VANGUARDIA: Ensenada, ¿el despertar de la democracia?

Cuando un mexicano escucha la palabra “político”, es común que la primera imagen que asome por su cabeza sea la de una rata. Las ratas son —diría Canserbero, rapero y activista político venezolano— “títeres del egoísmo”, animales inmundos que buscan ante todo el beneficio propio a través del robo y la traición.

Iván Gutiérrez* / A los Cuatro Vientos

Desde que tengo conciencia política la ciudadanía mexicana nunca ha sido representada por una clase política con la que se identifique de verdad: el antagonismo político-pueblo siempre ha estado presente desde mis primeras reflexiones sobre el tema. Son incontables los períodos electorales en los que la sociedad mexicana ha visto defraudada su credibilidad en el sistema democrático por las prácticas corruptas de la partidocracia. Hoy somos muchos los mexicanos que viven las consecuencias del régimen partidista, y la población está cada vez más consciente de que uno de los elementos centrales de este problema es la carencia de escrúpulos de nuestra clase política.

Pero bueno, en este contexto de gobiernos descompuestos y desprestigio nacional, ¿cómo se encuentra parada la democracia en nuestro municipio? Esta es una pregunta fundamental, dado el carácter “vanguardista” que se le otorgara a la entidad hace un par de décadas, pero antes de tratar de responderla, vale la pena voltear a ver por un minuto el panorama político de aquel entonces.

A Ensenada se le concedió el título de “cuna de la democracia” durante los años ochenta, cuando el municipio se convirtió en un “foco de alternancia política” a nivel nacional. Fue en 1989 cuando un candidato panista, Ernesto Ruffo Appel, conquistó por primera vez en la historia del país la gubernatura de un estado mexicano (Baja California). Previo a su campaña por la gubernatura estatal, el candidato ya había ocupado anteriormente la presidencia municipal de Ensenada (también con el PAN) en el período de 1986-1989. Su victoria como candidato municipal fue también una victoria histórica, dado que según el investigador Mauricio Merina, de los 2,387 municipios existentes en aquel entonces, únicamente 39 eran gobernados por políticos de partidos no priistas (información del portal www.adnpolítico.com).

Ahora ya podemos volver al presente. Hoy, en pleno siglo XXI, y después de haber transcurrido 27 largos años desde aquel legendario triunfo panista en nuestro estado, ¿cómo se encuentra la democracia en el municipio que la vio nacer?

Hay un gran contraste entre lo que fue y lo que es la democracia en la entidad el día de hoy. El caso del PAN es el ejemplo perfecto para evidenciar este cambio, pues es precisamente en el interior de este partido donde la democracia ha sido amordazada tras la imposición de Carlos Loyola Peterson como candidato a la presidencia municipal. Lo más curioso es que varios militantes del PAN (o ex militantes, como César Mancillas) señalan como responsable de la imposición al mismísimo Ernesto Ruffo Appel (hoy senador de la República por Baja California), el cual hoy vela más por los intereses privados de su grupo empresarial que por los intereses de la ciudadanía; al parecer, 27 años bastaron para acabar con su compromiso social.

Otro dato curioso en la red de intereses políticos es que Carlos Loyola. Fue director de CESPE durante la gubernatura de Ernesto Ruffo (¿conectas, dónde?). Y claro, en la ecuación de privilegios e intereses privados habría que incluir también a Sempra Energy como la trasnacional que parió a Loyola como candidato.

Es definitivo que el tiempo lo cambia todo. No dudo que en el contexto del primer triunfó de Ernesto Ruffo, tanto el PAN como el hoy senador representaran la alternancia política y persiguieran un cambio en el rumbo de la nación para el beneficio de sus habitantes. Tampoco dudo del trabajo en materia democrática que el partido blanquiazul hizo alguna vez por los mexicanos, tanto a nivel local como estatal y federal. Pero luego de tres décadas, me parece claro que el PRI ha terminado por contagiarle la vileza y la corrupción al partido que llevó a Vicente Fox a la presidencia.

ERNESTO RUFFO
Ernesto Ruffo, primer gobernador de «oposición» en el México contemporáneo (Archivo).

¿Qué podemos esperar entonces los ensenadenses de la democracia en las próximas elecciones? No somos pocos los porteños que desconfiamos del poder del voto desde hace un par de elecciones: los partidos convencionales se han encargado de restarle todo su valor de cambio, dejando a la ciudadanía en un burdel de cómoda apatía.

Sabemos, gracias a los nuevos (y viejos) medios, que los partidos en México se han convertido en las madrigueras de las ratas políticas de la nación. Pero los porteños nos merecemos algo mejor que ratas. Nos merecemos políticos honestos, humildes, condescendientes y comprometidos con la ciudad y con la ciudadanía. Nos merecemos a alguien que nos represente de verdad y que nos identifique como un conjunto, un “todos”.

Creo firmemente que el cambio definitivo en la dirección de la política local lo representa un solo candidato, quien destaca por su juventud. Hablo, por supuesto, de Omar García Arambula. Desde que inició la recolecta de firmas para la candidatura independiente me acerqué a los foros que organizaba el joven ingeniero, más que por brindar apoyo, por curiosidad. Me preguntaba: ¿Quién es este joven que ha salido de la nada para involucrarse en el escenario político local?, ¿sabe en lo que se está metiendo?, ¿cuáles son sus intereses? Esas eran algunas de mis incógnitas y desde entonces Omar me ha demostrado que lo que desea no es otra cosa que darle una patada en la cola a la partidocracia.

