Racional versus pasional. La política del engaño

Este ha sido un tema sobre el que se ha discutido mucho. Pensamos sobre todo que somos seres racionales a toda costa. Eso en condiciones ideales. Esto es, se puede ser racional siempre y cuando se tenga un distanciamiento psíquico en cuanto al asunto que se analiza. Y quizá sea el punto medular de toda esta cuestión.

Ramiro Padilla Atondo*/ A los Cuatro Vientos

En nuestra vida diaria tendemos a pensar que todo lo hacemos siguiendo un patrón de racionalidad absoluta, que las pasiones tan humanas en cuestiones tan elementales se dan por descontadas. Pero sucede todo lo contrario, y así ha sido la mayor parte de la historia de la humanidad, somos seres de sentimientos primarios con una tendencia muchas veces suicida a seguir a otros, fruto de una sola cosa, la pasión.

Las campañas políticas son los laboratorios perfectos para entender estos fenómenos. El filósofo argentino José Pablo Feinmann lo explicaría de manera demoledora. Los medios están diseñados para conquistar la subjetividad de sus consumidores. De manera clara entendemos que la subjetividad está intrínsecamente ligada a la pasión. Que apelando a los sentimientos primigenios se logra un efecto más potente, que solo apelando a la racionalidad.

Por eso el mundo puede explicarse de manera sencilla. Solo hay de dos sopas. Dos ideas antagónicas que mantienen a la gente de un lado o del otro. Y ese otro, como diría Octavio Paz, es el enemigo. Los colores de un equipo de futbol son defendidos porque sí. Porque permite una diferenciación, un sentido de pertenencia. Con algunos pequeños ajustes, este esquema mental se traslada a las campañas políticas con efectos idénticos.

En las sociedades moldeadas por el efecto televisivo esto se resume en pocas premisas repetidas hasta la saciedad. Sobre todo si hay una narrativa dominante. Hay un establishment que ha llegado a un punto de equilibrio, roto las reglas del pacto social de manera imperceptible. Puede que haya una pequeña porción de la sociedad que emita la alerta en el cambio de las reglas del juego, pero su peso es inexistente, sobre todo cuando el control televisivo es abrumador. Porque lo racional como tal es mal visto.

RAZON Y PASION IMAGEN DUAL

Si la masa no tiene pasiones hay que inventárselas. Por eso, la campaña presidencial en Estados Unidos es tan ilustradora. Tiene que ver con ciertos mitos fundacionales de su sociedad, y se manifiestan con claridad. El candidato puntero en el partido republicano se ha ido a bancarrota cuatro veces. El hombre que resurge de sus cenizas es altamente estimado. El que ha tocado fondo y se ha levantado. Si a esto se le suma el elemento de ser un outsider el que viene de afuera a probar que los políticos tradicionales no sirven para nada, se tiene la combinación perfecta. A esto se le agrega un discurso populista que le habla directo a aquellos que se sienten agraviados por un sistema que no les da oportunidades. La tormenta perfecta. No hay elementos racionales, solo pasionales. La racionalidad indicaría que más allá de ser empresario hay otras cualidades necesarias para gobernar un país. Pero la pasión grita por un cambio aun y cuando este los pueda llevar al abismo.

Hay una porción de la sociedad norteamericana que ve en sus instituciones señales de agotamiento. Sus partidos políticos se han hecho indistinguibles. Pero aun controlan la narrativa, las pasiones de sus ciudadanos, y al controlar sus pasiones mantienen el poder. Quizá es momento de citar de nuevo a Octavio Paz. En el Ogro filantrópico hablaba de la petrificación del sistema. Y esto ya es una realidad en Estados Unidos, esta petrificación de las reglas que le funcionaron por tantos años están a prueba y lo más seguro es que no resistan más.

Porque al final, se puede ser apasionado con respecto a la política, pero los efectos de esta en la vida diaria son medibles de manera racional, y Estados Unidos es el inventor de la medición de las cosas más nimias con números.

Para finalizar, es claro que se ha abusado de lo pasional con efectos de mantener el poder, pero como se ve, el recurso está agotado. Pase lo que pase en esta elección, estamos ante el advenimiento de una nueva era. El gigante norteamericano avanza de manera inexorable hacia una social democracia por fuerza de su demografía. Si no sucede ahora, sucederá en cuatro u ocho años. Los cambios vienen en camino.

RAMIRO PADILLA ATONDO* Ramiro Padilla Atondo. Escritor ensenadense, columnista y ensayista. Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, traducido al inglés; Esperando la muerte y la novela Días de Agosto. En ensayo ha publicado La verdad fraccionada y Poder, sociedad e imagen.