De Amores Perros al abrazo del Oso

La nueva película de Alejandro González Iñárritu, “The Revenant”, (“El Renacido”,  en español), se desarrolla entre las nieves de Norteamérica, hacia 1823, y explora la brutalidad del ser humano en busca de fortuna. En este caso, el hombre blanco, que recorre un gélido bosque solitario y estimulado por el lucrativo comercio de las pieles. Una cinta dramática con mucha sangre, muchas tripas, muchos muertos, escenarios naturales soberbios, secuencias de acción impresionantes y las características tomas de 360 grados de Iñárritu,  es la propuesta que ofrece la película “Revenant”.

Álvaro de Lachica y Bonilla/ A los Cuatro Vientos

Iñárritu ha vuelto a dejar aturdida a la crítica. Y es que el director mexicano se largó tan lejos como pudo de las neurosis y los vuelos acróbatas  deBirdman”, para volver a las aguas profundas a las que nos tenía acostumbrado en “Amores Perros”, en “21 Gramos”, o en “Beautiful”. 

Las feministas pondrán el grito en el cielo. En la película aparecen sólo unas cuantas mujeres: el espíritu de una madre asesinada y una muchacha que está siendo violada. ¡Pura testosterona macha! Hombres: carnicería, violencia, armas, sin faltar un flechazo pescuecero,…esquizofrenia pura. Es verdad, así fue el descubrimiento y conquista de las Américas. Un atropello, un deshonroso genocidio cultural. Por eso nadie se sale del cine: ¿quién, que no sea nativo latinoamericano, podrá negar la sangre, la esclavitud, y la explotación que ha costado el que estemos aquí? Y no mucho ha cambiado. Las venas abiertas de las Américas siguen sangrando, a borbotones de miseria indígena.  

Otro asunto relevante, es una sensación de patriotería por el orgullo, diríamos los mexicanos, como enseñarle a vender chiles a Herdez, o para ser más directos, de enseñarles a los gringos como se hace un western, género cinematográfico del suyo propio,  por excelencia. No es la primera vez que un «alien», como llaman los gringos racistas a los extranjeros, les da cátedra sobre cómo se filma una «película de indios y vaqueros». Y otra vez en contra de lo que pregona Donald Trump, el talento del mexicano le proporciona millones, muchos millones de dólares a la economía de los Estados Unidos.

Casi al principio de la película, aparece  una impactante escena de un oso grizzli,  atacando al protagonista Leonardo DiCaprio. El momento rotundo del director, ha causado una gran controversia entre el público que la ha visto. El oso se lanza encima de DiCaprio, y arremete contra él una y otra vez hasta dejarlo moribundo debajo del plantígrado. Una nominación al Oscar podría ir para el Oso.  Después, el protagonista, tras escapar con vida,  en otra escena, destripa a su caballo muerto y duerme desnudo dentro del cadáver del cuaco.

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El director, obligó a DiCaprio a ejercitar una tremenda actuación,  incluso lo resucita varias veces de manera casi inadmisible,  de ahí el título “The Revenant”,  para ver si la Academia se compadece del actor de ojos claros y le concede, finalmente, un Óscar. Si no se lo gana en ésta, tras haber sobrevivido siete vidas cómo los gatos, recorrer maltrecho cientos de kilómetros nevados, escapar de todos sus enemigos (animales y humanos), no sé cuándo se lo darán.

La fotografía es poesía pura, porque la reflexión, la moraleja, que desprende “El Renacido” requiere de esta mirada pensativa.  Este filme crudo, con apariencia de western invernal (con sus indios, sus caballos), habla de temas tan universales como la supervivencia, la venganza y el amor fraternal. En este mundo brutal, los hombres, como los animales, luchan contra la naturaleza y contra ellos mismos. “El Renacido” es una experiencia en todos los sentidos, a nivel técnico, gracias al “Chino” Emmanuel Lubezki y su lente maestra; con esos planos-secuencia, primeros planos y efectos visuales de primera. Y  también a nivel emocional: fríamente dolorosa.

Cuando salimos del cine, nos vamos con la sensación de que asistimos a ver un peliculón difícil de digerir, como la tártara de carne cruda. Podremos mencionar momentos imposibles, levantar las cejas ante sus aventuras descabelladas, exaltar o denigrar a hombres blancos heroicos o anti-heroicos, ennoblecer u odiar a los indios; pero la cinta, como las mejores del director mexicano, es un regalo para los ojos. Está llena de sorpresas y paisajes hermosísimos, que invitan a cuestionarse y a reflexionar.

ALVARO DE LACHICA* Álvaro de Lachica y Bonilla. Médico cirujano. Miembro de Amnistía Internacional, de Greenpeace, de Alianza Cívica y de Médicos Sin Fronteras.