Los libros de historia de un panista

Que Javier Corral Jurado sea el candidato del Partido Acción Nacional (PAN) a gobernar Chihuahua me parece congruente con su trayectoria personal y la ideología de su partido. Es natural que lo respalden los jerarcas blanquiazules, entre los que destacan la precandidata Margarita Zavala y su esposo, el ex presidente Felipe Calderón. Podría sorprenderme (pero no) que también lo respalde una amplia alianza cupular en la que aparecen no pocos políticos que se dicen de izquierda… pero a fin de cuentas, las razones de los acuerdos políticos cupulares se me escapan. No son lo mío. Mi asunto es la interpretación de la historia y ahí es donde parecería incomprensible el apoyo a Corral de personajes de la izquierda atinada, de ciertas nulidades de la izquierda radical y hasta de algunos activistas e intelectuales honestos y de buena fe… parecería, si tuviesen principios. Y para algunos honestos, quizá si conocieran lo que significa este personaje.

Pedro Salmerón Sanginés/ La Jornada

La historia es política y es concepción del mundo. Y Corral muestra la suya a través de dos libros que apadrinó y recomendó (y buscando en Internet y en sus propias publicaciones, al parecer son los dos únicos libros de tema histórico por él apadrinados): Secreto-R: conspiración 2014, de Leopoldo Mendívil, y Bandoleros y rebeldes, de Reidezel Mendoza. Del primero de esos libros hablamos con detenimiento justo cuando el senador Corral participó en su promoción: pertenece a una serie en la que se descalifican las revoluciones y todo movimiento social, cuyo autor ignora todo lo relativo a las revoluciones armadas y asegura que sólo una conspiración financiada y armada por una potencia extranjera puede terminar con un gobierno. El pueblo es siempre títere, manada ciega. El mal proviene de fuerzas misteriosas que aspiran a dominar el mundo y la única forma de combatirlo es conocer su secreto y destruir su fuente mágica. Nada de lo que haga nadie contra las fuerzas del mal puede detener su ruta. Por eso, revoluciones como la villista y zapatista o movimientos como Ocupa Wall Street o #Yosoy132 las integran borregos conducidos por los conspiradores. Antes de publicar el artículo precedente, solicité en vano aclaración o explicación de las oficinas del senador Javier Corral.

 

Unos meses antes se había publicado en la página del senador Corral el espaldarazo al señor Mendoza, quien, como Corral, inició su vida pública al lado del clero político más conservador (para el que Mendoza sigue trabajando). Por si fuera poco, Mendoza pertenece a la más inverosímil derecha ultramontana mexicana: los grupúsculos monárquicos que, además de tener el muy entretenido pasatiempo de dirimir linajes, líneas de sucesión y escudos nobiliarios, están siempre cercanos a los grupos y páginas que condenan el feminismo, el pro abortismo, cualquier tipo de movilización social, los sindicatos, la educación laica…

Vayamos al libro. Mendoza hace una simplificación de las categorías de bandolerismo de Eric Hobsbawn con una sola intención: demostrar que antes de la Revolución Francisco Villa era un bandido sin escrúpulos ni principios, que asesinó a mansalva, degolló sin razón, ejecutó con lujo de violencia… y otras acciones que hacen de él no un bandido social (como lo presenta el mismo Hobsbawn en quien Mendoza finge basarse), sino un bandido patológico que disfruta del sufrimiento de sus víctimas.

Todo ese empeño sería muy interesante si no reflejara su profundo odio contra la Revolución, si no hiciera caso omiso de los documentados análisis de Friedrich Katz y Paco Ignacio Taibo II (o de Jesús Vargas, cuyas fuentes en muchos casos repite Mendoza en el mismo orden, sin referirse a los trabajos del profesor Vargas) y, sobre todo, si hubiera hecho el trabajo que hacen los historiadores, que no hizo. Porque para probar tan sensacionales declaraciones (o sea, para dar un barniz académico a la versión persistente de la derecha chihuahuense, que hoy abandera Javier Corral), Mendoza hace uso únicamente de fuentes judiciales y otros documentos oficiales (y una decena de veces de fuentes orales actuales: me contaron, dice, igual que Francisco Martín Moreno o Luis Pazos), que nunca contrasta ni confronta. Y confrontar y criticar las fuentes es el trabajo del historiador, cosa que no es, evidentemente, el señor Mendoza (digamos incluso que en muchas de sus fuentes simplemente se consigna asalto y robo y Mendoza alegremente se los achaca a Doroteo Arango).

Ambos libros muestran cómo piensa la historia, cómo la política, el candidato aliancista de Chihuahua. Desprecio por el pueblo. Vocación represiva. Conspiranoia elitista. Rechazo a los movimientos sociales y a los derechos de las minorías. Manipulación de la historia… tiene razón Andrés Manuel López Obrador: rechazar cualquier alianza con un personaje así es una cuestión de principios.

Twitter: @HistoriaPedro

Fuente:

http://www.jornada.unam.mx/2016/05/17/opinion/014a2pol