El pequeño Trump ilustrado

Mucho se ha hablado del candidato presidencial Donald Trump en los Estados Unidos. Pero su candidatura, o su ventaja en la posibilidad de la nominación habla más de la sociedad norteamericana que de él. Habríamos de preguntarnos qué es lo que hace de este personaje sui generis el rival a vencer.

Ramiro Padilla Atondo/ A los Cuatro Vientos

Por supuesto que su entrada a la carrera presidencial debía estar aderezada por algo que lo distinguiera de los demás, una suerte de branding político que sentara el tono, que apelara a un mercado potencial de electores.

Lo logró invocando los fantasmas que recorren una sociedad que está en proceso de entender su alta polarización, dos tipos de norteamericanos cuya división está determinada por las fuerzas de la propaganda. En ese sentido, esta división es muy parecida a la de las sociedades argentina o venezolana. Una suerte de binarismo político, con una narrativa oficial, llena de belicismo, dominante. Toda una estructura diseñada para mantener un perverso status quo.

Esta narrativa oficial como casi todas, abreva del establecimiento de una división artificial, que a ojos de los enterados pareciera un chiste. Ellos la denominan ideológica. (Quisiera aclarar, para definir que ideología, en su acepción primaria, vendría a ser un sistema cerrado de ideas, que se contrapone a su vez con otro).

Los programas televisivos de temas políticos han abusado de la palabra ideología al punto de descomponerla, o vaciarla de significado. Las luchas ideológicas a través de los tiempos han terminado muchas veces en baños de sangre.  Octavio Paz hizo una lectura precisa en El laberinto de la soledad, diciendo que los cambios deseados en la sociedad norteamericana no dejan de ser estéticos, y por su alcance, no llegan a ser fruto de una ideología diferenciada.

 Para contextualizarlo, voltearíamos de nuevo a ver lo que sucede en Sudamérica, donde izquierda y derecha libran una batalla ideológica que en ocasiones deviene en parálisis, algo que nunca sucedería en el país del norte. Esto es, mientras que en los países latinoamericanos los bandazos ideológicos son pronunciados, en los Estados Unidos son solo instrumentos para crear opinión.

Volvamos a Trump que se ha convertido en un moderno flautista de Hamelin. Estos comentarios incendiarios de inicio de su campaña, tocan fibras sensibles de la mitad intolerante de la sociedad norteamericana, que como un monstruoso doctor Jekill y mister Hyde es capaz de mostrarnos lo mejor y lo peor de su sociedad al mismo tiempo.

Pero hay un pronóstico que no deja de ser acertado. La intolerancia envejece a pasos agigantados. Las estadísticas demuestran que la media de edad de los consumidores cautivos de los programas de televisión por cable es de 65 años: https://www.quora.com/What-are-the-demographics-of-Fox-News-viewers

DONALD TRUMPO MIERDA

Envejece al mismo ritmo que el país entero, que a pasos agigantados se convierte en un país absolutamente multirracial. La estructura mental de esta porción de la sociedad va de salida, es irreversible, y sobre todo saludable. La otra mitad es liberal y tolerante, pero aun sin el suficiente poder político para darle un giro definitivo al futuro de ese país. Para ejemplificarlo, la narrativa oficial permite que un candidato republicano tenga un promedio de 81 minutos versus 1 minuto del más liberal de los candidatos, (Donald Trump versus Bernie Sanders):

http://mediamatters.org/blog/2015/12/11/abc-world-news-tonight-has-devoted-less-than-on/207428

Esta campaña política muestra hoy a Bernie Sanders, no a Donald Trump como el rival a vencer (en una elección abierta lo derrotaría por un margen de seis puntos:http://www.realclearpolitics.com/epolls/2016/president/us/general_election_trump_vs_sanders-5565.html).

Y conforme avance la campaña el fantasma del socialismo cobrará más fuerza. La nominación de Donald Trump representaría un cheque en blanco para los demócratas, que de rebote obtendrían mayoría en ambas cámaras. Los republicanos lo saben. Por ello su plan «B» consistiría en apoyar tras bambalinas a la más republicana de entre los demócratas, Hillary Clinton, quien es la campeona en recibir dinero de todos los intereses especiales en Washington.

El telón de fondo es la lucha descarnada de las grandes corporaciones y el complejo militar industrial por mantener los privilegios, fruto de la presidencia de Ronald Reagan. Donald Trump por lo tanto, puede ser exitoso en una campaña interna republicana, pero absolutamente desastroso en una campaña abierta si su rival es Hillary Clinton o Bernie Sanders, que lo harán pedazos con la mano en la cintura.

Lo que atestiguaremos a continuación serán los esfuerzos desesperados de los republicanos por detener a Trump.

Que tengan buena suerte, porque quizá se hayan dado un balazo en el pie. Y ya no se recuperen. Seguiremos informando.

RAMIRO PADILLA ATONDO* Ramiro Padilla Atondo. Escritor ensenadense, columnista y ensayista. Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, traducido al inglés; Esperando la muerte y la novela Días de Agosto. En ensayo ha publicado La verdad fraccionada y Poder, sociedad e imagen.