De fuentes y calles: El fracaso urbanístico como norma en Ensenada

Estimado lector, si usted no ha transitado últimamente por la esquina que forman las calles Ruíz y Virgilio Uribe, en donde se encuentra el monumento a Miguel Hidalgo, lo invito a que lo haga y dé cuenta de una infame fuente que el Municipio acaba de construir exactamente frente a dicho monumento.

Dr. Álvaro de Lachica y Bonilla* / A los Cuatro Vientos

Pareciera que está pensada para que el Padre de la Patria se eche de repente algunos chapuzones el próximo verano.

El fracaso urbanístico de la ciudad de Ensenada es producto de una planificación excluyente y totalmente insensible a su proyecto urbano.

El lugar donde se ha decidido emplazar la grotesca fuente no tiene nada que ver con el Monumento a Hidalgo y las edificaciones aledañas. De verse consumada la instalación de la fuente, según los planes del ayuntamiento, la zona se parecería bastante al resultado final de una partida de Monopoly: edificios que no siguen un patrón específico, construidos con diferentes materiales, exentos de un solo uso, que contemplan las singularidades de la fuente ornamental, que más bien pareciera que es para adorno de un jardín de casa rica y desgraciadamente servirá para borrar una oportunidad de crear buena arquitectura urbana.

Con esta obra fuera de contexto, el municipio nos muestra la incompetencia de sus promotores: un ayuntamiento sin voluntad ni sentido común para realizar mejoras que dejen algo positivo a nuestra sociedad.

En medio de este panorama, la fuente es como el embrión enloquecido de un entorno que muestra el empobrecimiento cultural de la ciudad. Un espacio muy transitado, vital, agradable, destinado a ser borrado o fagocitado por la ocurrencia de plantar esta magna obra ornamental de despedida.

La única manera de impedir que nuestras autoridades realicen estas ocurrencias es a través de la libre manifestación ciudadana, que es un camino de salida, posiblemente la única solución para sacarnos de una verdadera confusión cultural: Una arquitectura y un urbanismo sin adaptación que se han reproducido por el poder atrincherado y la opinión de un pequeño grupo de pseudo urbanistas.

SAL FISH
¿De qué se ríe mister Sal Fish? (Foto: internet).

Nuestros dirigentes municipales se deberían rodear de expertos para que estas situaciones dejen de suceder y se ajusten a diseños congruentes con el contexto, y no a prácticas de construcción con un diseño embrutecedor y emocional que no le hace ningún bien a los ciudadanos. ¿Acaso cuesta mucho tener buen gusto?

En pocas palabras, los ciudadanos tenemos el deber de informarnos y darnos cuenta de que todo lo que se construye, incluso las urbanizaciones de todo tipo, los proyectos de vivienda, los parques, las calles y su nomenclatura, las centrales de autobuses urbanos y foráneos, los centros comerciales y toda la obra que cambie el medio ambiente puede y debe ser criticado para poder entonces acabar con la situación de la arquitectura que tenemos hoy en día.

Se trata de una arquitectura urbana de pésima calidad, en donde se encuentran edificios de vivienda diseñados para el «negocio» incumpliendo los mínimos estándares de diseño, hasta construcciones que son puro alarde, que no tienen ninguna utilidad, que son un derroche y que además no cumplen con ninguno de los postulados más elementales de función arquitectónica y de respeto urbano; en donde la población y la comunidad están al margen de todo lo que ocurre en su entorno pues no se tienen sistemas de consulta ciudadana organizados ni implementados.

Y el colmo amables lectores, hace unos minutos casi me infarto al leer que el regidor y coordinador de la Comisión de Turismo en el Cabildo, Jaime Guadalupe Zepeda Avalos, está proponiendo que una calle en Ensenada lleve el nombre de “Baja Mil” y otra el de “Sal Fish”, esta última en honor al pionero de las carreras fuera de camino y por cierto propietario de la empresa Score International.

¡Ya solo nos falta homenajear al Monje Loco, al Chapo o a Julión Álvarez! ¡Ajúa!

La discusión de la arquitectura de nuestra ciudad, además de ser emocionante, tiene una vital función de enseñanza socializadora. Podremos contribuir a una práctica de mayor calidad mediante la intervención de la sociedad. Por lo menos, considero vale la pena intentarlo.

ALVARO DE LACHICA* Miembro en Ensenada de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, Asociación Civil.