Consumen agua de ínfima calidad, escasa y cara residentes de San Quintín

Con la sobreexplotación de las cuencas hídricas por márgenes que superan los 12 millones de metros cúbicos al año debido a que los concesionarios agrícolas violaron los volúmenes de agua que la federación les asignó, los casi 100 mil habitantes del valle de San Quintín padecen una severa escasez de agua potable que como secuela les deja enfermedades gastrointestinales y de la piel ocasionadas principalmente por falta del líquido.

Javier Cruz Aguirre

El panorama, descrito en el Programa de Desarrollo Regional, Región San Quintín, que elaboró el Instituto de Investigación y Planeación (IMIP) de Ensenada, lo confirman residentes del valle que relataron cómo en sus hogares hay agua cada 2. 3 o 4 días, con un flujo limitado y de color café por los residuos de tierra que contiene, y con un muy pronunciado olor a cloro y sabor a sal producto de la sobreexplotación de los pozos y la sequía presente en la región en los últimos cuatro años.

Sobre el tema el arquitecto Jaime Martínez Veloz, comisionado para el Diálogo con los Pueblos Indígenas de México de la Secretaría de Gobernación, destacó:

– “La problemática que reviste el agua en la región para el abasto de las familias y el uso agrícola se agudizó al paso del tiempo; los mantos acuíferos de tipo superficial se han venido salitrando ante la sobreexplotación que se hace de los más de 700 pozos concesionados a ejidos, a particulares y a las empresas agrícolas, en donde más de 85 por ciento se utiliza en los diferentes cultivos de exportación, cuya propiedad pertenece a una nueva generación de empresarios asociados al capital trasnacional”.

Para el funcionario, las concesiones otorgadas por la Comisión Nacional del Agua (CNA) a estas empresas con volúmenes de agua asignados, mas no respetados, han sido la prioridad en la región dejando de lado a miles de familias jornaleras que no cuenten con este recurso que les permita garantizar condiciones mínimas de higiene y salud.

Sin embargo, es un empresario agrícola del ejido Zarahembla, en pleno corazón del valle agrícola de San Quintín –la delegación municipal Vicente Guerrero, de Ensenada-, quien da la nota de excepción en el seco y contaminado panorama del agua potable en la región.

El ejido Zarahembla, que integran alrededor de 120 familias, es el único que no se surte de agua con la CESPE (Comisión Estatal de Servicios Públicos de Ensenada), con los pozos de las empresas, de otros ejidos o de las compañías inmobiliarias. El resultado es que somos los únicos en todo el valle que tomamos agua directamente de la llave, sea para consumo humano o para siembra. Así de potable es el agua que tenemos”, manifestó Carlos Hafen López, propietario del Rancho Los Molinos.

Este oasis lo integran tres pozos concesionados al ejido por la CNA que a través de un comité ejidal determina de manera transparente, responsable y democrática cómo explotar los 70 mil metros cúbicos del líquido que tiene bajo permiso, dándose el lujo de operar sólo dos de ellos y con periodos de veda de hasta seis meses en cada uno de ellos, pagando un peso diario por el consumo que cada familia realice.

– “Estamos bendecidos pero no derrochamos. Al contrario, hemos visto lo que padecen nuestros vecinos y aplicamos un programa de ahorro que si bien no nos limita en los usos, si nos alcanza muy bien para bañarnos diariamente, limpiar nuestras casas y vehículos, preparar nuestros alimentos y para sembrar adecuada y prudentemente nuestras parcelas y terrenos”.

Los residentes del valle han realizado plantones de protesta en las delegaciones municipales por la falta de agua potable en sus hogares
Los residentes del valle han realizado actos de protesta en las delegaciones municipales por la falta de agua potable en sus hogares

Pero Zarahembla es una bebida refrescante única en medio del desierto salitroso que campea en el resto del valle.

María Elena Montes, residente de la colonia Costa Mar en Camalú, comentó que los aproximadamente 11 mil residentes de la delegación tienen al menos todo el año con el agua racionada: el pozo de la comunidad no alcanza a surtir más que cada dos o tres días a los habitantes.

El agua llega con un fuerte sabor a sal y en algunas ocasiones, cuando se da mantenimiento a la fuente que surte, el líquido llega con lodo y un olor desagradable.

