Mujeres, política y democracia

El 8 de marzo se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en igualdad de condiciones con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integral como persona. La mujer ha sido el motor de los cambios sociales durante la Edad Moderna, no obstante, todavía se encuentra inmersa en un mundo cuyos parámetros de interpretación y acción, siguen siendo en gran medida masculinos. Las mujeres están en desventaja en la economía, el saber, los medios de comunicación, la creatividad y las religiones. Ellas padecen mayor violencia, menor respeto y más pobreza. Por si no bastara, la participación política sigue siendo uno de los derechos históricamente negados a las mujeres, relegadas a ciudadanas de segundo orden.

Isidro H. Cisneros/ A los Cuatro Vientos

La exclusión de las mujeres es un problema estructural que afecta la calidad de la democracia. Los dispositivos y estructuras que identifican a la política han restringido su derecho para acceder y participar en los espacios de la toma de decisiones y en los ámbitos clave del poder, que son determinantes en la definición del interés público. Su exclusión política, contribuye a visibilizar las diferencias entre hombres y mujeres, distinciones que aparecen en toda construcción social y cultural, y a partir de las cuales se definen conductas y valoraciones marcadas por la diferencia de sexos. Lo que es válido y obligatorio para ellos, es inaceptable y prohibido para ellas y viceversa. Además de asignar los roles de género, los sistemas patriarcales valoran lo masculino por encima de lo femenino. El énfasis en la igualdad entendida como uniformidad, llevó a devaluar la riqueza de la diferencia. Lo contrario de la igualdad no es la diferencia sino la desigualdad.

IGUALDAD SEXOS ICONOS

Su paulatina emancipación busca cambiar una posición inferiorizada en los distintos campos de la vida social, rescatando su libertad y asegurando su igualdad ciudadana. Este proceso cuestiona las estructuras sociales vigentes y pone en entredicho los viejos valores y prácticas, mientras que se abre camino en el sistema democrático, apoyándose en conceptos como ciudadanía, igualdad y acceso paritario a la política. Su lucha ha permitido una lectura de la realidad desde otro enfoque, poniendo en marcha medidas de transformación social, cuestionando las prioridades de la vida colectiva e incorporando la perspectiva de género, en cuanto dimensión ética que enlaza con la política en su mejor versión: como servicio a la colectividad.

Es necesario reclamar paridad de derechos en el trabajo, pero también en la política y la vida cotidiana, es decir, proclamar el derecho a vivir en sociedades equitativas, democráticas, participativas e incluyentes. Sólo la “feminización de la democracia” puede contribuir a poner en el centro de la política el desarrollo de las personas con un orden de prioridades muy diferente al logrado hasta hoy, enfocado sobre todo, a la construcción de una sociedad solidaria e incluyente. La mitad de la población debe estar presente en las estructuras y puestos de decisión así como en la agenda política. Sólo una democracia profunda y participativa permitirá garantizar el pleno ejercicio de las libertades y el disfrute de los derechos ciudadanos adquiridos por las mujeres.

ISIDRO H CISNEROS*Isidro H. Cisneros. Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia, Italia. Ex Presidente del Instituto Electoral del Distrito Federal  (isidroh.cisneros@gmail.com    Twitter: @isidrohcisneros)