El caso Moreira una historia mil veces contada

El 15 de enero pasado, en el aeropuerto de Barajas en Madrid, fue detenido Humberto Moreira, ex gobernador del Estado de Coahuila y ex presidente del PRI. Hombre cercano al Primer Mandatario, Moreira ha padecido contratiempos a causa de los turbios resultados de su gestión en Coahuila, un estado que quedó en serios problemas financiero después de su gestión.

Alfonso Bullé Goyri/ A los Cuatro Vientos

Como gobernador del Estado del 1 de enero de 2005 al 3 de enero de 2011 —fecha que dimitió para integrarse a la campaña del PRI para los comicios presidenciales de 2013— Moreira se había comportado como un virrey colonial, increíblemente poderoso y despótico que todo lo podía y que todo lo ordenaba, que nada quedaba fuera de su vista y de su control. Sin embargo, al término de su administración, sin fuero que lo cobijase, fue señalado por sus adversarios de haber cometido una serie de ilícitos. Se dijo que había autorizado acuerdos con documentos apócrifos y adquirir deuda estatal que rebasó más de 30 mil millones de pesos a cargo de los contribuyentes que tendrán que asumir la irresponsabilidad del ex gobernador.

Asimismo se atribuye a Moreira el manejo irregular de fondos para hacerse de por lo menos cinco gubernaturas y financiar la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, lo que en cierta forma coloca al gobierno del mexiquense en una situación más que incómoda.

Como era de esperarse, la investigación que se le seguía en México no procedió. No obstante que el secretario de Hacienda de la administración de Calderón, Ernesto Cordero alardeó mucho, pero único cierto fue que en noviembre de 2012 la Procuraduría General de Justicia absolvió al ex funcionario priista por no contar con las evidencias suficientes para acusarlo formalmente.

 

Rolando González Treviño es presidente del consorcio de medios Núcleo Radio Televisión de Monclova, mencionó a Moreira en una red de complicidades para adquirir medios de comunicación con dinero procedente del crimen organizado. Foto:  San Antonio Express News.
Rolando González Treviño es presidente del consorcio de medios Núcleo Radio Televisión de Monclova, mencionó a Moreira en una red de complicidades para adquirir medios de comunicación con dinero procedente del crimen organizado. Foto: San Antonio Express News.

Cordero recientemente, en entrevistas televisivas ha sostenido que no estaba dentro de sus facultades exigir la apertura de una investigación judicial. Así que hasta la fecha a Humberto Moreira no lo investiga la PGR, aunque en junio de 2015, una corte de Texas lo señaló como presunto responsable de lavado de dinero a través de un prestanombres, Rolando González Treviño quien se declaró culpable. Frente a la corte este personaje señaló a Humberto Moreira y a otros altos funcionarios de su gobierno de disponer de recursos del erario para transferirlos con el fin de adquirir una estación de radio con un costo de más de millón y medio de dólares. Sin embargo, las amenazas son simples cortinas de humo y un teatro montado para desviar la atención a la ciudadanía.

       La historia en España tiene un fin más o menos feliz para el coahuilense. Moreira es excarcelado y se le seguirá su proceso desde la comodidad de su hogar. La acusación fue sólo una migaja dada la dimensión de los cargos que se le imputan. El viernes 22 pasado, el juez de la Audiencia Nacional de España, Santiago Pedraz, ordenó la puesta en libertad provisional del ex presidente del PRI, al entender que han quedado suficientemente acreditadas las transferencias de 200 mil euros desde México a España. Se dijo que la Fiscalía Anticorrupción, tiene un plazo de cinco días para presentar un recurso de revisión. En suma, un comedia increíblemente bien estructurada para dejar las cosas como estaban. Se sospecha pero no hay ni pruebas, ni jueces, ni fiscales ni nada que permita llevar a cabo un juicio en contra del alto ex funcionario que dejó en bancarrota al Estado de Coahuila.

       Tenemos frente a la vista una de las historias que confirman el poder del que disponen la alta burocracias en México. No hay fuerza suficiente ni voluntad política que satisfaga la necesidad de transparentar las gestiones de un gobernador. La total impunidad es moneda corriente y las sospechas quedan en el tendedero trasero de una casa desordenada. La ciudadanía del Estado de Coahuila y la de todo el país quedan insatisfechas porque se “sospecha” que hay un manejo turbio de todo el proceso, desde la detención hasta la excarcelación. Las intervenciones de los abogados defensores quedan en la memoria colectiva como un gesto de prepotencia y no como la consecuencia de una acción legal orientada a limpiar la imagen del alto funcionario. Se queda todo en el nivel de la “sospecha” que no hace bien al sentimiento colectivo de una sociedad que desconfía tanto de los jueces como de la prensa que difunde noticias escandalosas para las ediciones del día. El caso Moreira una vez más es la gran farsa en la que todas las partes involucradas quedan señaladas pero donde ninguna termina por someterse a la ley. La mera verdad queda oculta y la voz del ciudadano perdida en un mar de declaraciones que sólo confirman que la justicia ha quedado de nueva cuenta comprometida.

       El caso Moreira es difuso, donde la difusión de la noticia sólo satisface los intereses de los grandes periódicos y de los noticieros televisivos. En las primeras planas de la prensa nacional aparece el ex gobernador contrito y entre policías ministeriales. Una semana más tarde, luego que se comentan mil cosas y se llenan planas de basura, todas confusas e indefinidas, aparece el mismo ex funcionario, del brazo de uno de sus familiares, sonriente, y declarando que ha sufrido mucho, que ha aprendido la lección, que conoció gente maravillosa tras las rejas y que confía en que se la haga justicia. Teatro malo y barato. Eso es el tema Moreira, arropado por el gobierno de Enrique Peña Nieto que suma una nueva mala nota pero que, como se puede observar, las notas deficiente de su régimen le tienen sin cuidado.

       Un gobierno perdido en el mar de mentiras, cuando se han producido verdades aterradoras como la desaparición forzada de cinco jóvenes en Veracruz, cuando el tema de los 43 estudiantes de Ayotzinapa continúa pendiente, cuando las corruptelas de los altos funcionarios como las de Moreira pasan por las narices de la ciudadanía, es un gobierno rebasado por su ineficiencia y la descomposición pública. Nada parece producir cambios sustanciales en el centro mismo del poder político. Lo que se pretende con la ley de transparencia son sólo migajas y representaciones fallidas en un circo de tres pistas, donde el gobierno, las televisoras y los comentaristas y directores de la prensa nacional realizan sus piruetas para engañar, para confundir, para enredar a una sociedad sin capacidad ni instituciones para protestar y llamar a los jueces a hacer su trabajo. Me niego a pensar que la sociedad mexicana es indolente y conformista, como se quiere hacer pasar a los mexicanos. No hacemos nada porque no hay forma para hacerlo. Se han hecho manifestaciones de muy diversa manera, pero la ausencia de mecanismos seguros para canalizar el verdadero sentir de la sociedad imposibilita la aplicación de la ley. Los anhelos de justicia siempre quedan truncados, siempre se desvanecen y terminan por desaparecer. Moreira en España es la repetición de un crimen mil veces dispensado.

ALFONSO BULLE GOYRI*Alfonso Bullé Goyri. Escritor, editor y crítico de arte. Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales