Faltan laboratorios para producir semillas de ostión en BC‏

Los productores de ostras en Baja California no cuentan con laboratorios que den abasto a la necesidad continúa de larva y semilla para los ostricultores, lo que los hace vulnerables comercialmente.

Javier Cruz Aguirre / A los Cuatro Vientos

Ensenada, B.C., a 13 de noviembre de 2015.- Por ello se debe considerar la posibilidad de proporcionar apoyos económicos a los laboratorios ya existentes, por parte del Gobierno del Estado, para que haya continuidad en la producción de dichos bioinsumos, o bien incentivar a la formación de sus propios recursos en las unidades de producción acuícola.

Lo anterior se indica en un estudio del Comité Estatal de Sanidad e Inocuidad de Baja California respecto al estado que guarda el cultivo de ostión en las tres zonas de cultivo en el litoral del Pacífico bajacaliforniano.

El organismo auxiliar del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), destaca que son aproximadamente 600 personas las que trabajan en Laguna Manuela y las bahías de Ensenada y San Quintín, en los campos de ostión.

El molusco, de acuerdo con la fuente, en los últimos años mantiene una producción anual de mil 200 toneladas con un valor promedio de 45 millones de pesos. A los Estados Unidos se destinan cuatro mil docenas al año.

Con más y mejores laboratorios se podrán generar una cantidad mayor de semillas que permitan ampliar la producción en hasta un 50 por ciento y mejorar la economía de las empresas y cooperativas que se dedican al cultivo del ostión. Esto por el uso de la técnica de engorda de semilla individual, que permite prácticamente llegar de la granja con el producto, lo empacas y llegas al consumidor directamente”.

También alentará inversiones privadas y sociales en la Bahía de Los Ángeles y el ejido Eréndira, en donde existen empresas interesadas en hacer cultivo de ostión pero la falta de larva y semilla lo impide.

OSTIONES

El documento resalta asimismo la necesidad de pavimentar los caminos de terracería que dan acceso a las bahías de San Quintín y Falsa, a fin de evitar la contaminación con polvo de los ostiones que se producen en ambos humedales y que van camino a su mercado de consumo, que muchas veces es el extranjero.

“Es importante también mencionar el hecho de la destrucción de los sistemas de cultivo, produciendo la mortalidad del ostión, debidos al tránsito de embarcaciones o motos acuáticas que desconocen la presencia de estos debido a la falta de señalamientos para rutas marítimas establecidas para el turismo,” agrega el estudio.

Revela que en el contexto de la sanidad y la inocuidad, uno de los problemas más importantes que pueden tener los productores de ostión del Estado es la pérdida de la clasificación sanitaria de los cuerpos de agua.

“Debido no sólo por los fenómenos que acontecen en forma natural como son el del Niño y de la Niña, sino también la influencia de mareas rojas y a lo que actualmente se le ha dado el nombre de acidificación del mar; por lo que es necesario utilizar herramientas como la trazabilidad y rastreabilidad de una forma más constantes para realizar monitoreos y diagnósticos oportunos; así como la aplicación de buenas prácticas de manejo en los cultivos, evitando la introducción sin certificación de productos no analizados (transfaunación)”.

Considera que si bien es cierto que los factores ambientales como el cambio climático, juegan al azar sobre el comportamiento biológico de los cultivos establecidos en los cuerpos de agua, los productores, el gobierno, los científicos y el propio comité se deben integrar y manejar formatos y bitácoras que permitan inclusive predecir cambios importantes en los sistemas de cultivo.

– “Es importante elaborar protocolos de seguimiento e investigación que permitan contar con registros de todas las actividades realizadas en los cultivos, para poder establecer medidas de prevención a enfermedades que no solo afecten a los organismos de cultivo, sino también a las poblaciones naturales”.

Finalmente propone la aplicación de buenas prácticas de manejo durante el tiempo que se lleve el cultivo, a fin de minimizar el impacto de las mortalidades y obtener mejores rendimientos.