Hablemos de misoginia

Hemos fallado terriblemente como sociedad al pensar que la defensa de los derechos de las mujeres debe correr por cuenta de ellas mismas. Los medios de comunicación han alentado de siempre la cosificación de la mujer y los roles de género atraviesan una petrificación. Estos moldes en los que se encasilla a las mujeres pasan de manera obvia por nuestro abrumador atraso.
Ramiro Padilla Atondo/ A los Cuatro Vientos.

Es increíble que en pleno siglo XXI vivamos esta situación que tiene que ver más con el medievo que con una sociedad que aspira a ser del primer mundo. Un cantante grupero que habla de una mujer que si no sabe usar un trapeador no solo muestra su absoluta estupidez, muestra también la increíble falta de empatía hacia un sector de nuestra sociedad muy vulnerable.

Las muertas de ciudad Juárez, la pandemia de las mujeres asesinadas en el estado de México son solo un botón de muestra. Ningún estado del país es ajeno a esta violencia generalizada. Seguimos viendo a la mujer como un simple objeto de satisfacción sexual o como una empleada doméstica.

Apenas avanzamos en las consecuencias legales para los padres que son desobligados con los hijos, como si su manutención cayese del cielo. Mujeres profesionistas que sufren acoso sexual en sus lugares de trabajo, en el transporte público, sin contar a las mujeres humildes que no tienen acceso a la defensa, a la asesoría cuando tienen parejas abusivas. No poder salir a la calle por el temor a ser asaltadas sexualmente, agredidas de manera verbal, o a ser simplemente desaparecidas solo por su género.

Esta idea distorsionada que tiene el mexicano de que así son las cosas y no van a cambiar, como si la mujer por el solo accidente de haber nacido en ese género tuviese la culpa.

Y somos pocos los hombres que vindicamos un feminismo que no tiene que ver con los privilegios, tiene que ver simplemente con el respeto, todos tenemos madres, hermanas, hijas. No imagino a ninguna de mis hijas en una relación abusiva solo porque así son las cosas. Pareciese que vivimos una espiral descendente con respecto a los derechos de las mujeres, una disfuncionalidad social que no se discute fuera de los reclamos femeninos. Porque no es un tema como ya lo dije que solo atañe a las mujeres. Nos atañe a todos como sociedad.

En la medida en la que entendamos que todos somos parte del problema, podemos ser parte de la solución. Es absolutamente deleznable que un par de mujeres no puedan viajar solas por temor a ser asesinadas, o que las migrantes centroamericanas sepan de manera tácita que en su tránsito a los Estados Unidos tengan por fuerza que ser violadas o ser objeto de violencia sexual.

MACHISTA CARTON

Los primeros feministas deberíamos ser los hombres. Esta estupidez de acusar a la mujer de provocadora solo por el hecho de vestir de cierta manera, o no tener la protección de un macho. Aunque exista esta cultura muy extendida de criar machos y princesas. Los niveles de violencia contra las mujeres están llegando a extremos inconcebibles en nuestro país.

Y mientras este marco cultural que permite que se cometan todo tipo de excesos contra ellas exista no podremos poner un alto. Si usted es hombre, porque para usted he escrito este artículo, no tenga miedo, denuncie cualquier tipo de comportamiento inadecuado. Tenemos que tener el valor civil como hombres para detener estos hechos.

Ya estoy harto de escuchar que ni siquiera en un entorno que debería ser seguro como el laboral, haya miles de malparidos que abusan de su posición de poder para lograr favores sexuales. Eso habla de manera clara de poca virilidad.

Un misógino tiene un problema grave de falta de virilidad, porque no puede relacionarse de manera saludable con una mujer, si no hay de por medio acoso e intimidación. Y aquellos que se aprovechan del anonimato en el metro, en las calles, les digo que son unos hijos de puta y cobardes.

La vida de una mujer no nos pertenece. Merecen los mismos derechos y vivir en paz y con seguridad. Es claro que la misoginia es inversamente proporcional a la inteligencia. Si eres de los que acosan a una mujer, no importa si eres licenciado, eres un pendejo.

Y a las mujeres que leen esto, les digo que tenemos que hacer un movimiento más amplio donde los hombres estemos incluidos. No es la clase de sociedad en la queremos vivir.

RAMIRO PADILLA ATONDO*Ramiro Padilla Atondo. Escritor ensenadense, columnista y ensayista. Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, traducido al inglés; Esperando la muerte y la novela Días de Agosto. En ensayo ha publicado La verdad fraccionada y Poder, sociedad e imagen.