Más vegetación en el mundo por cambio climático, pero se extinguen árboles gigantes milenarios

La Tierra es más verde que hace 33 años gracias al CO2

Un estudio estima que el mundo ha ‘enverdecido’ 36 millones de kilómetros cuadrados

David García Vázquez / El País

Barcelona, España, 26 de abril de 206.- Mucho se sabe sobre las consecuencias de la cada vez mayor cantidad de gases de efecto invernadero acumulados en la atmósfera. Se estima que estos representan ya casi el 0,04% del aire que respiramos. Pero la cifra sería mayor si no fuera por la capacidad que tienen las plantas para atraparlo.

Y son, precisamente, los vegetales los que se ven más beneficiados por los altos niveles de estos gases en la atmósfera.

Según un estudio publicado hoy en la revista Nature Climate Change, la Tierra ha ganado 36 millones de kilómetros cuadrados de superficie verde, el equivalente a tres veces la extensión de Europa o 3,5 la de Estados Unidos, aproximadamente.

El estudio, en el que ha participado el CREAF, centro adscrito a la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), toma como referencia los últimos 33 años. Desde entonces, la biomasa terrestre ha aumentado en el 40% de la superficie de la Tierra, mientras que se ha reducido en solo el 4%.

Y los científicos relacionan principalmente este crecimiento a las altas concentraciones de CO2, un potente fertilizante que se desconocía cómo había afectado a nivel planetario.

MUNDO AUMENTA VEGETACION
Mapa que muestra el cambio de vegetación. CREAF / El País.

– «Con este estudio, hemos podido atribuir el enverdecimiento del planeta al aumento de los niveles de CO2 atmosféricos provocado por el consumo de combustibles fósiles. Al haber más dióxido de carbono, las plantas han podido generar más hojas capturándolo de la atmósfera durante la fotosíntesis. Gracias a ello, el incremento de la concentración de este gas de efecto invernadero se ha visto frenado”, explica el científico del CREAF Josep Pañuelas.

Según el estudio, el dióxido de carbono es responsable en un 70% del enverdecimiento de la Tierra. Pero los científicos, además, identifican otras razones que explican el aumento de la biomasa: el cambio climático (en un 8%), el nitrógeno atmosférico (en un 9%) y los cambios de usos del suelo (en un 4%).

Pero no todo lo que es bueno para las plantas lo es para el resto del planeta. Los científicos ya han advertido extensamente sobre los efectos de emitir CO2 a la atmósfera. Uno de ellos, el cambio climático, lo que comporta el aumento de la temperatura global, el incremento del nivel del mar, el deshielo o la radicalización de las tormentas tropicales. Efectos que ya estamos sufriendo y que, según Pañuelas, no remitirán si no dejamos de usar combustibles fósiles.

Y es que el crecimiento de la biomasa vegetal debido al fertilizante carbónico tiene un techo.

“El efecto del dióxido de carbono cada vez es menor a medida que las plantas van aclimatándose a este aumento”, asegura el experto, pero es que los vegetales también necesitan de otros recursos para crecer. La fórmula es sencilla: cuanta más biomasa, las plantas necesitarán también más agua y otros nutrientes, sobre todo el fósforo, ambos recursos limitados y vitales en el planeta.

Los árboles más grandes del planeta se desvanecen

La deforestación y el cambio climático están acabando con los ejemplares más antiguos de secuoyas, fresnos gigantes o baobab

Miguel Ángel Criado / El País

Imagen: El País.
Imagen: El País.

Algunos de los árboles más grandes y viejos del mundo ya estaban en el planeta cuando la mayoría de los humanos vivía literalmente en la Edad de Piedra. Sin embargo, un abanico de acciones humanas, como la tala, la degradación de ecosistemas y ahora el cambio climático están acabando con los ejemplares más antiguos de secuoyas, eucaliptos de 100 metros o árboles tan mágicos como el baobab.

Lo peor es que ya no existen las condiciones para que los ejemplares más jóvenes alcancen la altura y edad de sus antecesores.

Aunque hay muchas especies de árboles milenarios, solo unas pocas crecen durante siglos hasta alcanzar los 50, los 100 y hasta los 115 metros que superan algunos ejemplares de secuoya roja.

No hay una categoría bien definida de lo que los botánicos llaman LOT, Large Old Trees (grandes árboles viejos, en inglés). Tampoco hay fijado un mínimo de altura o envergadura para determinar qué es un gran árbol. Un dato objetivo es el carácter central que juegan en su ecosistema. Y un dato subjetivo es la majestuosidad que inspiran a los humanos.

Por eso LOT son las dos especies de secuoyas que crecen en la costa oeste de EE UU, el fresno de montaña (Eucalyptus regnans) que crece durante 400 años hasta los 100 o más metros o el Petersianthus quadrialatus, una especie de palo rosa que crece en Filipinas.

Pero también son árboles viejos y grandes los abetos de más de 50 metros que hay en el viejísimo bosque de Bialowieza (Polonia) o el baobab africano que en algunas especies alcanza los 30 metros de altura y más de 10 de circunferencia. Casi todos ellos están en retirada.

Un estudio publicado en 2013 daba solo unas décadas a dos de las especies de baobab presentes en Madagascar.

