de una manera muy rápida nuestras regiones naturales, lo que se está traduciendo en costos sociales muy fuertes. Es triste constatar como en México absurdamente preocupa más el futbol que el cuidado de la naturaleza.

He estado recibiendo imágenes del derrame petrolero en el Golfo de México. Son apocalípticas pero sobretodo perturbadoras. Surge la pregunta ¿dejaremos que por los intereses económicos de unos cuantos nos destruyamos los humanos? ¿Hasta qué extremos llevaremos el supuesto “desarrollo”?