– “El recibo de la CESPE nos llega siempre igual: 76 pesos al mes sea una casa o un negocio y sin importar que por uno o a veces dos días no tengamos agua en nuestras casas”.

Narra que viviendas, hoteles, restaurantes, mercados u otros establecimientos comerciales o industriales tienen que pagar 700 pesos por una pipa de agua de menos de 10 mil litros, cantidad de dinero que pocos tienen en las colonias donde viven familias de jornaleros agrícolas o mestizas empobrecidas, como Tierra y Libertad, Guilebaldo Silva Cota, Benito Juárez, Candelaria, Costa Mar, fraccionamiento Martínez e incluso la colonia Militar.

En San Quintín, María Celeste, propietaria de un hotel y una guardería que el Instituto Mexicano del Seguro Social subarrenda para dar atención a 72 menores, narra que el agua que llega al fraccionamiento directamente de un pozo que opera una empresa inmobiliaria para cinco mil residentes, es tan salada que “ningún shampo hace espuma”.

Explica que tanto en el hotel pero principalmente en la guardería, tiene que vigilar estrictamente el nivel de las pilas de almacenamiento de agua para evitar quedarse sin el líquido, pero cuando esto sucede paga entre 800 a mil pesos por una pipa con 10 mil litros de agua, sin recibir una factura del gasto.

En el resto del fraccionamiento, sean negocios, industrias o casas-habitación, el cobro fijo es de 220 pesos al mes por agua muy salada, escasa y que se surte cada dos días.

 

Funcionarios municipales con aspiraciones electorales hacen un barato juego político con el problema del agua potable en el valle agrícola
Funcionarios municipales con aspiraciones electorales hacen un barato juego político con el problema del agua potable en el valle agrícola

Por su parte Isabel Cruz Morales, residente del fraccionamiento popular Las Misiones, en Vicente Guerrero, manifestó que en su casa hay agua entubada, la mayoría de las veces salada y otras con mucho cloro, cada tres o cuatro días, por lo que tiene que almacenarla en tambos y botes donde pueden proliferan mosquitos que a su vez son potenciales transmisores de enfermedades como dengue y chikungunya.

– “En ocasiones entra la pipa de la CESPE y nos deja agua. Nos la venden a 20 o 30 pesos el tambo y eso para mí es muy caro. A veces no nos alcanza porque tenemos hijos en la escuela y eso es mucho gasto, pero qué le hacemos, tenemos que comprar el agua y a veces lo que compramos en galones de 12 pesos no nos alcanza”.

Para Israel Aburto, de la colonia Colinas del Valle, Vicente Guerrero, el desabasto de la CESPE es de cuatro días y cuando el agua llega a su casa tiene sal y barro que se acumula en una pipa que construyó, la cual tiene que limpiar cada dos o tres meses debido al acumulamiento de la tierra.

– “Hace unos 10 a 15 años el agua se podía tomar directo de la llave, pero ahora eso ya no se puede hacer. Este verano, en lo más fuerte de la sequía, tuve que comprar ‘barriles’ de agua, a razón de 10 o 12 pesos cada uno, porque de plano no había”

Por su parte Marcelina Hernández Velasco, de la colonia Lomas de San Ramón 1, manifestó que al ser dos personas las que viven en su casa, con dos tambos que tengan llenos con agua “nos va más o menos bien”.

Tenemos unas plantitas y las regamos con el agua que usamos porque el agua salada y con cloro del tubo ya secó todo. También regamos el patio con el agua que salvamos de nuestro baño con bote. El agua nos la ponen cada cuatro días. Constantemente llega salada y a veces está limpia y otras sucia. La ponen en la tarde y la quitan a las 6 o 7 de la mañana, y para tomar compramos en garrafón que cuesta 12 pesos”.

Finalmente Janet, de Camalú, reveló que el racionamiento del agua en el poblado tiene al menos tres años y que el sabor del líquido comenzó a ser mejor luego de que en el verano, con la sequía, tuvo elevados niveles de sal.

Cabe destacar que el 80 por ciento de las personas consultadas dijeron desconocer el proyecto de construcción de una planta desalinizadora de agua de mar para dotar de 250 litros por segundo de agua potable a los habitantes de Camalú, Vicente Guerrero, San Quintín y Lázaro Cárdenas, en donde de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Población (CONAPO) residen 94 mil 678 habitantes este año.