Don Gato y su pandilla

No es un secreto que los medios de comunicación recrean una realidad, la transforman o simplemente la desvirtúan. Los medios son el mecanismo por el cual los sistemas políticos propagan sus doctrinas, sin importar su ideología.

Ramiro Padilla Atondo* / A los Cuatro Vientos

Ejemplos hay muchos, desde el unidireccionalismo del comunismo, la pretendida pluralidad de los neocoservadores estadounidenses, pasando por las mentiras tropicales de nuestros gobiernos.

En pocas palabras, hay pocos espacios libres de propaganda, todo tiende a convertirse en un instrumento al servicio de la causa o el gobierno de moda. Estos instrumentos, que podríamos llamar de dominación psicológica, están diseñados para guiarnos en cierta dirección, o simplemente para hacernos inmunes a sus agendas que día a día nos recortan derechos.

En el caso de las caricaturas, existen estudios serios como el de Ariel Dorfman, que desde una perspectiva marxista, analizó el contenido de ciertas historietas, extrayendo su alto componente ideológico. Para leer al pato Donald es un libro de excelente factura. También podríamos hablar del elefante Babar, que regresa de Europa caminando erguido y vestido, a llevar la civilización a sus pares africanos, la de siempre nombrada parábola del buen salvaje.

Pero hay casos en los que sucede lo opuesto. El título de este artículo va en esa dirección. Don Gato y su pandilla fue una serie que tuvo apenas 30 capítulos de duración, salió al aire entre 1961 y 1962. No tendría nada de particular, fue una caricatura que no tuvo mayor impacto en los Estados Unidos pero que se convirtió en serie de culto en nuestro país.

DON GATO TELEFONO BOTE BASURA

Y aquí la pregunta sería ¿Por qué? No hay algo que podríamos llamar como carga ideológica ni nada parecido. Pero caló hondo en el público mexicano. Contrario al chavo del ocho, con sus familias disfuncionales y su violencia soterrada, el personaje más entrañable de esa serie es Don Ramón, un tipo sin oficio fijo que se la pasa debiendo la renta, pero no es un líder.

En cambio Don Gato es un líder nato, que se la pasa ideando formas de hacerse rico con el mínimo esfuerzo. Quizá el éxito de la serie en México sea el alto grado de identificación con el crápula pero sonriente gato, que engaña al policía bonachón aunque al final todo le salga mal.

Mientras que en Estados Unidos, la serie fracasó porque no representaba los valores de ese tiempo histórico, Don Gato tuvo mucha popularidad hasta entrados los ochenta, inclusive hace poco se hizo una película. Quisiera decir que es una explicación simplista, pero la realidad indica que a nivel del subconsciente una gran cantidad de mexicanos se refleja en los valores del facilismo, el mínimo esfuerzo y el engaño a la ley.

Es obvio que el creador o los creadores de la serie no lo imaginaron así. Una película animada de Don Gato no la miraría nadie en el vecino país. El mundo de las caricaturas no es del todo inocente. Allí está bugs bunny y su propaganda anti nazi, Speedy González como estereotipo del mexicano, o Rocky y Bullwinkle donde los malos son los comunistas, Boris y Natasha.

Claro que ya no veo caricaturas. Mis hijos tampoco las ven. No tengo la menor idea si sigue existiendo una carga ideológica, o simplemente estos mecanismos de orientación  desaparecieron tras la caída de la cortina de hierro. Lo que sí sé, es que las caricaturas no son inocentes, y que es un tema que da para la discusión.

https://www.youtube.com/watch?v=XujPnUNcB74

https://www.youtube.com/watch?v=KI8jKZ9HH3U

https://www.youtube.com/watch?v=EdKG0JMNVro

https://search.yahoo.com/yhs/search?p=para+leer+al+pato+donald&ei=UTF-8&hspart=mozilla&hsimp=yhs-004

http://www.sigloxxieditores.com.ar/pdfs/dorfman_mattelart_para_leer_al_pato_donald.pdf

RAMIRO PADILLA ATONDO*Ramiro Padilla Atondo. Escritor ensenadense, columnista y ensayista. Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, traducido al inglés; Esperando la muerte y la novela Días de Agosto. En ensayo ha publicado La verdad fraccionada y Poder, sociedad e imagen.