Lo que he podido observar en el progreso de las presentes campañas electorales ha sido casi lo mismo de siempre: candidatos despilfarrando dinero público en propaganda política, promesas que son mentiras encubiertas, intereses privados disfrazados de interés público. Pero es precisamente Omar quien, en mi opinión, ha supuesto la diferencia, la alternancia contemporánea pues se ha empeñado en acercarse a la comunidad, invitar a quien guste a participar y ser transparente en todo momento. Incluso, el chico ha llevado tan lejos esta última cualidad que hace unas semanas —y ante el inicio de la guerra sucia priista— decidió publicar en redes sociales una breve semblanza en la que narra los traspiés de su historia familiar. Con esto el candidato está llevando a la práctica una máxima que considero es vital para evitar que la política se envilezca: trabajar desde abajo, de manera participativa, humilde y abierta.

Omar es, en lo que llevo como elector, el primer candidato que mantiene la congruencia entre su discurso y su práctica. Basta dar un breve seguimiento de sus redes para comprobarlo. El joven ha invitado a la comunidad ensenadense a involucrarse en la lucha por un mejor gobierno, y ésta ha respondido. No son pocos los ciudadanos que han apoyado al candidato brindado no sólo su apoyo, sino sus manos y su trabajo. Y eso es lo interesante: Omar, lejos de ser “el mesías” de los ensenadenses, es un ícono, el representante de los intereses públicos, la síntesis de liderazgos y voluntades que integra s su equipo de trabajo.

Su estrategia no ha consistido en enaltecer su imagen y venderse como el salvador del puerto, sino en apostar por la inclusividad y el trabajo colaborativo.

Hasta el día de hoy, el equipo del joven sigue invitando a los ciudadanos a trabajar en sus oficinas, a entregar su currículum para contemplarlo en la asignación de un puesto público, a asistir a los foros informativos sobre las diversas problemáticas de la ciudad, a participar en las marchas por la ciudad, entre muchas otras acciones más.

OMAR GARCIA EN IEEBC

Otra diferencia muy clara entre los candidatos de los partidos convencionales y el candidato independiente la podemos contemplar si observamos el contraste en las diferentes campañas propagandísticas en curso. Mientras que el PRI tiene (nuevamente) tapizados varios de los elementos del transporte público con la cara de su candidato (probablemente a cambio de futuros favores políticos), Omar García se ha dedicado a difundir sus propuestas y acciones de campaña a través de las redes sociales.

Mientras que los partidos convencionales han contratado los servicios de agencias publicitarias para dirigir la fabricación y difusión de la imagen de su candidato, Omar ha buscado el apoyo colectivo no remunerado de los ciudadanos; si uno se da la vuelta por sus oficinas en el Foro Coincidir, podrá ver como el trabajo surge desde abajo y con la ayuda de todos. Como podrá deducir el lector, algunos políticos se comprometen con el interés privado, otros con el público.

Si esta columna peca de proselitista es sólo porque, como mencioné anteriormente, le he dado seguimiento a la campaña del joven ingeniero desde que inicio juntando firmas para conseguir la candidatura, y después de un mes y medio de trabajo se ha ganado mi confianza.

Al igual que Omar soy joven; quizás demasiado joven pero creo que es por eso que nuestras intenciones son genuinas y están muy lejos de ser mentiras encubiertas.

A mí nadie me está pagando por escribir esto. No me ha contratado nadie para publicar contenido en apoyo al candidato independiente. Este acto, al igual que todos los que apoyan la candidatura de Omar, es por voluntad propia, por la inquietud de ver un cambio político verdadero, por la esperanza de que podemos mejorar como ciudadanos y velar por el interés colectivo antes que sucumbir por la ceguera de la codicia.

Desconozco los detalles y las condiciones más profundas del contexto en que ganara el PAN hace ya casi tres décadas, pero no creo que sea muy aventurado pensar que la victoria de Ernesto Ruffo se debió en gran medida a la participación de una ciudadanía comprometida y despierta, que se involucró y buscó darle un giro al régimen priista. Las diferencias entre el ayer y el hoy son varias, pero también sobran las similitudes. En ambos casos la gente estaba cansada del mismo partido, abundaba el compadrazgo en el municipio, los puestos eran para los amigos y el PRI compraba votos a diestra y siniestra.

Hoy no nos enfrentamos a un gobierno de partido único, sino a una partidocracia complaciente y sumisa ante los intereses de unos cuantos. Está en nosotros volver a hacer la diferencia y ver si todavía podemos rescatar la democracia como sinónimo de voluntad popular.

DERECHO CIUDADANO CARTON

¿Despertará la comunidad ensenadense, o se quedará dormida otros tres años mientras le siguen robando al erario? La decisión la tiene sólo usted, querido lector (y elector), y dentro de dos semanas tendrá la oportunidad de hacer valer su derecho a cambiar, o seguir igual.

El compromiso está sobre la mesa.

DANIEL ARELLANO* Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Baja California, Campus Valle Dorado, actual practicante en A los 4 Vientos. Interesado en el periodismo de investigación, la literatura, el estudio de las ciencias sociales y el desarrollo político del país.