El infierno mexicano

¡Olía a puros pingos! Este aroma, probablemente pasó por la mente del Papa cuando descendió de la aeronave que lo llevó a los diferentes lugares que el santo padre visitó en México, apenas hace una semana, cuando  tocó ciudades en que seguramente decenas, de ángeles y arcángeles salieron volando discretamente por encima de él, huyendo de las ceremonias y los protocolos convertidos en espectáculo.

Álvaro de Lachica y Bonilla/ A los Cuatro Vientos

Si en algún lugar del país ¡neta! ensordece el grito de los pobres y los olvidados de siempre, nada más habría que ver los destinos a que fue llevado: Ecatepec, Michoacán, Ciudad Juárez y San Cristóbal de las Casas; ciudades insignia que casi se han convertido en un infierno. Ahí están las cifras de la tragedia sacudiendo la visita: 164 mil asesinados, 27 mil desaparecidos, decenas de periodistas amenazados o eliminados, 9 millones de jóvenes sin trabajo ni escuela y poblaciones indígenas con rezagos seculares.

Por ello el recibimiento que las élites político-económicas y eclesiásticas le hicieron a un papa que busca renovación, decencia y un retorno al evangelio social, como medida para sacar a la Iglesia católica de su crisis, fue más que significativa. Ahí estaban esperándole diablos bien conocidos, demonios disfrazados, Luciferes impecablemente vestidos y bienolientes.

DIABLOS DANZANTES

Ante el Papa desfilaron los miembros del gabinete del gobierno federal, funcionarios estatales que si se mira bien, forman parte de un mosaico multicolor de pecadores: sátrapas, ladinos, líderes charros, que además de maliciosos, socarrones, taimados, truhanes, bandidos, salteadores, matreros, atracadores, forajidos, malhechores, sinvergüenzas, malandros, compinches, encubridores, alcahuetes, correveidiles, encubridores, pútridos, también son repugnantes, secuaces, mugrientos, hipócritas; no podían faltar, nuestros paladines lujuriosos, rijosos, lascivos, entrometidos, abusones, arbitrarios, impositivos, autoritarios, bandoleros,  hipócritas, farsantes, embusteros, mareados del poder, patrones mendaces, intransigentes y sectarios; jefuchos tiránicos, cómplices de mercaderes, encubridores de delincuentes, receptores de dineros de procedencia ilícita, escabrosos, desvergonzados, despreciables, viles, no faltaron en la primera fila, colaboradores ruines empinados, empresarios mercachifles artistillas depravados, pecaminosos, perjudiciales, mezquinos, empresarios tacaños, enviciados, envenenados, ministros encubridores, delincuentes, arteros malintencionados, forajidos e irónicos, también estaban presentes periodistas farsantes, chayoteros, corruptos, rufianes y bribones: conductores fingidores y podridos, encomendados deshonestos, sangrantes, humillantes, obscenos, hediondos, insoportables, falsificadores, impunes, falsarios, recomendados abusivos, despóticos, enviados putrefactos, pederastas, escandalosos, represivos, jerarcas libidinosos, aprovechados, ex funcionarios mantenidos, dictatoriales, injustos, traficantes, vengativos, malévolos, hirientes, funcionarios bellacos, vejatorios, representantes beneficiados, ofensivos, sindicalistas usureros, senadores pornográficos, miserables, roñosos, impostores, violentos, maléficos y cínicos; diputados tratantes, especuladores, charlatanes, falsarios, explotadores; delegados vendepatrias, tratantes de blancas, malafachas, defraudadores, degradantes, escabrosos; nuncios ilegítimos, codiciosos, oficiales rastreros, ambiciosos, chichiflos, inmorales, encargados chantajistas, timadores, bellacos, diplomáticos marrulleros, gobernantes ilegítimos, insaciables de poder, lavadores de dinero, espurios, trapaceros, perdonavidas, caciques, charlatanes, engañadores, usurpadores, rateros, jefes de policías sanguinarios, brutales, usureros, estafadores,  ilegales, adúlteros, pedófilos, inhumanos, indecentes, actorcetes farsantes, grandes señores  de horca y cuchillo, traidores a sus ideales, terratenientes, intolerantes, bandoleros, facinerosos, políticos favorecidos,  ávidos de  riqueza ilícita, atroces, impúdicos bestiales, perversos, policías crueles, discriminadores, desalmados,  torturadores, egoístas supinos, intransigentes,  y junto a ellos los gobernadores impolutos que hasta se atrevían a comulgar.

¿Se puede estar con Dios y con los pobres departiendo con los demonios que mantienen el infierno? ¿No perdió la  Iglesia al aceptar los espectáculos preparados temerariamente por el poder que oprime y que convalida la  explotación? ¿No se deslegitimó la Iglesia concediendo tanto a los que los ciudadanos saben que son los que mantienen al sistema? ¿Son suficientes las palabras? Pero eso sí, la expresión televisada por delante…

ALVARO DE LACHICAComisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, A.C.

andale941@gmail.com