Marketing político y nuevos medios

Ha iniciado la contienda política. Los equipos están en la cancha, los discursos han sido memorizados, los botes de mierda (unos grandes, otros pequeños) están siendo arrojados.

Daniel Arellano Gutiérrez* / A los Cuatro Vientos

La política está íntimamente relacionada con la proyección mediática, la construcción de la imagen que los medios masivos llevan a cabo para venderle el producto al público (cualquier parecido con la estrategia mediática de Peña Nieto es mera coincidencia). En teoría de medios esto es conocido como “marketing político”.

El Marketing Político se desarrolla por varias razones:

  1. La propaganda política y la publicidad están íntimamente relacionados, en cuanto a las técnicas (formas) de colocar el mensaje en la mente del espectador se refiere.
  2. La comunicación masiva de ideas, de propuestas (en el escenario lingüístico de la política), implica necesariamente la presencia de un personaje, un representante de los ideales, metas, valores y principios que sintetizan los partidos políticos
  3. Centralizar la atención sobre una cara bonita siempre ha sido efectivo para cooptar el voto de las masas.

Quisiera describir aquí el problema de la dinámica política actual en relación a los medios masivos y el marketing político. Cualquiera que haya sido espectador de la campaña de Peña Nieto en el 2012, o que haya mirado La Dictadura Perfecta, de Luis Estrada, ya estará más que familiarizado con todo lo que voy a decirle. Quien no, lo invito a que continúe la lectura.

Al centralizar la atención sobre el personaje (portador del mensaje colectivo) que exige la dinámica de una democracia inmersa en un contexto de medios de comunicación masiva, el discurso del “todos” suele diluirse en la crítica del individuo representante, quien, por un lado se vuelve acreedor de todas las faltas de su partido, y, a la vez, embarra al partido con todas sus faltas individuales. Sin embargo, también ocurre que esta centralización de la atención tiene como consecuencia el que las masas le presten más atención al personaje y su vida privada (como si del personaje de una telenovela se tratase) que a los ideales y propuestas que promueve.

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El argumento central de esta columna es uno: el error de centrar la atención en el personaje político y no en la idea que representa.

Los medios (independientemente de si se trata de política, farándula, o cualquier otra cosa) suelen ocultar la realidad bajo una apariencia que venden como real, una proyección, una fragmentación arbitraria que surge de los intereses usualmente económicos de las empresas mediáticas. Esos intereses no están obligado a ser individuales, también pueden ser comunes (ejemplo de ello es el periodismo), pero la gran mayoría de los medios terminan sirviéndose a sí mismos, y no al beneficio de todos (representando en sus audiencias).

Por todo esto, es importante que busquemos alternativas para pensar la transmisión de la idea de un partido, fuera de las estrategias empleadas por los medios convencionales. Las redes sociales parecen ser el escenario perfecto para desarrollar un diálogo político con verdadera retroalimentación, que no sigan un modelo unidireccional como el empleado por los medios convencionales (prensa, radio, televisión, cine), y que vaya más allá de pensar al político como un personaje más del espectáculo mediático.

Debemos aprovechar los nuevos medios digitales para conversar, debatir, escuchar y ser escuchados. Son una oportunidad política que como ciudadanos no podemos desperdiciar.

Centrarse en la figura del político mediatizado no ha dado resultados, ¿porque no centrarnos mejor en la idea? ¿Por qué no ir a hablar directamente con el candidato? ¿Por qué no acercarnos? ¿Por qué no enviarle un mensaje privado?

Urge que nos involucremos en el desarrollo político de nuestra comunidad, urge que aprendamos nuevas maneras de hacer política, política más justa, comunitaria, sincera, renovada.

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Y también urge que nos informemos bien, que seamos críticos al momento de consultar información y discriminar entre chisme y realidad (de esto no se han escapado las redes; al contrario, parecen haberlo potenciado). En otras palabras, urge que seamos más responsables con nuestra opinión.

Cabe preguntarnos entonces si en estos tiempos de elecciones no será más justo observar (y ponderar) el actuar del colectivo político, en vez de centrarnos en la praxis de un solo sujeto, dígase, su representante.

Porque al final este sólo es el rostro político: un sujeto responsable de la percepción del partido que exige la dinámica masiva de la democracia, y hay que tener cuidado con ella.

Seamos inteligentes y aprovechemos las nuevas tecnologías para mejorar la política. Ahora es cuando las nuevas generaciones deben buscar (y hacer) un cambio verdadero con su actuar.

* Estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Baja California, Campus Valle Dorado desde 2011. Actualmente cursa el décimo y último semestre de la licenciatura. Reportero de la Revista Todos Santos, revista digital de Ensenada que elabora notas periodísticas de actualidad y de interés para la comunidad del puerto. Colaborador como locutor en el programa de Radio UABC “Sound Sistema”. Organizador de Cine Club Universitario.