Agustín Basave y las Alianzas que lo hacen dimitir

En un acto que parecería más un juego de “dominadas” para comprobar quién de los contendientes tiene más músculo, Agustín Basave Benítez, dirigente nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el pasado 11 de enero abandonó intempestivamente y ante el asombro de los asistentes la reunión con las corrientes donde se discutían las alianzas electorales del Partido del Sol Azteca con el PAN.

Alfonso Bullé Goyri/ A los Cuatro Vientos

Muy decidido y retador, Barraza renuncia a la presidencia del PRD frente a los medios. Señala que su determinación se debe a la falta de acuerdos entre las dirigencias para alcanzar los acuerdos y concretar las coaliciones con el Partido Azul en Tlaxcala y Puebla. Pero en realidad fanfarroneaba y su desplante más pareció una cesión de “sombra” —si se me permiten los términos boxísticos— pues no se consideró como “oficial” su dimisión.

La misiva con la supuesta renuncia no la remitió al presidente de la mesa Directiva del Consejo Nacional del PRD, Ángel Ávila, por lo que nunca se oficializó la abdicación.

Basave Benítez como buen político marrullero no come lumbre. Juega a la honestidad en un partido donde el pudor y la limpieza no son adjetivos que armonice con su historial. Como era de esperarse, dos días más tarde, el 13 de enero, aparece sonriente en público, con esa cara de pajarraco desplumado que luce siempre, para informar a los medios que “siempre no se va” y que se mantiene al frente del Partido del Sol Azteca. La política aliancista se conserva y circula por la venas de un instituto político más bien mezquino, empachado de poder y sin proyecto legítimo y propio que debe ser compartido con un instituto más bien reaccionario.

            En efecto, las alianzas entre partidos son permitidas por la ley electoral vigente, pensada precisamente para obtener el poder sin importar ningún otro criterio. Sin embargo, es extraño, pues la alianza de un partido de derecha con otro de izquierda, sin ningún género de dudas, edifica un panorama político ambiguo, aunque sea legal. Me explico. ¿Cómo es posible una alianza entre un partido de creyentes y otro de agnósticos? ¿Es posible una alianza entre partidarios que creen en el aborto con los que combaten esa práctica que la juzgan pecaminosa? Para los miembros del PAN el matrimonio entre parejas homosexual es una aberración y un contrasentido que liquida la idea de familia, así lo han expresado sus dirigencias. El PRD, en cambio, como partido de izquierda, ha promovido una legislación que regula esos maridajes y permita la adopción orientada a la formación de una “familia” conducida por hombres “gays” o por lesbianas. Los partidos de derecha son confesionales, los de izquierda no reverencian la jerarquía de una iglesia que se presume universal y paraliza las potencias sensuales de sus ministros. Por eso hay una suerte de desconcierto que generan las alianzas porque en la esencia de semejantes asociaciones hay una buena dosis de irracionalidad esquizofrénica.

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Creer que se puede plantear un proyecto de gobierno entre dos partidos tan distintos es tanto como suponer que los contrarios alcanzan su objeto y que cada uno mantenga al mismo tiempo la predominancia de sus ideales. En la alianza no hay una síntesis entre contrarios, porque ésta es imposible en los términos que la están formulando PAN y PRD. Entre Jesús Zambrano y Ricardo Anaya me parece haber una distancia abismal. Se pueden poner de acuerdo en ciertos temas, pero en los principios fundamentales, que sean los que conduzcan la orientación de un proyecto de gobierno, me temo que es imposible. Zambrano funda su proceder en los principios de la ciencia y Anaya es un creyente en la Virginidad de María. No hay correspondencia entre las visiones educativas entre uno y el otro, lo que hace imposible una alianza verdadera entre ellos.

Con toda intención he nombrado a Zambrano y no a Basave Benítez pues éste es de extracción impecablemente priista y por tanto carece de ideas definidas, es un oportunista contumaz y al fin una especie que se reproduce incontinente hasta convertirse en una verdadera epidemia terriblemente nociva para la salud pública de la nación. El perredista Zambrano, por su origen, presenta una formación científica más sólida, nació en el partido comunista y viene de la facultad de ciencia de la UNAM. Lo tomo como ejemplo para argumentar la imposibilidad de una verdadera alianza entre los partidos que representan. Diego Fernández de Ceballos es un abogado pragmático que puede muy bien coincidir con los ideales del capitalismo salvaje pero sería imposible que pudiera pactar con un pensador de izquierda como Pablo González Casanova en temas esenciales. Las derechas mexicanas como la del PAN están ligadas al movimiento sinarquista cuyo catolicismo radical y su anticomunismo furibundo no puede compatibilizarse por ningún motivo con cualquier partido de izquierda, de paso ateo y que considere vigente la Revolución Socialista o la Revolución Cubana.

En estos términos, ¿cómo es posible una alianza entre dos organismos que son antípodas, por más que quieran ocultarlo algunos de sus dirigentes? Basave Benítez y quienes promueven las alianzas con la derecha no responden a ninguna ideología ni a ningún principio. Sólo buscan hacerse del poder y sin más gobernar en contubernio con quienes piensan desde el otro extremo del tablero político. No quieren imponer una política definida y clara en la que los electores puedan confiar. Su inspiración es el poder por el poder mismo y pasar por encima de cualquier principio doctrinal. El elector en estas condiciones no puede dilucidar las diferencias entre uno y otro partido, porque la idea de partido se ha disuelto en la alianza.

Hay que insistir, la alianza es ambigua y difusa porque se alimenta de una falsedad sustantiva que consiste en el pacto de dos tendencias divergentes e irreconciliables. ¿Cómo gobernar entidades tan complejas como la de Puebla y Tlaxcala, donde la iglesia y las corrientes más conservadoras de pensamiento imperan y dónde los gobernantes aliancistas no pueden ponerse de acuerdo en asuntos centrales como la libertad de la mujer para decidir sobre su propio cuerpo? Si para el actual líder del Sol Azteca la alianza con Acción Nacional es el único recurso para hacerse del gobierno en Puebla y de Tlaxcala, entonces se debe admitir el contundente fracaso de su partido de que en esas entidades no se ha sabido convencer a los electores de una visión política de izquierda. Basave pierde con la alianza y el Partido de Izquierda quede atrapado en un terreno pantanoso que liquida para un futuro mediato un proyecto más social y propositivo para esas entidades. Si Basave sólo busca el gobierno y derrotar así al PRI pero con la condición de compartirlo con la derecha, está dando la paletada final a un proyecto de izquierda democrática. No es una cuestión menor sujetar a examen riguroso la legitimidad de las alianzas. Basave no ofrece criterios confiables con su proceder, por eso un día renuncia fanfarroneando y otro, con el mayor cinismo, vuelve a recibir la bendición de las corrientes que lo eligieron. Así, entre tumbos y malentendidos, la izquierda mexicana sigue dando mucho de qué hablar y su dirigente, Agustín Basave Benítez reactualiza en el PRD las artimañas de un PRI cada vez más poderoso.

ALFONSO BULLE GOYRI*Alfonso Bullé Goyri. Escritor, editor y crítico de arte. Ha publicado en diversas revistas y periódicos nacionales.