El lado escrito de la lectura

Diamantes que la autora nos regala para aligerar la carga de su riqueza

A propósito de “Ni libro, ni árbol, ni hijo. Periodismo, Arte y Literatura” de la escritora y periodista Herandy Rojas, quien se presentó la tarde de ayer, 13 de octubre, en el Ceart Tijuana, en la sala de Usos Múltiples.

Rael Salvador

“En la vida no hay clases para principiantes: enseguida exigen de uno lo más difícil”.

Rainer Maria Rilke.

Dado que los libros son costosos, estos deben ser rentables.

Ante tal reclamo, lo que debemos exigir del ritual literario es la alianza con la imaginación y, a través del intelecto, escribir como lo hace esta joven periodista: con elegancia suprema y una loable impresión de lucidez.

Herandy Rojas Gerardo (Los Mochis, Sinaloa, 1989), escritora en activo del suplemento cultural Palabra (del diario El Vigía, de Ensenada) y otros medios de Baja California y Sonora, compiló parte de sus reseñas y críticas sobre periodismo, arte y literatura, publicadas en los 3 últimos años en su columna semanal “Ni libro, ni árbol ni hijo” y las ofrece, para nuestra conformidad y comodidad, en formato de libro.

En el hoja por hoja, paso y repaso columnas leídas con delicada lógica en la sala de redacción –como su editor– y ante la relectura nutricional, igual que ayer, surge una obsequiosidad extra, figurante, complementaria: la palabra, en su distención iniciática, como puerta abierta a la comprensión de una belleza nueva.

Se apuesta por el juicio y el gusto, y le doy la razón a la autora de “Ni libro, ni árbol ni hijo. Periodismo, arte y literatura” (Colección Palabra, 2014), porque la belleza nace, sobre todo y en contra de cualquiera, en el espacio de la disciplina y de la ética.

RIMBAUD POETA
RIMBAUD

Hora precisa, donde Arthur Rimbaud suelta y nosotros tomamos; donde el poeta queda y la poesía nos acompaña; donde las opiniones no sólo son reacciones, sino florecimientos de imaginación que surgen de un discernimiento estudiado, cuando el estudio es pasión en su atrevida naturalidad.

Sólo quien atraviesa el espejo lectura sabe que la poesía engendra sueños que la razón entiende.

Cada uno de los escritos de Herandy Rojas –La muerte también es universal a las 10:00 a.m., Didáctica de la virtud rebelde o La ética de Hélène en la Cixous
feminista– guarda aquello que René Descartes atinaba a decir en su juventud primera: “¡Hay en nosotros semillas de verdad, los filósofos las sacan por la razón, los poetas las arrancan por la imaginación, y entonces lucen con una luminosidad más fuerte aún!”

El lado escrito de la lectura: diamantes (42 de ellos) que Herandy nos regala para aligerar la carga de su riqueza.

Ya lo declaraba fervientemente Hermann Hesse: “Quien carece de sensibilidad para el verso (la poesía) es seguro que, a la hora de leer buena prosa, también pasarán por alto los valores y encantos más delicados de la belleza lingüística”.

El libro que nos ofrece Herandy, tan vivo como otros animales en vías de extinción, nos dice que lo bello de los escritores salvajes aún está lejos de terminar.

Lejos, en la pelea, pero vulnerable. Sí, ante el parque temático de la “literatura”, entendida ésta como entretenimiento venial y caudillismo presupuestal (escritores que no han demostrado que escriben, ante una sociedad de lectores que no han demostrado que leen), sumada a la minusvalía del analfabetismo funcional y otras miopías que la avaricia insensible antepone al intelecto y sus maravillas.

LIBRO ESCRITORA RAEL

(El intelecto cultivado por la literatura universal es el lenguaje que va más allá que todas las palabras, pero que necesita de éstas para comunicar sus hallazgos: ahí la necesidad del libro como apoyo para mover el mundo).

Mas… ¿cómo ofrecerle existencia social a una columna de opinión?

La respuesta está en la tinta, publicada con entrega y ferviente rigor, que ahora habría que preguntarse: ¿Cómo ofrecerle existencia social a un libro?

En su amplia extensión de enemistad declarada, el lugar común queda fuera: Nietzsche, Chillida, Luis Buñuel, Henry Miller, Galeano, Carlos Fuentes, Hélène Cixous, Teixeiro, Roberto Bolaño, Caparrós y muchos de los autores y protagonistas revisitados –cineastas, escritores, poetas, educadores, periodistas, músicos, etc.– dejan la tierra media de lo ya dicho y reencaminan su discurso bajo la protección de una renovada personalidad que los describe al amparo de la lealtad, el ideal y la dignidad literaria.

Se respira frescura, gráficos en la brisa; se exhala un singular placer de páginas y memoria.

La reseña se vivifica en ensayo, deja de ser una asignatura colegial y se convierte en utilidad insobornable ante el sobrio pesimismo literario de la época.

Decía Octavio Paz que “las revistas culturales son un espejo de la vida literaria”, advirtiendo que son también la literatura misma. Y, delectación irremediable, por placer y no por deber, este libro resulta hijo del árbol de la palabra: elaborado con el hilo conductor de una columna semanal, una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección.

 raelart@hotmail.com