Fundamentos científicos para el debate sobre la mariguana

Como consecuencia del histórico fallo de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación mediante el cual se dictaminó en favor de un amparo presentado por cuatro personas para que siembren y cultiven mariguana para su consumo personal, el Poder Ejecutivo, a través del Presidente de la República y luego del secretario de Gobernación, ha llamado a la realización de un amplio debate nacional sobre el consumo de la cannabis, y en esa convocatoria se ha puesto énfasis en la importancia de la discusión informada y los argumentos científicos.

Javier Flores

En la misma tónica, el pasado miércoles 18 de noviembre el Senado de la República determinó la metodología del proceso de debate sobre la legalización de la mariguana, señalando que la regulación resultante de dicho ejercicio legislativo deberá estar fundamentada en estudios científicos, para lo cual resolvió crear un Consejo Técnico para las Alternativas de Regulación en el que participan instituciones académicas y científicas, entre ellas la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Academia Mexicana de Ciencias, el Colegio de México, el Centro de Investigación y Docencia Económicas, el Instituto Nacional de Salud Pública y la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, sólo por mencionar algunas de las 16 instituciones que lo integran.

La realización de este debate es algo muy positivo, pero lo es más que las decisiones que resulten de un ejercicio de participación social como el que se avecina tengan un sólido fundamente científico, pues hasta ahora muchos de los argumentos que se han esgrimido en favor y en contra del consumo de la mariguana se basan en creencias, dogmas, ideologías, estigmas, información incompleta, o, peor aún, en la complicidad con quienes se benefician de la prohibición.

En este sentido, no podría ser más oportuna la aparición, hace apenas unas semanas (se terminó de imprimir en octubre), de una obra en la que se aborda este tema desde un punto de vista estrictamente científico. Se trata del libro Marihuana y salud, cuyos autores son Juan Ramón de la Fuente, Dení Álvarez Icaza, Rodolfo Rodríguez Carranza, Luciana Ramos Lira, Óscar Prospéro García, Francisco Mesa Ríos, Gady Zabicky Sirot y Mario Melgar Adalid. La obra está coordinada por el primer autor y editada conjuntamente por la Academia Nacional de Medicina, la Facultad de Medicina de la UNAM y el Fondo de Cultura Económica.

MOTA Y ALCOHOL

Se trata de una obra escrita por especialistas mexicanos que no tiene precedentes y está basada en la revisión exhaustiva de la literatura científica disponible. En el libro se hace un recorrido que va de las características de la planta, la Cannabis sativa, desde el punto de vista botánico, hasta sus usos medicinales, pasando por la fisiología del sistema endocannabinoide (el organismo posee una mariguana endógena y receptores a la misma que tienen afinidad con los elementos químicos de la planta como el delta-9-tetrahidrocanabinol, su más importante principio activo). También se distinguen dos tipos de usuario: los no problemáticos en los que el consumo no tiene repercusiones en el funcionamiento del individuo y los usuarios problemáticos, quienes requerirían atención médica.

Si bien los autores no consideran inocua a la mariguana, en los capítulos correspondientes a los efectos del consumo se desechan muchas de las creencias que hemos oído en estos días hasta el cansancio sobre sus efectos nocivos. Por ejemplo, sólo 10 por ciento de quienes la consumen desarrollan dependencia. Los resultados de las investigaciones sobre fallas en distintos dominios cognitivos como la atención, la memoria, el control inhibitorio y otras funciones mentales son inconsistentes y están sujetos a debate, aunque en los adolescentes los riesgos son mayores, pues los endocannabinoides participan en los procesos de desarrollo del sistema nervioso.

A pesar de que se ha planteado una relación entre consumo de mariguana y sicosis, la inmensa mayoría de las personas que la consumen no desarrollan un trastorno sicótico, y se requiere de muchos más estudios para sostener una relación con la esquizofrenia. Si bien hay una asociación entre el consumo y la depresión, la relación con la conducta suicida no puede confirmarse, pues la evidencia es contradictoria. La obra incluye también el examen del impacto del consumo de mariguana en otros órganos y sistemas en el organismo.

Actualmente no existe evidencia de que el consumo incremente la probabilidad de ser víctima o emisor de conductas violentas. Entre quienes consumen drogas y cometen delitos, la mariguana ocupa el cuarto lugar en hombres y el quinto en mujeres luego del tabaco, alcohol, cocaína o crack. Por la diversidad en la formación científica de los autores, se trata de un abordaje multidisciplinario y en los capítulos finales se abordan los aspectos socioculturales y legales relacionados con el uso de la mariguana.

Los anteriores son sólo algunos ejemplos de la diversidad de temas tratados en este libro cuya lectura recomiendo ampliamente. Por su seriedad y el rigor científico con que se trata este tema, será sin duda una obra de consulta obligada en los debates que se avecinan.