La Tramontana por Norte: Con la comida no se juega

Hace unos días, cuando el país recuperaba el aliento al saber que el huracán Patricia sólo había causado daños menores, el Presidente de México manifestó su convicción de que había sido así gracias a las oraciones de los mexicanos, que con su fe lograron, no mover montañas, pero sí desviar huracanes.

J.M. Figueroa R.* / A los Cuatro Vientos

No soy creyente y no rezo, pero ante tan torpe manipulación de las creencias de los mexicanos me hice una pregunta muy difícil: ¿Por qué rezamos? Se lo pregunté a Google y éste –generoso como es- me ofreció medio millón de documentos; revisé algunos y la mayoría de las respuestas me parecieron basura, entonces –como en una epifanía- recordé que mi profesor de filosofía nos habló alguna vez de  Jean Guitton (1901-1999) a quien atribuyó la frase: “rezamos por el pan nuestro de cada día”. 

A quien la respuesta de Jean Guitton le parezca trivial le recomiendo leer su biografía y un libro excepcional: “Mi Testamento Filosófico”, un largo ensayo autobiografía en el que a manera de diálogo con los fantasmas de grandes personajes de la Historia Universal nos lleva de la mano a través del pensamiento humano y se despide de la vida.  Para mi gusto, su diálogo con El Greco frente a su famoso cuadro “El entierro del Conde de Orgaz” no tiene desperdicio. En el texto desfilan personajes cuya genialidad es universalmente reconocida y Jean Guitton, desde su lecho de muerte hasta su juicio celestial es acompañado por ellos en sus disquisiciones encaminadas a encontrar razones para creer en Dios, para ser cristiano, para ser católico, para orar; así que su “oramos por el pan nuestro” será todo menos una trivialidad.

Esta introducción viene a cuento a raíz de algunas noticias que día con día aparecen sobre el campo mexicano y nuestro sistema de producción de alimentos, particularmente aterradora es la que para La Jornada mereció hoy la primera planahttp://www.jornada.unam.mx/2015/11/09/economia/032n1eco  amén de otras que comentaré brevemente. En la noticia de hoy se mencionan los términos en que –dentro del Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP)- ha sido pactada la importación y exportación de alimentos básicos. Dichos términos dejan en la más completa indefensión a los productores mexicanos, salvando –si acaso- a los grandes exportadores agroindustriales cuyo objetivo primordial no es producir alimentos para el mercado interno sino para la exportación. Para nadie es un secreto que la agricultura, la pesca y la ganadería son actividades que la Comunidad Europea, Canadá y los EEUUAA subvencionan con largueza y con quienes los productores locales no pueden competir; por otro lado, países como China e India han ingresado con gran fuerza al mercado alimentario gracias a su política esclavista: no puedes competir contra empresas cuyos jornaleros ganan un par de dólares al día.

MANZANA CHIHUAHUA

Reconvertirse o morir. La lectura del mencionado artículo me llevó a recordar una reunión que tuvo lugar en Chihuahua al principio de los años ochenta y en la que estuve presente. Unos jovencísimos José Ángel Gurría y Herminio Blanco (Salinistas ambos) que trataban de convencer a los campesinos de abandonar la siembra de granos básicos para convertirse en agro empresarios. Los agricultores, la mayor parte de ellos de la región noroeste del estado argumentaban sobre la imposibilidad de lo que se les exigía –no se les pedía- desde el pedestal en el que los tecnócratas estaban montados con vista hacia el Tratado de Libre Comercio. Ganaron ellos y el resultado es que una región altamente productiva se convirtió en una zona de campesinos pobres que –en el mejor de los casos- emigran a trabajar como jornaleros a los Estado Unidos o a Canadá y –en el peor- han pasado a engrosar las filas del narco. Se han reconvertido para no morir, como les fue recomendado por los tecnócratas que nada saben sobre el campo.

Una noticia reciente, que se repite año tras año, está en:http://www.jornada.unam.mx/2015/10/24/estados/027n1est. En dicha nota, se menciona que los productores de manzana –también del Noroeste de Chihuahua- han decidido alimentar a sus vacas y a sus cerdos con manzanas de primera calidad antes que venderlas a ochenta centavos de peso mexicano por kilo a intermediarios y acaparadores (sí, leyó Ud. Bien: 0.80 pesos). En la misma nota se menciona como –amparados en el TLCAN- los productores norteamericanos han introducido al país a precios de “dumping” 350 mil toneladas de manzana de la cosecha del año pasado. Ustedes dirán “es el libre mercado” y yo pregunto: quien se lo explica a los productores que apostaron su vida y la de sus padres y abuelos a una actividad que sería rentable si el mercado fuese realmente libre y no manipulado por los beneficiarios de la política. Como referencia, el precio del kilogramo de manzana en Ensenada oscila entre 25 y 45 pesos.

Pudiera extenderme aquí hablando de productos cuya dinámica comercial conozco de sobra, pero no viene al caso. Sólo diré que, como el maíz y las manzanas, así están todos los sistemas productivos agrícolas, ganaderos y pesqueros del país: ahogados por el intermediarismo, la corrupción y la ineficiencia. Todo ello se manifiesta en altos precios al público, bajos precios al productor y un desperdicio –que según cifras de la FAO- es impresionante: guayaba, 58% (172 mil toneladas); leche de vaca, 57% (6 mil millones de litros); mango, 55% (880 mil toneladas); pescados y mariscos, 54% (648 mil toneladas); aguacate, 54% (756 mil toneladas); plátano verde y tabasco, 54% (1.1 millones de toneladas); nopal, 53% (417 mil toneladas); arroz, 47% (85 mil toneladas), y pepino, 45% (287 mil toneladas). En resumen, por año y por persona en México tiramos a la basura del orden de 250 kg de alimentos en buen estado. Más aquíhttp://www.jornada.unam.mx/2015/05/26/sociedad/033n1soc .

El desperdicio de alimentos, con todo y lo doloroso que es, debemos de medirlo además en términos de contaminación y daño al medio ambiente, por cada tonelada de alimentos que tiramos gastamos inútilmente: agua, fertilizantes, pesticidas, combustibles, máquinas, herramientas, trabajo. Una papa no es sólo una papa. Siendo niños, a la mayoría de los mexicanos, nos enseñan nuestros padres que con la comida no se juega. Nuestros administradores, intermediarios (bien vendido o bien podrido) y políticos no aprendieron esa lección y juegan con nuestros alimentos porque nunca se han preguntado sobre la razón más poderosa para orar, tal vez –si leyeran a Jean Guitton- se enterarían que, como lo dice la vieja y sabida oración católica, ésta es “el pan nuestro de cada día”.

MANUEL FIGUEROA* El autor es campesino, normalista rural, oceanólogo, maestro en ciencias en oceanografía física y doctorado en física del medio ambiente.