SECUOYAS GIGANTES CALIFORNIA
Las secuoyas en Yosemite, California (Internet)

En el Parque Nacional del Yosemite (California, EE UU), hogar de las secuoyas y otros gigantes como el pino real americano, que puede alcanzar los 70 metros de altura, otra investigación mostraba en 2009 que la densidad por hectárea de estos grandes árboles se había reducido en un 25% desde los años 30 del siglo pasado.

Mientras, el árbol floral más alto del mundo, el fresno de montaña australiano, pasará de una ratio de 5,1 árboles por hectárea que tenía a comienzos de siglo a apenas 0,7 por hectárea en 2070.

«El declive se ha acelerado en muchos ecosistemas», dice el ecólogo de la Universidad Nacional de Australia, David Lindenmayer.

Este investigador, especializado en grandes árboles, recuerda que estas especies son particularmente susceptibles a las sequías, pero también han sufrido y aún sufren una tala insostenible en muchas zonas.

«En algunos ecosistemas del norte de Europa, se ha producido un incremento, pero partían de poblaciones muy reducidas», añade.

La nueva amenaza es el calentamiento global.

El cambio climático lleva las condiciones climáticas a niveles fuera del rango normal del nicho idóneo para el crecimiento y desarrollo del árbol», explica Lindenmayer.

«Por ejemplo, la reducción de las lluvias en el sureste y suroeste de Australia provocará que estos grandes y viejos árboles no vuelvan a alcanzar la altura y tamaño que solían. En otros casos, las condiciones cuando se produjo la primera germinación hace 500 años son tan diferentes en la actualidad que no podrán volver a germinar en las mismas áreas donde crecen ahora», añade.

El declive de los LOT puede desencadenar efectos en cadena. Los árboles más viejos de estas especies cumplen funciones clave en sus ecosistemas que no pueden ejercer los ejemplares más jóvenes.

Baobabs de Madagascar (Internet).
Baobabs de Madagascar (Internet).

Las oquedades y recovecos del fresno de montaña son el ambiente en el que nacen, crecen y mueren unas 40 especies de vertebrados, por ejemplo. Con la desaparición de los baobabs de Madagascar, otras muchas especies vegetales y animales podrían ir detrás.

La deforestación, tanto de grandes como pequeños árboles, ya ha puesto en riesgo la supervivencia de al menos 500 especies de mamíferos, aves y anfibios en lo que va de siglo, según un estudio en el que ha intervenido BirdLife.

– «Proteger a los árboles más jóvenes y pequeños no cuesta mucho, lo difícil es proteger a los viejos y grandes», dice Bill Laurance, de la Universidad James Cook (Australia).

Para este colega de Lindenmayer, hay decenas de razones para salvar a los LOT.

– «Almacenan grandes cantidades de carbono, liberan ingentes cantidades de humedad a la atmósfera, lo que ayuda a mantener la cubierta de nubes y las lluvias, son los supermercados del bosque donde hay flores, frutas y follaje para que los animales coman, tienen muchas oquedades que son el hogar de muchas especies… y la lista sigue», añade.

Pero la relevancia de estos árboles casi eternos va más allá de la ecología. Muchos de ellos han cumplido misiones sociales y hasta religiosas para las comunidades humanas que han vivido bajo ellos.

El bosque polaco de Bialowieza (Internet).
El bosque polaco Bialowieza (Internet).

En 2014, dos investigadores suecos publicaban un estudio sobre la relevancia social y cultural de los grandes y viejos árboles. Escribían entonces: «Creemos que el reconocimiento de los LOT como parte de la identidad humana y su patrimonio cultural es esencial para abordar la cuestión de su declive en todo el planeta».

Uno de los autores de aquel trabajo, la investigadora de la Universidad de Uppsala, Malgorzata Blicharska, sostiene que apenas se ha hecho nada desde entonces para incluir las dimensiones no ecológicas de los grandes árboles en las políticas de gestión y conservación. Si se incorporaran de forma explícita a estas medidas, «se podría mejorar la conservación de los LOT», comenta.

Pero la tarea no es sencilla. Ahora mismo, en pleno corazón de Europa se prepara una gran tala de árboles centenarios, quizá milenarios, en Białowieża, uno de los últimos bosques primigenios que quedan en el continente.

– «Incluso este Patrimonio de la Humanidad está sometido a presión, con los silvicultores que quieren talar viejos ejemplares de pícea europea [una conífera] debido a una plaga de escarabajo de la corteza, algo a lo que se oponen rotundamente tanto las comunidades científicas y conservacionistas locales e internacionales», recuerda el profesor de la Universidad Sueca de Ciencias Agrarias, Grzegorz Mikusinski, coautor del artículo sobre las dimensiones sociales y culturales de los LOT.

Uno de los mayores obstáculos para una política de protección eficaz es el diferente marco temporal de humanos y grandes y viejos árboles.

Con motivo del Día de la Tierra, Lindenmayer y Laurance, publican en la revista Trends in Ecology & Evolutionuna serie de medidas que habría que tomar ya para salvar a los LOT. Pero, como dice Laurance: «Tenemos que asegurarnos de que pensamos a largo plazo, para coincidir con la manera en que estos árboles han existido durante miles de años».